
El real juego de los siete errores
Hay tres cosas que aquí se controlan con ahínco cuando llegan las fiestas, a saber: uno, cuál es el tamaño de la cesta navideña que da la empresa (o sea, qué tan grande es el regalo del jefe); dos, la calidad del jamón con que se vio entrar al vecino, y tres -e infaltable- el saludo navideño de la familia real.
Es tal la expectativa que despierta que, incluso antes de que lleguen los reales tarjetones, corren apuestas sobre su contenido. Es que, con el mito mentiroso de que fin de año suele ser época de pocas noticias, la patria periodística busca y rebusca por allí, a ver qué sale. Y la verdad es que nunca falta tinta para correr.
Para algunos, se trata casi de un juego de los siete errores: ¿a ver quién descubre en esta nueva oportunidad cuál es la metida de pata en el saludo de la familia real?
Descubrirlo el año pasado fue fácil: como la familia no pudo reunirse (naturalmente: sucede que los nietitos van teniendo sus compromisos de jardín de infantes), hubo a quien se le ocurrió juntarlos en un montaje fotográfico. Pero tan burdo fue el montaje que, en el apuro, se olvidaron de las piernas del rey, del brazo de un nieto y un bebé quedó en pose imposible para la anatomía.
Este año, la protagonista del saludo principesco fue la infantita Leonor. Simpática, ríe con todo: con su primer diente, con las mejillas, con el vestido. Pero -¡otra vez!- algo salió mal y a la pequeña niña le falta una pierna. ¿Dónde está la pierna izquierda de la infantita? No hay caso, la sentencia que se escucha por aquí es que, más que un misterio, lo que sobra es cierto abuso del "Photoshop", que le dicen.






