Hay roces entre nosotros
Los conflictos son parte de la vida. Lo importante no es no tenerlos sino saber cómo resolverlos y utilizarlos en forma constructiva. Existen básicamente dos tipos de roces:
- a. Roces por temas de carácter: Somos distintos y eso nos lleva a tener roces con los demás. Pero son ocasionales o circunstanciales y no afectan el vínculo. Por ejemplo, cuando le decimos a alguien: "No me gusta este aspecto de tu carácter". Uno es cerrado y el otro es expansivo; uno es expresivo y el otro, tímido. Algunas personas se enojan y al rato se olvidan; mientras que a otras les dura el enojo. Este tipo de roces nos permiten ser flexibles y negociar con el otro, sabiendo que el vínculo es más importante que las discrepancias en el modo de ser. De esta forma, surge la reconciliación: una nueva construcción entre ambos, un reencuentro, una relación renovada.
- b. Roces por competencia: Este es un proceso que, en general, no es consciente. Tiene lugar entre personas que compiten y se ven como rivales: Por ejemplo, alguien observa a los demás y establece un marco de competencia (por envidia inconsciente). Hay algo del otro que le gustaría tener pero, como es inconsciente, lo que hace es descalificar algo que observa, un déficit que el otro posee (o que él se imagina que posee), para desmerecerlo.
En la competencia siempre alguien gana y alguien pierde. Es algo inútil. Una cosa es mirar a alguien para tomarlo como un punto de referencia y construir hacia adelante; y otra muy diferente es pararse en el plano de la rivalidad y de la envidia. Muchas de las descalificaciones del tipo: "Ese coche que compró no sirve en absoluto... andá a saber de dónde sacó el dinero" son en realidad expresiones de una envidia que nace de la comparación. Imaginemos que una persona consigue un pasaje aéreo a mitad de precio y, cuando está sentado en el avión, conversa con alguien que lo consiguió un 80% más barato. Seguramente se va a amargar. La comparación tiene el efecto de cambiar nuestro estado de ánimo y el hecho de que "ganemos" y nos percibamos mejores que el otro no nos hace buenos en sí mismos.
¿Qué podemos hacer entonces con los roces cotidianos?
a. Frente a los roces ocasionales:
Primero, podemos buscar la plasticidad, ser más flexibles. Hay personas que son como la caña: cuando aparecen las diferencias, se quiebran. Y otras que son como la rama: se doblan y son capaces de pensar desde el punto de vista del otro. Estos últimos tienen una dosis importante de empatía que les brinda flexibilidad.
Imaginemos que un padre quiere criar a su hijo adolescente como lo criaron a él cuando tenía la misma edad. Es muy probable que tenga grandes conflictos en su crianza. Flexibilidad es "baja de prejuicios y aumento de empatía". Es la capacidad de saber que no todo en la vida es blanco o negro, frío o caliente, sino que hay grises, cálidos o templados.
Segundo, podemos hablar con la persona. Mejoramos nuestros vínculos, cuando podemos expresar, en tono amable y tranquilo, aquello que nos disgusta o nos genera roces con el otro. No se trata de una lucha de poder, por ej: "Yo tengo razón y vos, no", sino de construir juntos una mejor alternativa para estar bien. Cuando dos personas discuten por un tema determinado y luego no hablan nunca más sobre eso, el vínculo no estaba construido sólidamente. Dos amigos pueden discutir de cualquier tema y seguirán siendo amigos porque el vínculo es más sólido que el contenido de la discusión.
Cuando una persona tiene un roce y, en lugar de ir a hablar a la fuente, lo sube en las redes sociales y se lo cuenta a otras personas, en realidad, su enojo ha crecido. Este camino que ha tomado no solo no resuelve el roce sino que tampoco resuelve la frustración que siente.
Muchas veces los roces ocasionales son por expectativas que tenemos con respecto al otro: "Esperaba que me llamaras, que me ayudaras, que me acompañaras". Al no cumplirse, nos sentimos defraudados y desilusionados. Pero siempre es la palabra, la capacidad de hablar, el acto amoroso que nos permite reconciliarnos y construir a partir de esa diferencia, un vínculo mejor.
Todos los seres humanos poseemos un anverso y un reverso: somos emocionales y racionales, dependientes e independientes, extrovertidos e introvertidos, etc. Lo ideal es tener todo en balance, aunque un rasgo predomine más que otro.
b. Frente a los roces por envidia:
La envidia esconde resentimiento (dolor + bronca congelados). El envidioso, que es un "marcador de faltas" o un "cazador de errores ajenos", no sabe cómo se originó ese sentimiento totalmente infantil, y vive a la defensiva y agrediendo a los demás. En el fondo, desea que al otro le vaya mal (si le va bien, se incrementa el resentimiento). Es posible envidiar todo: la belleza, el reconocimiento, el dinero, la familia, la casa, los amigos, el carácter, etc.
No tenemos que compararnos con nadie sino desarrollar "mente de maratonista". Ellos me han enseñado, y los admiro profundamente, que no corren para ganarle al otro sino por la satisfacción de correr su propia carrera. Aquí se cumple lo que dijo Jesús: "Los últimos serán los primeros". Cuando uno corre su propia carrera, busca superarse a sí mismo y, aunque llegue último, se sentirá primero, mientras que, si el que salió tercero o cuarto se compara con los que están adelante, se sentirá último.
Es muy bueno hacer introspección. En ocasiones, lo que admiramos en el otro es lo que nos falta a nosotros. La admiración es un factor motivante: "Me alegra que lo hayas logrado y me gustaría a mí también lograrlo". La envidia, en cambio, es producto de los aspectos destructivos de la persona. Casi siempre es un sentimiento oculto; nadie va por la vida diciendo: "Tengo envidia".
El tiempo que invertimos en compararnos y competir con los demás, podemos utilizarlo en el desarrollo de nuestro propio espacio y crecimiento.
Y por último, podemos convertirnos en investigadores privados de nuestra propia conducta. ¿Por qué difundo por las redes tal comentario sobre alguien? ¿Por que hablo así de tal persona? ¿Qué aspectos míos ("mis sombras") está activando esta persona? Cuando uno realiza una introspección (a mi entender, uno de los rasgos más importantes de la salud mental), en lugar de acusar, criticar o descalificar, emplea lo que siente y piensa en pos de su crecimiento. Y cuando crecemos, colocamos el eje en nosotros, logramos romper nuestro propio récord y enfocarnos en nuestro propio proyecto.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com










