
Ensayo sobre la ceguera vs. Ensayo sobre la lucidez
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El premio Nobel de literatura José Saramago, en su obra "Ensayo sobre la lucidez", plantea el sugestivo caso de unas elecciones municipales en donde los habitantes de la ciudad ejercen su derecho al voto de una manera absolutamente sorpresiva para el gobierno de turno. El gobierno lee la acción como conspiración y es necesario castigar a los culpables y finalmente al pueblo poniendo en marcha una maquinaria corrupta de ejercer la autoridad.
En "Ensayo sobre la ceguera", Saramago ofrece una ficción en donde todos quedan ciegos menos una sola persona. De este modo, aparece "la responsabilidad de tener ojos cuando otros lo perdieron". En Misiones el ensayo sobre la ceguera se vio doblegado por el ensayo sobre la lucidez.
Pareciera ser que realmente ganó la democracia frente al desenfrenado deseo de perpetuación en el poder por parte del gobernador Rovira. Pareciera que la lucidez de un pueblo se impone frente a la ceguera de sus dirigentes. Pareciera que la responsabilidad de los que ven fue una orientación frente a un sistema ciego. Pareciera que los ciegos subestimaron la capacidad de un pueblo que, no obstante el clientelismo, los difuntos que votaron, los documentos adulterados, las promesas y los aprietes, ejercieron su derecho de un modo maduro. Pareciera que el presidente Kirchner se volvió a equivocar.
Tampoco supo ver bien en quién pone sus esperanzas, no ve claramente que el autoritarismo y el dinero no es suficiente para gobernar. Un ensayo frustrado. Creo que el caso Rovira es paradigmático. El deseo de poder es tan primitivo como el deseo de comer. Hay que estar suficientemente sano psicológicamente para no acostumbrarse al poder y al aplauso.
Cuando el desenfreno comienza a invadir al cabeza y el corazón, la ceguera del poder no ve límites. Por eso Rovira buscaba la elección para siempre. También es paradigmático el caso monseñor Piña. Explícitamente ha ratificado su deseo de terminar aquí su misión de acompañar a su pueblo, no tiene deseos de hacer partidismo, ni gobernar, ni aprovechar la popularidad para encontrar puestos de poder, ni se vio presionado por ser distinto ante la Conferencia Episcopal.
Dos modelos que están en las antípodas. Ahora, se abren varias preguntas. Del lado del gobierno, ¿están capacitados, Kirchner y su gente para leer esta derrota con la capacidad de hacer una autocrítica? ¿Está capacitado Kirchner para decir "me equivoqué"? Del lado de la Iglesia, ¿Está capacitada la Iglesia para leer la actuación de Piña como un incentivo para que ella misma asuma un rol más comprometido frente al gobierno? Del lado del pueblo argentino, ¿podremos convencernos de una vez y para siempre que si estamos unidos con valores elevados somos capaces de cambiar el curso de una historia?
Si bien el refrán que dice que "en el país de los ciegos el tuerto es rey" puede aplicarse en estos tiempos casi literalmente, también la inversa es verdad: en un país de aparentes tuertos, el rey puede ser ciego, pero también sordo y mudo si no hay capacidad de autocrítica. El ensayo sobre la lucidez que pueblo misionero realizó el domingo es un aliento para descubrir que no estamos ciegos, que en la Argentina hay muchos que ven y asumen la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron.




