
El mural de Siqueiros
El mural que el mexicano David Alfaro Siqueiros pintó en 1933 para la quinta de Botana en Don Torcuato nació como un acto de amor y se ha convertido en la piedra de la discordia. Nadie se pone de acuerdo sobre su destino y su estado actual es un enigma.
Fue devastado de las paredes del sótano de la quinta Los Naranjos en un operativo de ingeniería inédito, conducido por Tomás del Carril y Jorge Fontán Balestra, para ser colocado en el interior de cuatro contenedores. La idea original era pasearlo por el mundo e iniciar una gira de exhibiciones que nunca comenzó.
Desde hace diez años los contenedores descansan a la intemperie en una playa de San Justo, por un litigio judicial entre los dueños originales y los dueños actuales. En estos días, la feria judicial impuso una tregua al pedido de la Secretaría de Cultura de la Nación, que reclama al juez Martínez Cabello, que entiende en la causa, el derecho de proteger la obra, para luego abocarse a su restauración, hasta tanto termine la querella.
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El estado del mural es un enigma y su destino inmediato provocó un cortocircuito en Cultura, que terminó con el alejamiento de Rodrigo Cañete, segundo de Rubén Stella. El radical Cañete piensa que su carrera seguirá en París. Habla un francés fluido y sin acento, y todavía recuerda con nostalgia el tiempo que pasó colaborando con el grupo LVMH (Louis Vuittton Moet Hennesy).
Mientras tanto, Rubén Stella, alentado especialmente por la directora de Cooperación Internacional Teresa de Anchorena, quiere trasladar el mural al viejo edificio de la Biblioteca Nacional, en la calle México, y restaurarlo con el asesoramiento de especialistas mexicanos, que conocen mejor que nadie las técnicas muralistas empleadas por la trilogía Rivera, Orozco, Siqueiros.
La embajadora de México, Rosario Green, y el agregado cultural Miguel Díaz mostraron siempre un interés genuino en la restauración de una pieza que tiene un valor artístico universal.
Siqueiros pintó el mural en 1933, cuando tenía 33 años y estaba perdidamente enamorado de la magnética uruguaya Blanca Luz Brun. Dicen que ella posó desnuda y fue el modelo que guió el trazo desbocado del muralista. Este "Ejercicio plástico", realizado con la colaboración de Berni, Spilimbergo y Castagnino, es una obra atípica, que anticipa la gestualidad del norteamericano Jackson Pollock. Siqueiros deja de lado en este trabajo la retórica monumental del realismo con intenciones políticas y aliento revolucionario.
Toda esta historia está hoy encerrada en cuatro contenedores, una prisión de chapa y humedad que puede haber dañado para siempre la obra. Casi parece un chiste recordar que el mural no se puede visitar; como no pudieron hacerlo el año último las autoridades de la Comisión de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, porque los dueños del playón de San Justo se niegan a abrir la puerta, hasta tanto no paguen el alquiler. Kafkiano.






