El mundo real y el virtual

Por Antonio M. Battro
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26 de agosto de 2001  

A veces los términos virtual y real , nos pueden confundir, parecen ser opuestos o excluyentes, pero no siempre lo son. Tampoco el concepto de virtualidad es tan reciente. Cuando un geómetra griego trazaba figuras en una tableta con el propósito de probar un teorema no se estaba refiriendo a ese triángulo o a ese círculo particular, a la figura real y concreta, sino a la ideal y abstracta, cuyas líneas no tenían espesor ni imperfecciones, es decir, a una “figura virtual”, que no está en ninguna parte pero que todos pueden comprender.

Lo virtual, en cierto sentido, está siempre ligado a una “ausencia de materia”. Lo que han hecho las nuevas tecnologías digitales es amplificar en un grado extraordinario la inmaterialidad de los objetos del conocimiento, por una parte, y por otra permitir su difusión instantánea. Por eso la era digital está produciendo una revolución en la ciencia y en la educación, que no tiene precedentes.

Como bien dijo Michel Serres , el destacado pensador francés, hemos reemplazado a Prometeo, el titán de la producción, por Hermes, el dios de las comunicaciones.

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Podemos dar un paso más. Imaginémonos dos escenarios, una biblioteca tradicional y un laboratorio de informática conectado a Internet. En la primera, la información tiene un soporte material - papeles, libros, revistas, mapas - en el segundo, un soporte virtual, la información - hipertextos, imágenes, sonidos - está en las redes digitales. Como señalaba Nicholas Negroponte , son dos mundos diferentes, uno de átomos, otro de bits. Pero de hecho, estos extremos se tocan, pues la sociedad contemporánea es, precisamente, el lugar de encuentro de lo real y de lo virtual. En una biblioteca del siglo XXI, por ejemplo, muchas obras se encuentran en dos versiones, una impresa y otra digital, una real y la otra virtual. Cada versión tiene sus ventajas.

Pero podemos continuar indagando. Ambos mundos, el real y el virtual, “se conectan” en el cerebro del lector, del estudiante, del investigador. En algunos casos se puede inferir el idioma en que está escrito el texto observando, simplemente, las imágenes cerebrales del lector. Estas imágenes del cerebro son virtuales, están generadas por computadoras, pero el texto es real. Las investigaciones sobre el tema recién comienzan pero prometen cambiar no sólo nuestras ideas sobre la lectura, sino también nuestra forma de comunicar el conocimiento.

Hace tiempo que la ciencia ficción imagina que podríamos aprender algo, directamente, de neurona a neurona, sin pasar por la lectura de ningún texto. Una “biblioteca ficción” sería, entonces, la conexión de las redes de neuronas reales con las redes digitales virtuales. Por el momento, ya es un gran paso que las bibliotecas reales se encuentren en red. Los textos digitalizados y los hipertextos son hoy accesibles por Internet a millones de lectores remotos, que no necesitan concurrir a la sala de lectura. Pero la lectura sigue siendo una actividad real y, como tal, indispensable para seguir aprendiendo.

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