Geopolítica: los efectos de una autoridad moral que interpela a los líderes
Corrupción, pobreza, desigualdad global, violencia: temas de una agenda internacional que el Papa intenta instalar apelando a la influencia simbólica que tiene su propia figura
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Hace un año, asumió Francisco y en ese tiempo se ganó un lugar en el corazón de miles de millones de personas. Si es cierto que un buen candidato siempre combina altos niveles de conocimiento con imagen positiva, Francisco hoy sería prácticamente invencible. Fue tapa de cientos de revistas internacionales, el prestigioso semanario norteamericano Time lo nombró personaje del año y "Francisco" es el nombre más buscado por Internet. En Estados Unidos, según la CNN, disfruta de un nivel de aprobación de 88% entre católicos, y 3 de cada 4 norteamericanos, ateos incluidos, creen que su influencia en el mundo es positiva. En nuestro país, su nivel de aprobación impacta aún más, superando la barrera del 90%. Francisco logró esto, principalmente, por el poder de su mirada.
Ante esta realidad, presidentes y jefes de Estado no pueden más que rendirse. Así lo hizo Cristina Fernández de Kirchner cuando pasó del disgusto por su nombramiento a buscar una foto con él. Pero no sólo los políticos argentinos se juntan con Francisco. También lo hicieron el presidente ruso, Vladimir Putin, y la canciller alemana, Angela Merkel, entre otros.
La gran diferencia parecería ser la razón: aquéllos se reunieron para dialogar sobre temas de la gran agenda internacional. Merkel, por ejemplo, solicitó un encuentro en respuesta a un discurso en el que el Papa condenó la "dictadura de la economía" y llamó a una reforma financiera internacional. Trataron ese tema, la globalización, la Unión Europea y su papel en el mundo. La reunión con Putin, en cambio, tuvo como eje a Siria. Como se recordará, una carta del Papa al presidente ruso en ocasión de la reunión del G-20 de septiembre del año pasado en San Petersburgo contribuyó a impedir una intervención militar inminente como solución a la crisis siria.
El 27 de este mes, Francisco recibirá al presidente norteamericano, Barack Obama, quien se ha confesado un admirador del Papa. A fines del año pasado, Obama sorprendió al revisar un discurso sobre desigualdad que le habían preparado: pidió a sus asesores que agregaran una cita del Papa. "La desigualdad creció en todo el mundo desarrollado", dijo Obama el 4 de diciembre en el Center for American Progress, un think tank asociado al Partido Demócrata. "Algunos de ustedes vieron cómo la semana pasada el papa Francisco habló del tema de manera elocuente. «¿Cómo puede ser -dijo el Papa-que no sea noticia cuando un anciano sin hogar muere a la intemperie, pero sí lo es cuando la bolsa cae dos puntos?»" El presidente de la principal potencia mundial cita a Francisco para sumar credibilidad a sus palabras.
Por fuera del poder
¿Cómo se explica la gravitación que ha logrado Francisco? El Vaticano no esgrime las tradicionales herramientas de poder que poseen los Estados. No maneja ejércitos ni tiene un gran mercado interno, no posee riquezas naturales ni desarrollo tecnológico, no tiene recursos culturales como deportistas o estrellas de cine. A pesar de estas limitaciones, Francisco ha logrado acumular un capital envidiable de lo que se denomina "poder blando".
El poder blando es la capacidad de un Estado u organización de influir sobre los intereses y las acciones de otro a través de la atracción de sus ideales o visión del mundo, en lugar de la coacción militar o económica.
El papa Francisco se convirtió en un importante referente y actor internacional gracias a su ejemplo moral en un mundo donde tales ejemplos, por lo menos a escala fácilmente visible, escasean. Ese ejemplo moral está resumido en la idea, hecha famosa por la Teología de la Liberación, de la "opción preferencial por los pobres y vulnerables".
Dicho de manera sencilla: nuestro pensamiento y acción deben privilegiar los intereses y las necesidades de las personas más vulnerables. Ésta es la idea que motiva y le brinda a Francisco la autoridad moral y, por ende, el poder blando que logra influir sobre los mandatarios de los principales países del planeta.
