
Felices en la cápsula informativa
Vaya a saber por qué -el cerebro hace asociaciones caprichosas cuando dormimos-, días atrás tuve un sueño de índole periodística. Gajes del oficio, supongo. Soñé que un amigo, funcionario del Gobierno él, me citaba en un café. Quería confiarme algo.
Llegó tarde, con paso cansino, ojeroso y desarreglado. "Hace días que no duermo", me explicó mientras se desplomaba sobre la silla. Lo interrogué con la mirada. "Prometés que no decís nada, ¿no?" Prometí, a mi pesar, resignando quizá una primicia, y él siguió: "Estamos trabajando las 24 horas en un plan para terminar con las guerras de Néstor". Me costaba seguirlo: mi amigo era, a mi entender, un kirchnerista puro y duro, un tipo al que siempre creí capaz de defender sus convicciones hasta el último minuto de la gestión K. Pero ni un minuto más, tampoco es un gil.
"Al principio parecía divertido: un codazo por acá, una patada por allá, pero tanto tole tole empieza a cansar: queremos cambiar al Gobierno desde adentro, pacificar a la bestia, digamos, y creemos que la mejor forma de lograrlo es modificar el relato de la realidad", dijo una vez superada mi primera sorpresa. "Pero si eso lo vienen haciendo desde hace siete años", protesté yo en mi sueño. "No hablo del relato que sale de Olivos, sino del que llega a Olivos... lo llamamos operativo cápsula informativa".
Le hice notar que la idea no era del todo original. Ya algún otro presidente tuvo su diario hecho a medida. "Es cierto -aceptó con un bostezo-, pero no hay otra: el hombre está incontrolable, no se va a quedar tranquilo hasta que crea que tiene al país entero encolumnado y a los medios independientes... bueno... dependientes".
Parecía una locura montar semejante farsa para contener los impulsos de un hombre, pero además, en estos tiempos... con la tecnología...
-¿Y las radios?, ¿cómo van a hacer con las radios?, pregunté, seguro de haber encontrado el punto flaco de este remedo imposible de Truman show, pero para dos.
-Ya está resuelto: tenemos a los mejores imitadores.
-¿Y con Internet? ¿Qué pasa si se meten en Internet y descubre todo?
-Armamos una red simulada para la Quinta, la Rosada y el avión presidencial, eso ya está.
-¿Y la tele? ¿Y los celulares? ¿Y Twitter? ¿Cómo hacen con Twitter?
-Encapsulados, te digo.
Dejé a mi amigo en el café y salí a las apuradas. Oscurecía ya en mi sueño y tenía que volver a la redacción. El aire parecía más liviano, la ciudad más viva y yo caminaba como impulsado por una extraña fuerza. Pero de pronto me asaltó una inquietud. Volví corriendo al café, sacudí a mi amigo, que se había quedado dormido, y desesperado le grité: "Tienen que frenar esto ya, ¡mirá si, encapsulados y felices, los K dejan de inventar peleas, se vuelven queribles y se quedan para siempre, una vez pingüino, otra vez pingüina, y así, y así...!" Me miró y por un segundo creí ver mi horror reflejado en sus ojos. "No se puede frenar -balbuceó-, ya es tarde".
Como en las pesadillas, en el momento de mayor espanto desperté. Todavía no encuentro el punto de contacto entre mi sueño y la realidad.
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