
El orangután y la orangutana
Por Orlando Barone
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EL orangután macho Guas, un rato antes de morir en 1977 en el zoológico de Filadelfia a la increíble edad de 59 años (excepcional para la especie Pongo pyqmaeus) en vez de pedir como último deseo un pote de zanahoria pisada exigió -y así se lo hizo saber, chillando, a sus guardianes- una joven orangután a la que habían apartado en otra jaula, ya que él estaba viejo.
Afortunadamente pudo cumplir con su deseo y para el asombro de los especialistas logró, con paciente y gozosa actividad física, copular con la mona dos veces en menos de dos horas. Guas expiró al día siguiente con un semblante diáfano que ya quisieran tener para sí tantos homo sapiens cuya única esperanza amatoria se aferra ahora a la revolucionaria píldora contra la impotencia que los norteamericanos acaban de lanzar al mercado masculino.
En el zoológico de plaza Italia y casi simultáneamente al lanzamiento de aquel recurso artificial extremo, el orangután Rafael , hasta hoy amante de Marisa, su pareja de jaula, al recibir a la nueva huésped hembra alemana reveló, por medio de veterinarios y zoólogos, que serán cinco actos de amor diarios el menú con el que agasajará a su nueva pareja.
La cantidad -cinco cada venticuatro horas- permite derrumbar la antigua creencia de que los hombres descienden de los monos y, más bien, hace abrigar la sospecha de que en alguna antigua civilización, tal vez, ambicionaron llegar a serlo, pero fracasaron.
Los monos, que según la mitología deben su nombre a la legendaria isla de Pitecusa (pequeña isla del golfo de Nápoles), fueron desde siempre el símbolo de la imitación y por eso se los designa con uno de los atributos de Talía, la comedia. Es una pena, vista la actual civilización, el porqué ese sentido imitativo no fue heredado por tantos varones aquí incompetentes en su desdichada relación afectuosa con sus respectivas parejas.
Rafael comparte ahora su indeseado cautiverio con dos orangutanas. Según el periodista Jorge Lanata, las autoridades del zoo están estimulando la promiscuidad, y según uno de los veterinarios embobado con la vida sexual de los orangutanes, la nueva presencia, luego del lógico primer ataque de celos de la pareja anterior, activará en la trilogía una nueva intensidad amatoria. Es decir: Rafael no solamente deseará a la flamante alemana, sino que recreará su pasión por Marisa.
Para responder a falsos argumentos feministas, lo que legitima la autoridad moral y erótica del mono (en contra del insatisfactorio varón humano, bígamo o adúltero) es que le sobran energías hasta para formar familias multinuméricas donde él sea el único macho y donde las coprotagonistas sean verdaderamente felices, radiantes y plenas, y no necesiten ir a terapia.
Por suerte, en medio de esta realidad mediática donde nuestra especie desalienta francamente cualquier ilusión de mejorar el futuro, únicamente el descubrimiento de agua y esperanza de vida en un satélite de Saturno, la posibilidad de que sea un sultán y no un semejante el que haya comprado en un millón de dólares esa joya patriótica de Evita -de dudoso gusto-, y estos orangutanes fueron la ráfaga de aire lúdico de los últimos días. Sobre todo los monos, que haciendo travesuras y monerías con pañuelos y trapos envueltos en sus cuerpos, sacudieron por un rato el tedio sin Eros de tantos televidentes, cuya máxima excitación está pasando últimamente por tratar de juntar estímulos viendo las imágenes de esos programas en los cuales el ridículo, la estupidez o la traición forman parte de la mayoría de los involucrados y de los protagonistas. Chico Novarro, en tanto, el autor de la antigua pachanga El orangután , reverdecida en estos días, cuando pase a cobrar derechos de autor debería comprar bombones en Lyon d´Or y dárselos a la troupe de Rafael en la boca.
En tanto, como si hubiera sido inspirada por la orangután que debió resignarse a compartir a su marido, la mujer del ex juez Trovato ante la sospecha de que éste la estuvo reemplazando en su cotorro de la playa, declaró por radio: "...Hablaba conmigo, lloraba que nos extrañaba. Por eso le digo que yo quiero hablar con mi esposo, qué el me explique qué es lo que ha pasado, porque alguien que está felizmente con otra mujer no llama a cada rato a su casa". No está informada: Rafael cuando está con una llama a la otra. Reparte la zanahoria por la mitad, sirve a cada una la lechuguita en la boca.
Los jueces, y no sólo Trovato sino otros desde Beluscio a Ramos -por citar deslices públicos-, han dado sobradas muestras de su inclinación a superar la monogamia con incorporaciones carnales. Este verano se vio en una fotografía de la revista Caras al ex juez Rodolfo Barra besándose apasionadamente en la boca con su mujer en un acto que lo consagra monógamo pero activo. Pero el espectáculo que brinda en cada primavera el gorila Colussus, en el zoo de Gulf Breeze, Florida, tiene la proporción de su descomunal estatura: 1,88, y ya ha tenido dos hembras que, según la leyenda, están siempre exhaustas. Lo he visto con mis ojos. Muchas turistas se acercan a su jaula, soñando con aquellas nostálgicas imágenes de la película King Kong donde ese desmesurado gorila enamora a la tierna y desamparada protagonista -Fay Wray- que, harta de la depresión económica de los Estados Unidos, se da cuenta de que ese mono intenso, que la sacude como un pétalo con su mano velluda, es el único varón por el cual vale la pena ser mujer.
Obviamente, es superior el rendimiento de los animales en libertad y no en cautiverio, por lo que habrá que imaginar qué sería capaz de rendir el Rafael autóctono si estuviera libre y en vez de tener por entorno la plaza Italia tuviera un bello bosque del Africa.
Una última acotación personal: no soy un chico y no quisiera ilusionarme, pero mi mujer en la intimidad me llama "Mono".
(c)
La Nacion