La ejemplaridad es fundamental, ya que la credibilidad del mensaje depende de su credibilidad personal. Por eso, la simplicidad y la austeridad de su conducta son parte de la construcción de poder blando. Cualquiera que lee los diarios o mira noticieros podrá citar ejemplos: Francisco rechaza vivir en el palacio papal, lava los pies de convictos, sale (se rumorea) disfrazado a la noche a atender las necesidades de los sin techo en las calles de Roma.
Hay un hecho en particular del primer año de su papado que ejemplifica de manera cercana y visceral lo que Francisco propone no sólo para la Iglesia, sino para todos, independientemente de la afiliación religiosa. El 6 de noviembre, Francisco vio a Vinicio Riva, un hombre terriblemente deformado por la neurofibromatosis, entre la multitud que lo esperaba a la salida del Vaticano. Francisco caminó hacia él sin vacilar; lo besó y llevó la cabeza tapada por tumores a su pecho en un estrecho abrazo. La imagen recorrió el mundo. En entrevistas subsiguientes, Riva relató que sintió "amor puro" y que lo que más lo sorprendió fue el hecho de que el Papa no había dudado siquiera un instante en abrazarlo sin conocer si su estado era contagioso. Reconoce que se había acostumbrado a dar miedo y ser maltratado, y que se daba cuenta de que muchas personas hacían lo posible por no mirarlo. Pero algo fundamental cambió con el abrazo de Francisco: en un mundo donde parecía invisible porque la gente literalmente no lo quería ver, el abrazo del Papa lo hizo visible.
Este hecho es clave para entender a Francisco. Su prédica y accionar consisten en obligarnos a reconocer la humanidad intrínseca de todas las personas, independientemente de su clase social, sexualidad, raza, etnia, religión, nacionalidad o, como en el caso de Vinicio, simplemente su aspecto físico. Para reconocer esa dignidad, antes hay que tener la capacidad de ver a las personas y a las comunidades que sufren destinos crueles y anónimos por fuera de los circuitos de poder, ignorados por los medios de comunicación y las reuniones de jefes de Estado y de grandes empresarios. Por eso, la pregunta de Francisco que citó el presidente Obama no es demagógica. Nos obliga a evaluar al mundo desde otra perspectiva.
Un ejemplo del nexo entre la opción preferencial por los pobres y la capacidad de ver al excluido en el ámbito internacional es la preocupación del Papa por el destino de los inmigrantes africanos que se juegan la vida para llegar a Europa. No es casualidad que su primer viaje fuera del Vaticano haya sido a la pequeña isla de Lampedusa. Allí rezó por los "inmigrantes que mueren en el mar, en barcos que son vehículos de esperanza, pero que se convierten en vehículos de muerte". Antes de la presencia de Francisco, Lampedusa había sido visitada por líderes de la extrema derecha europea para denunciar la inmigración en términos xenófobos. La presencia del Papa representa lo contrario: el intento de ver la realidad desde el lugar de los que sufren la necesidad de huir de sus hogares de nacimiento. Como en el caso de Riva, nos obliga a ver una realidad que preferimos evitar.
¿Cuáles son los temas de la agenda internacional en los que Francisco buscará incidir este año? Algunos dependerán de la coyuntura, como en su intervención en la crisis siria. Pero ya se anunció la preparación de una encíclica sobre ecología, o sea, la relación del ser humano con el medio ambiente. No se puede dudar de que seguirá predicando sobre la necesidad de luchar contra políticos corruptos, figuras que ya comparó con Judas y el Anticristo. No se cansará de pedir por una globalización más justa para que "la riqueza sirva a la humanidad y no que la gobierne", como hizo en un mensaje dirigido al Foro de Davos. Buscará también un mayor acercamiento entre el catolicismo, el judaísmo y el islam. Un ejemplo fue la carta que dirigió a Ahmed al-Tayyeb, el principal imán de la Universidad de Al-Azhar, una de las universidades más importantes del mundo islámico, en la que expresó su admiración por el islam.
Guerra, medio ambiente, corrupción, globalización, paz entre las religiones son todos temas de la agenda internacional en los que Francisco se mueve con comodidad. Su herramienta será el poder blando de su autoridad moral y su enfoque será la opción preferencial por los vulnerables. Desde ahí, como los profetas bíblicos, construye el podio desde donde con su mirada le dice la verdad al poder.






