Europa es más productiva que Estados Unidos

Por Rudi Dornbusch Para LA NACION
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17 de diciembre de 2001  

CAMBRIDGE, Massachusetts.- Flota en el aire una revisión del milagro económico norteamericano. No sólo estalló su burbuja: ahora, también parece que gran parte del milagro económico de los años 90 nunca existió. Y, en materia de rendimiento, no reinan los Estados Unidos, sino Europa.

En un estudio sobre las causas del crecimiento económico, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ha reunido una cantidad formidable de datos, y los consiguientes cambios de opinión, acerca de quiénes andan bien y quiénes no. He aquí una conclusión novedosa: el desempeño económico norteamericano es menos brillante de lo que se pensaba. La tabla pertinente capta el hecho central: en la década del 90, los Estados Unidos tuvieron, por cierto, un alto índice de crecimiento que superó, de lejos, el de las economías más grandes de Europa, pero no constituyeron un milagro de productividad.

Esto salta a la vista en el nivel convencional de producción por trabajador. Pero se agrava aún más si admitimos que en Europa se trabajan muchas menos horas per cápita que en los Estados Unidos. Si observamos la producción por hora trabajada, notamos una reversión total. De pronto, surge como gran triunfador un país supuestamente lerdo, si no algo peor: Alemania. Los alemanes no trabajan mucho que digamos, pero cuando lo hacen, nadie iguala su productividad. Y la historia va mejorando con el tiempo.

Estas cifras parecerían insinuar que Europa ideó un bonito ardid: trabajar poco y bien. En realidad, fue la mejor no sólo en el crecimiento de la productividad, sino también en los niveles de productividad. Alemania (en su parte occidental) o Francia sobrepasaron de manera absoluta a los Estados Unidos en el valor dólar de la producción por hora trabajada. Lo mismo hizo Italia. En cambio, Japón, con su ineficaz sector de servicios, estuvo muy por debajo de los Estados Unidos o Europa; lo mismo cabe decir del Reino Unido.

¿Cómo deberíamos interpretar estos hechos? Podríamos inferir, por ejemplo, que el mercado laboral europeo plantea un gran problema. Es inflexible, excesivamente regulado y, para colmo de males, costoso aun con el bajo nivel actual del euro. Nada tiene de sorprendente, pues, que las empresas europeas rehúyan la mano de obra y usen su capital en forma intensiva.

En igualdad de circunstancias, las mayores concentraciones de capital por trabajador implican una mano de obra altamente productiva. Tal es el modelo europeo. Además, las compañías que hacen uso intensivo de su mano de obra (o sea, las de baja productividad) están más dispuestas a subcontratar algunas tareas u operar completamente off shore . Esto se debe, en parte, a que las dificultades de la reestructuración europea pueden inducir a toda una empresa a marcharse del continente. Por consiguiente, mediante un proceso eliminatorio, sólo quedan aquellas que aumentan su productividad.

Es un modelo ingenioso, pero, ¿tiene una contracara? Sí, y es ésta: Europa posee un alto índice de desempleo porque las firmas son reacias a contratar personal nuevo. En los Estados Unidos, lo normal es que el crecimiento entrañe una acumulación de capital por trabajador relativamente menor y una pequeña ganancia de productividad por trabajador o por hora, a cambio de una creación de puestos de trabajo significativamente mayor.

De hecho, gran parte del crecimiento norteamericano de los años 90 trajo aparejada la absorción laboral de los desocupados y subsidiados. Por tanto, significó la creación de muchísimos empleos. El crecimiento europeo, aun siendo alto, mantiene una desocupación apenas constante. Son dos modelos diferentes, con sus respectivas contracaras. Desde luego, sería agradable que Europa obtuviera el beneficio adicional de una creación masiva de empleos y los Estados Unidos gozaran de una productividad mayor, además de poseer una gigantesca máquina de fabricar puestos de trabajo. ¿Hay alguna esperanza de que suceda lo uno o lo otro?

La trampa del desempleo

Europa tiene pocas probabilidades de salir de su trampa del desempleo, ya sea en 2002, un año de recesión, o en cualquier fecha cercana. Para modificar las cosas, tendría que alimentar la economía con bastantes inversiones, dinero barato, reducciones impositivas para todos y, quizá, gastos en obras públicas. Nada de eso se vislumbra en estos tiempos de contabilidad estricta. Mantendrá su buena productividad (sorprendentemente buena, habida cuenta de que no se suponía que Europa entrara en el área de la "nueva economía").

En los Estados Unidos hay recesión y, por ende, una desocupación creciente. La recuperación, probablemente modesta, no tendrá fuerza suficiente para sobrepasar a la productividad. Por consiguiente, en 2002, Europa y los Estados Unidos se parecerán.

Por el lado de la productividad, tal vez tengamos noticias un poco mejores. Es la primera vez que los Estados Unidos manifiestan un crecimiento de la productividad durante una recesión (lo normal es que, en las recesiones, la productividad sea negativa). Si esta situación persiste y se robustece con la recuperación, como parece suponerlo Alan Greenspan, los Estados Unidos quizás enfrenten pronto el dilema europeo. En productividad les irá bien, posiblemente mejor que a Europa, pero no podrán bajar el índice de desocupación. Lamentablemente, es imposible decir con certeza cuál de las dos situaciones es la mejor. © Project Syndicate

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