
Estudiantes en tiempos de Perón
Entretelones de la FUBA y su lucha entre 1943 y 1955
1 minuto de lectura'
Es muy difícil hacer la historia de los movimientos estudiantiles de cualquier época. La proliferación de agrupaciones, líneas internas, grupos de diversos matices con vida volátil, divisiones, cismas, enfrentamientos, aun en las épocas más pacíficas, son factores que se suman para hacer casi inextricable una crónica racional de esos movimientos. A lo que hay que sumar el hecho de que muchas veces estos fenómenos transcurren en el limitado ámbito de los centros, sin repercusión periodística y con escasa o nula documentación que, por otra parte, en otras épocas, era sistemáticamente secuestrada en la reiteradas "razzias" policiales. A esto debo agregar, como recuerdo personal, la cantidad de veces que en los debates internos se recurría a una enfática expresión, "¡Que conste en actas!", de imposible cumplimiento, pues no había actas o si las había se extraviaban o terminaban en manos de la policía...
Por eso, un aporte como el que tengo el honor de prologar debe ser bienvenido. Contiene documentación y recuerdos de antiguos militantes estudiantiles que echan luz sobre una de las etapas más arduas del movimiento reformista. Acaso en estos tiempos actuales muchos lectores se asombren del compromiso que significó la lucha de los estudiantes en tiempos de Perón, la forma en que incidieron sus consecuencias en la vida de los más activos, el fervor con que se tomaban las responsabilidades. Es que esa lucha se miraba -la mirábamos- como una obligación democrática ineludible, una imposición de nuestra dignidad como ciudadanos y como estudiantes.
Quisiera formular algunas precisiones sobre estas luchas, que aunque surgen del texto y de los testimonios, conviene subrayar.
En primer lugar, hay que decir que, desde 1946, las relaciones entre el estudiantado y las autoridades universitarias fueron nulas. No había el menor contacto entre los alumnos y los distintos rectores o decanos. No existía diálogo alguno entre las dos partes involucradas en este juego. La posición de los estudiantes importaba el virtual desconocimiento de los dirigentes de la Universidad, a los que consideraba, no sin razón, meros empleados del Poder Ejecutivo, y en algunos casos, empleados especialmente sumisos y obsecuentes. Esta actitud se extendía a muchos profesores, algunos de los cuales eran notoriamente mediocres -los famosos "flor de ceibo"-, y creaba, en consecuencia, una atmósfera muy poco propicia para la convivencia de esa "universalidad" que debían ser, en teoría, las casas de altos estudios.
Este rechazo se mantenía a veces con injusticia por parte de los estudiantes, que incluso repudiaban algunos indudables beneficios que se les otorgaba, como la gratuidad de la enseñanza. Cuando los estudiantes de Derecho, a fines de la década del 40, nos mudamos a la actual Facultad, sobre la avenida Figueroa Alcorta, nos absteníamos de utilizar sus magníficas instalaciones deportivas como una forma de "resistencia civil". Y también hay que señalar que en ocasiones las autoridades representantes del régimen peronista actuaron con torpeza, como cuando instalaron un engendro que pretendía hacer la competencia a la FUBA y nombraron a sus dirigentes empleados de la Facultad, un soborno liso y llano.
Así se explica que el aislamiento entre autoridades académicas y estudiantes haya sido total, y que ello haya producido la esterilidad de esfuerzos que de otra manera hubieran fructificado; y también se explica que las autoridades universitarias hayan manifestado una total indiferencia frente a la detención de muchos estudiantes o ante el ingreso a las facultades de las fuerzas policiales. En síntesis, en el ámbito universitario se reflejó el profundo antagonismo que marcaba entonces a la sociedad argentina en torno del apoyo u oposición al sistema peronista.
En segundo lugar, quisiera aclarar el sentido de la oposición estudiantil al régimen peronista.
En la Introducción a este volumen se aclara que no había injerencia partidaria en las agrupaciones y centros estudiantiles. Efectivamente, era así, pero obviamente los militantes mantenían sus afinidades partidarias: había radicales de diverso signo, liberales, socialistas, comunistas, anarquistas. Los compañeros más nobles y esforzados eran estos últimos; los más disciplinados, los comunistas, que reportaban a la "Fede", la Federación Juvenil Comunista, y en los años de mi militancia se jugaban por un apoyo total al stalinismo; con el andar de los años he encontrado a algunos de ellos en expectables posiciones públicas o como abogados de grandes empresas, nacionales o multinacionales. Pero no creo faltar a la verdad si afirmo que todos estos sectores, sin excepción, luchaban sobre la base del rechazo hacia la política antidemocrática, autoritaria y exclusivista del gobierno de Perón. No se cuestionaba su política social, sino los rasgos totalitarios del sistema.
Ya se sabe que en la oposición a Perón intervinieron muchos factores; entre ellos, cierto racismo frente al ascenso de las clases trabajadoras y también una defensa de las clases altas. Sinceramente, no recuerdo que estas motivaciones hayan movilizado a los estudiantes. Su lucha era exclusivamente política y en aquellos años siempre existió la vocación de tomar contacto con los trabajadores y los sindicatos. Era el tema de la libertad lo que nos separaba del gobierno. A lo que se sumaban el oportunismo y la obsecuencia de los defensores de Perón en el ámbito universitario. No había intereses bastardos que mediatizaran nuestras batallas. Aun sabiendo que las mayorías adherían al peronismo, con la amarga conciencia de que nuestra causa no tenía repercusión en las masas, seguíamos adelante con todos los riegos personales que ello implicaba, porque pensábamos que estábamos defendiendo una forma de vida donde el disenso y la oposición al oficialismo fueran expresiones respetadas.
Finalmente, quisiera destacar la calidad humana de los que protagonizaron estas luchas. Los compañeros y las compañeras que encabezaban el movimiento estudiantil tuvieron después, en general, importantes trayectorias en sus respectivas profesiones. Pero en ese momento se volcaron con alma y vida a lo que consideraban su misión. Mientras que la mayoría de nuestros compañeros de Facultad estudiaban y se recibían, los militantes ponían en peligro sus carreras, sufrían suspensiones o expulsiones, eran detenidos y a veces torturados, y algunos tuvieron que exiliarse. No era chiste lo que se hacía y la policía peronista no era blanda con los "contras", así como las autoridades universitarias no tenían ninguna consideración por las rebeldías estudiantiles. Podemos mirar hoy con algún desapego el panorama de estas rebeldías, pero en su momento fueron sinceras y comprometidas, y sus avatares fueron sufridos por los mejores de nuestra generación.
Valgan estas precisiones, pues, para el lector que está a punto de internarse en las pequeñas sagas del movimiento estudiantil y sus luchas en tiempos de Perón. Recordarlas es salvar del olvido muchos nobles y levantados esfuerzos que deben inscribirse en la historia de las luchas por la democracia argentina.
Este texto es el prólogo a ¡Aquí FUBA!, de Roberto Almaraz, Manual Corchon y Rómulo Zemborain (Planeta)




