
Fernando Lugo Méndez: monseñor candidato
Sus detractores lo acusan de "rojo" e intentan identificarlo con Hugo Chávez para minar su candidatura, pero este obispo que renunció al sacerdocio para pelear por la presidencia rechaza las etiquetas y se afirma como una seria amenaza a la hegemonía del Partido Colorado
1 minuto de lectura'
ASUNCIÓN.- Ningún partido político actualmente en el poder en parte alguna del mundo ha gobernado por más tiempo que el Partido Colorado aquí, ni siquiera la dinastía comunista de la familia Kim en Corea del Norte. Pero un obispo católico apostólico romano carismático recientemente suspendido por el Vaticano amenaza esa hegemonía y se ha colocado ya a la cabeza en la carrera presidencial rumbo a las elecciones del año entrante.
Conocido como "el obispo de los pobres", Fernando Lugo Méndez ha sido fuertemente influido por la teología de la liberación, que surgió en América latina en la década de 1960 y sostiene que la Iglesia Católica tiene una obligación especial de defender a los oprimidos. Sin embargo, es renuente a posicionarse en el espectro político. Afirma que le interesan las soluciones, no las etiquetas.
"Como suelo decir, el hambre y el desempleo, al igual que la falta de acceso a los servicios de salud y a la educación, no tienen ideología", dijo Lugo en una entrevista reciente. "Mi discurso, mi persona y mi testimonio están por encima de los partidos políticos, cuyos propios miembros están deseosos de cambio y quieren poner fin a un sistema que favorece estrechos intereses partidistas por encima de los del país".
El Partido Colorado gobierna Paraguay desde 1947. El general Alfredo Stroessner encabezó una dictadura notoria por su corrupción y brutalidad de 1954 a 1989, pero gracias a su fuerte control del clientelismo y la burocracia, el partido logró retener el control del gobierno aún bajo el actual sistema de elecciones libres.
Lugo, de 55 años, es un orador que atrapa al auditorio, tanto en español como en guaraní, el idioma indígena que hablan los campesinos y los pobres de la ciudad, que componen la mayoría de la población en este país mediterráneo de 6,5 millones de habitantes. En sus discursos suele atacar la corrupción y la injusticia. Dice, por ejemplo, que "hay demasiadas diferencias entre el pequeño grupo de 500 familias que viven con un nivel de vida de primer mundo, mientras que la gran mayoría vive en la pobreza al borde de la miseria".
Fuerte respaldo
Encuestas recientes ubican a Lugo como la figura política más respetada y popular en el país, con ventaja sobre todos los demás candidatos. Pero tanto la Iglesia como el Estado buscan cerrarle el paso rumbo al palacio presidencial, lo que ha llevado a algunos de sus partidarios a amenazar con salir a las calles si se lo descalifica.
La constitución prohíbe a los clérigos de cualquier religión ocupar cargos electivos y la Iglesia católica impone una prohibición similar a su clero. Lugo renunció al sacerdocio en diciembre para liberarse de esas restricciones, diciendo: "Desde hoy en adelante, mi catedral será la nación". Pero el Vaticano, además de suspenderlo de sus deberes, rechazó su pedido de ser laicizado. En una carta difundida el 1 de febrero, el cardenal Giovanni Battista Re, el funcionario del Vaticano que supervisa a los obispos, escribió que Lugo debe "permanecer en el estado clerical y seguir comprometido por sus deberes" porque "el episcopado es un servicio que se acepta libremente y para siempre". Y agregó que "la candidatura de un obispo sería causa de confusión y división entre los fieles, una ofensa a los laicos".
Monseñor Lugo -tanto él como sus seguidores usan el título, que es utilizado para los obispos en América latina, pese a su renuncia al clero- ignoró ese dictamen y anunció su candidatura. Funcionarios de la Iglesia han respondido con amenazas de sanciones más severas, alertando un obispo paraguayo que "se está exponiendo al castigo de la excomunión", a menos que desista.
Cuestionado su estatus clerical, parece probable que sólo la Corte Suprema o el tribunal electoral estén en condiciones de decidir si puede ser candidato.
Sus asesores legales sostienen que el edicto del Vaticano no tiene validez judicial en Paraguay. Pero aquí se considera que tanto la Corte como el tribunal electoral están controlados por el Partido Colorado y, por lo tanto, se inclinan a impedir que sea candidato.
"El gobierno va a tratar de usar los argumentos de la Iglesia para sacarlo del campo de juego, pero Paraguay es un estado laico y la Constitución, no la ley canónica, es la autoridad final", señaló Rafael Filizzola Serra, parlamentario que apoya a Lugo y es especialista en derecho constitucional. "El Papa no tiene autoridad para decirle que no puede ser candidato. Lugo ha renunciado al sacerdocio y tiene el mismo derecho que cualquier ciudadano a ser candidato".
José Alberto Alderete, presidente del partido gobernante, rechazó tajantemente toda especulación de que el gobierno maniobre para excluir a Lugo de las boletas. "Queremos competir", dijo, y aseguró que confía en la victoria porque el suyo es "el partido del cambio". Igualmente criticó a Lugo diciendo que era un agitador peligroso y divisionista.
"Hoy predica e incita a la rebelión y la confrontación" en su campaña en vez de "promover la paz, la comprensión y la unidad desde el púlpito", dijo Alderete. "Gana apoyo en algunos sectores pero despierta temores y desconfianza en otros".
Con Chávez y con Evo
Los adversarios de Lugo buscan debilitar el apoyo a su candidatura de la clase media, que ha respondido fuertemente a su postura en contra de la corrupción, presentándolo como un "obispo rojo" y un "sacerdote radicalizado" que haría virar a Paraguay marcadamente a la izquierda. Sugieren que si es elegido inmediatamente se alinearía con el presidente Hugo Chávez, de Venezuela, y el presidente Evo Morales, de la vecina Bolivia.
En entrevistas publicadas en los medios locales, Lugo ha descrito lo que Chávez llama su "socialismo del siglo XXI" como "interesante y diferente" y "muy estimulante". Pero cuando se le pidió que especificara lo que le gusta de eso, se esforzó por distanciarse del modelo venezolano y dijo que su relación con la embajada de Estados Unidos es "muy cordial y abierta" y que seguiría así si llega a la presidencia.
"Para mí, el valor del experimento venezolano es la dimensión social, la mejor distribución de la riqueza para beneficio de la mayoría pobre", dijo. Pero sostuvo que ese enfoque también está "ligado a una fuerte dosis de estatismo, totalmente al servicio de una persona", y una "falta de pluralismo" que "es peligrosa para una verdadera democracia".
Dejó en claro que le incomoda que se refieran a él como a un "salvador" o "mesías" para Paraguay, como han sugerido tanto sus seguidores como sus detractores. Su estilo político, dicen quienes lo han observado, subraya la cooperación en vez de la confrontación y la conducción en colaboración más que el culto a la personalidad.
"Como sacerdote tiene buen dominio de la dinámica de grupo y es también un gran organizador", observó Marcial Riquelme, un sociólogo paraguayo. "Sabe cómo unir a personas que no simpatizan entre sí y mediar entre los diversos sectores para reconciliar sus intereses. Esa es una capacidad llamativa en un país donde normalmente todos nos peleamos salvajemente".
Traducción: Gabriel Zadunaisky
The New York Times y LA NACION





