Gatos detectives: cuando las novelas policiales se ponen adorables
Es el último furor literario en los Estados Unidos: una trama policíaca ambientada en un pueblo pequeño, donde las mascotas investigan un asesinato a la par de sus dueños; ¿la polémica? Si los felinos deberían hablar o no
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¿Gatos que hablan y ayudan a resolver una trama policíaca ambientada en una ciudad pequeña? En los Estados Unidos se está convirtiendo en todo un género literario, los cozy mysteries, en que estos animales domésticos ayudan a resolver casos de asesinato. Pero los lectores están un tanto divididos sobre si los animales pueden o no hablar.La escritora Sofie Kelly ha cosechado varios éxitos convirtiendo a una bibliotecaria, Kathleen Paulson, en la heroína de sus novelas. Paulson nunca quiso ser "una loca con gatos", pero tras encontrar un cadáver cerca de su café favorito y darse cuenta que sus gatos tienen poderes mágicos, los animales se convierten en detectives con cuatro patas. Su gato Owen puede hacerse invisible, mientras que Hércules puede atravesar paredes, así que es tan sólo una cuestión de tiempo que esta bibliotecaria de una ciudad pequeña pueda atrapar al asesino.

Sleight of Paw es el título de la novela que se enmarca en ese nuevo tipo de literatura centrado en la resolución de un caso sin mucha sangre ni violencia, que siempre se desarrolla en ese mundo aparentemente inmaculado de las pequeñas ciudades estadounidenses y que está protagonizado por investigadores amateurs (a menudo mujeres) que acaban atrapando al criminal. Muy en la onda de Miss Marple.Estos misterios hogareños gozan de tanto predicamento en los Estados Unidos que incluso se están desarrollando subgéneros: algunos están ambientados en el mundo del bordado, otros en restaurantes boutique; en otras novelas, los protagonistas son profesores, jardineros o bibliotecarios. Lo que nunca falta es un gato o un perro. Tan sólo hay una cosa en la que autores y lectores no consiguen ponerse de acuerdo: ¿deberían o no poder hablar los animales?
Para Shirley Rousseau Murphy, el tema está claro. "A mí me gusta un toque de magia en mis libros", dijo a la agencia DPA esta escritora californiana al hablar del gato negro Joe Grey, que en sus libros habla y piensa como una persona. "Me encanta la idea de que los gatos puedan hablar y de que son inteligentes", asegura una usuaria del portal literario Goodreads sobre la décimonovena aventura del felino detective.
Tampoco la pavada
Sin embargo, hay algunos a los que la cháchara de los gatos les disgusta y ni que decir la posibilidad de que los animales puedan leer y escribir. Cuando se publicó el primer libro de la serie de Murphy -allí el gato incluso se transformaba en una mujer- un usuario escribió en el portal Amazon: "¿Deberíamos creer también que pueden casarse sin partida de nacimiento, sin número de seguridad social y que pueden conducir y encontrar un trabajo? Entonces se convertirían en personas con problemas humanos".

El debate ha llegado nada menos que hasta la Cat's Writers Association (CWA), la asociación de autores que ya cuenta con más de 300 miembros en los Estados Unidos. "A muchos les horroriza pensar en gatos que hablan", señaló la presidenta Amy Shojai, quien opina que todo aquel que trate a su gato como si fuese una persona se equivoca. Shojai ha publicado más de 30 ensayos sobre el trato de los animales domésticos.Un gato, explica, no está "enojado" u "ofendido" cuando por la larga ausencia de su propietario cambia su manta favorita o el lugar donde hace sus necesidades. Al animal le tranquiliza el olor de su propia orina. "A los gatos les encanta la rutina y cuando salen de su casa, se rompe", argumenta Shojai. Eso es lo que les causa estrés, agregó. Pero en la literatura sobre gatos hay una única norma: no hay reglas.
La escritora Rousseau Murphy se escuda en la libertad literaria para defenderse de las críticas porque su gato Joe Grey y su amiga Dulcie (que también habla y con la que han tenido gatitos que también hablan). El hecho de que los gatos hablen entre ellos, pero no con las personas es igual de irreal -insiste-. "Para mí esto es como cualquier obra del mundo fantástico".Un fan casi nonagenario de este tipo de novelas califica esta característica en una reseña en Internet de "extremadamente creíble". "Si los gatos realmente pudieran leer, hablar, discar números de teléfono y solucionar misterios, lo harían tal como lo hacen los gatos de Rousseau Murphy", señaló.En opinión de Shojai, no hay sentimientos más fuertes quela relación entre las personas y sus animales domésticos. "Todos quisiéramos gatos y perros que hablasen y que nos salvaran. Nos ayudaría a evadirnos de lo cotidiano".








