El voseo y la conjugación ensalada
Por Lucila Castro De la Redacción de LA NACION
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Las observaciones sobre el voseo provocaron la ira de Carlos Sosa, que al parecer entiende que se trata de una cuestión moral, de vicio o virtud, explicable por una falla en el carácter de los argentinos, proclives a la demagogia y el facilismo, favorecida por la complicidad de la Real Academia Española. Como la carta de Sosa es larga, la comentaremos por partes.
Escribe el lector: "Poco satisfactoria la explicación «académica» del uso combinado del verbo en segunda persona plural deformado ( querés, podés, tenés, que usted llama verbo del voseo) con la conjugación normal del subjuntivo. Es creciente el uso argentino de la «conjugación ensalada», mezcolanza de correctos con deformados. Y es que a todo el mundo le gusta a veces parecer más fino. Sin duda la conjugación correcta da un tinte de fineza. «Gente fina é outra coisa»".
Sosa habla de "la «conjugación ensalada», mezcolanza de correctos con deformados". Uno pensaría que le molesta que con las formas de segunda persona del plural, que son las que propiamente corresponden al voseo, se mezclen formas del singular, correspondientes al tú . Pero parece que es al revés, porque distingue entre "el verbo en segunda persona plural deformado (querés, podés, tenés) " y "la conjugación normal del subjuntivo". Es decir que para él lo "normal" es conjugar el verbo en singular con el pronombre plural (vos) , y considera que las formas querés, podés y tenés son formas "deformadas". Como ya hemos explicado varias veces, querés, podés y tenés no son formas "deformadas" (si puede existir tal cosa): son variantes de queréis, podéis y tenéis que también se usaron en España, pero allí no se conservaron. Y si hubiera algo "anormal" en nuestra conjugación, sería lo otro: el uso, en algunos tiempos, de formas verbales del singular con el sujeto vos , pero a estas alturas ese uso no puede considerarse "anormal", pues ya está normalizado.
Ah, esos vulgarismos...
Continúa Sosa: "Una señora en Caracas, al oírme decir a un amigo «querés, tenés, podés», me dijo sorprendida: «¡Oh, yo creía que en la Argentina las personas cultas hablaban sin esos vulgarismos!»".
La cita de la señora es muy graciosa. Me trajo a la memoria el delicioso libro de Ángel Rosenblat Buenas y malas palabras , recopilación de sus columnas de El Nacional de Caracas sobre el lenguaje de los venezolanos. En uno de esos artículos, Rosenblat observaba que en Venezuela se consideraba una grosería preguntarle a una persona por "su madre": había que decir "su mamá". Tal vez si Sosa le hubiera preguntado a esa señora por "su madre", ella se lo hubiera tolerado por ser él extranjero. Y tal vez lo hubiera reconvenido amablemente: "Aquí no usamos ese vulgarismo".
Lo que la señora caraqueña seguramente ignoraba es que lo que en un lugar se considera un vulgarismo puede ser uso culto en otro. En España, el vos fue usado por las clases altas para dirigirse a sus iguales; al socialmente inferior se lo trataba de tú . En América, todos eran advenedizos y, como no había una nobleza establecida, no es de extrañar que los que alcanzaban cierta posición y los que pretendían alcanzarla imitaran los usos de las clases superiores españolas para afirmar su pertenencia y se permitieran tratamientos con los que en España no hubieran soñado, como el generalizado don , que en España no cualquiera tenía y en América se concedió hasta a las prostitutas.
Prosigue el lector: "La explicación que usted da no arregla nada; es demasiado pedir que la gente sepa cuándo es subjuntivo… Además no hay razón convincente. Seguirá siendo patético el gracioso drama de la «conjugación ensalada» que cada vez se oye más, porque entre otras cosas es imposible deformar en agudo, infantilmente, todos los verbos. Dígaselo a los publicitarios. No tiene arreglo: lo que está mal parido tiene consecuencias insospechadas. Son vanas y rebuscadas las explicaciones que intentan justificar lo mostrenco. Es el precio de la proclividad argentina a la demagogia, a la adoración de lo tortuoso queriendo halagar al pueblo. Y obvio facilismo de la RAE".
Por supuesto, la mayoría de la gente, cuando habla, no se plantea si está usando un subjuntivo. Pero lo usa. Lo usa de acuerdo con las formas normales que conoce. Y nadie "deforma" los verbos "en agudo". Las formas agudas de los verbos, como cantás y metés , no son "deformaciones" ni singulares "con el acento corrido", como creían los uruguayos de los que hablamos la semana pasada, sino formas del plural que corresponden al sujeto vos . Y así como se usan en presente del indicativo, podrían usarse, y se usaron, en presente del subjuntivo, cantés y metás , pero hoy en día prácticamente han caído en desuso y han sido reemplazadas por las formas del singular, cantes y metas . Pongo el verbo meter como ejemplo con toda intención, porque, si bien cuando se usa como verbo la norma actual es decir metas , en singular ("Te aconsejo que no te metas"), todavía se usa el plural metás cuando se habla de "el no te metás" característico de muchos argentinos. Y no se puede decir que el uso de estas formas agudas de presente del subjuntivo sea un rasgo "infantil", porque quienes todavía las usan hoy son en general personas de edad.
Toda la sociedad
La referencia a los publicitarios no la entiendo. Tampoco lo de "mal parido". Digámoselo a los emperadores romanos y los papas, que empezaron hablando de sí mismos en plural ( nos ) y recibieron consecuentemente el tratamiento en plural. Tampoco entiendo la combinación de "adoración de lo tortuoso" y "facilismo": lo tortuoso suele ser menos fácil que lo recto.
Finaliza Sosa: "No tiene arreglo porque el vicio está en la raíz. Chile corrigió el vicio (es ínfimo lo que queda) con solo diez años de esfuerzo pedagógico. Fue la escuela. Pero Chile tiene otra idiosincrasia y sus guías culturales siempre han tenido visión y energía superadoras".
El voseo existe, con variantes, en gran parte de América, pero no en todas partes tiene la misma consideración social. En algunos lugares, fue quedando reducido a un uso propio de ambientes rurales o de personas poco educadas. O vulgar, como decía la señora de Caracas. Se comprende que en casos así es fácil eliminarlo del uso de las clases medias urbanas: nadie tiene interés en adoptar o conservar usos que lo identificarían con clases sociales más bajas. Pero cuando un uso está extendido por todos los niveles sociales, como el voseo en la Argentina, no es indicador de clase y no se siente la necesidad de eliminarlo. En otro tiempo, la escuela consiguió eliminar usos que aquí se consideraban incorrectos, incluso algunos que en España se aceptaban, como la supresión de la - d - en la terminación -ado (por eso había quienes, por ultracorrección, decían *bacalado ). También hubo intentos de eliminar el voseo y no pocas maestras trataban a sus alumnos de tú . Pero los intentos fracasaron porque la comunidad de hablantes no consideró necesario cambiar un hábito que para todos era aceptable.



