
El Zaire, al borde del colapso
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Tras un ciclo de horrorosas matanzas, la lucha tribal entre tutsis y hutus centrada en Ruanda y Burundi, se ha extendido al vecino Zaire convertida en una verdadera guerra civil, de carácter político, que amenaza con desembocar en un profundo y sangriento colapso del régimen imperante desde hace treinta años en el país.
El ejército de Zaire -que fue firme respaldo de los hutus en los enfrentamientos tribales-, intentó restablecer el orden en el oriente zaireño, donde llegó más de un millón de refugiados, pero fue batido por los tutsis, cuyo líder es Laurent Desiré Kabila, un veterano dirigente que mereció en los años 60 la atención del Che Guevara. La marcha de los rebeldes, afianzada por la profusa y entusiasta adhesión de tribus diversas, se convirtió en una sucesión de éxitos militares y privó de apoyo,cada vez más, al moribundo régimen del presidente Mobutu Sese Seko .
En la asediada capital, Kinshasa, donde también hubo manifestaciones antigubernamentales, las autoridades zaireñas se reconocen virtualmente impotentes. Mobutu, anciano, desprestigiado y enfermo, ausente hasta hace poco, regresó de Europa para ordenar tumultuosas destituciones y presurosos nombramientos, y para prometer elecciones. Pero en medio de una verdadera guerra civil abonada por enconos ancestrales, existe el temor de que un nuevo baño de sangre pueda repetir en escala ampliada -Zaire es el mayor país del Africa negra y el segundo en población- las aterradoras crueldades de Ruanda y Burundi.
La inacción de la comunidad internacional, entre tanto, es casi total, en parte como reflejo del fiasco de intervenciones anteriores, como las de Somalía o de Ruanda. Hubo apenas una propuesta contemporizadora de las Naciones Unidas, que nadie se ocupó en impulsar, y una manifestación de Washington en la que declara que ha retirado todo respaldo a Mobutu; hace ya tres años, los Estados Unidos habían cortado su asistencia económica y militar. El Zaire fue una pieza importante en la guerra fría, y Mobutu se comportó como un buen aliado de los Estados Unidos durante treinta años, eliminando sin miramientos a los grupos y dirigentes prosoviéticos, con Patrice Lumumba al frente.
La política occidental pasó a ser principista, con efectos todavía más desdichados. Francia, sobre todo, instigó a los pueblos hutus a rebelarse contra el abusivo dominio de los tutsis -a veces, fronterizo con un régimen esclavista, con los desastrosos resultados conocidos. Ahora, el ancestral conflicto se dirime en el Zaire, entre los tutsis de Kabila y los hutus aliados con Mobutu, lo que impone pensar en la posibilidad de un nuevo genocidio.
Con el Zaire institucional, económica y moralmente devastado, se ha descubierto ahora que Mobutu y su régimen absolutista no son sólo corruptos sino también brutales, aún para los parámetros africanos. Honesta, la prensa norteamericana reconoce que Mobutu es hechura de los Estados Unidos y que su añosa supervivencia es un residuo del viejo anticomunismo; como esa cualidad es hoy inservible, con entera lógica hay que prescindir de ellos. Pero también se mira con aprensión la posibilidad de que Kabila pueda establecer en Zaire un régimen izquierdista, aunque haya tomado distancia de su pasado marxista.
La incógnita hoy, cuando el ciclo de Mobutu parece irreversiblemente terminado, es qué puede ofrecer a cambio Kabila, cómo puede satisfacer aunque sea en parte las expectativas que ha suscitado en su rápido avance militar, en un medio donde todo está por hacer, el atraso y la miseria saltan a la vista, los odios tribales no se han apaciguado y los conceptos de derecho y democracia no han sido llevadas jamás a la práctica.



