Humillación y vergüenza
La humillación consiste en sentirse rebajado, sometido, ultrajado por medio de la devaluación. Es un acto y una emoción. Es la capacidad que tiene un ser humano de devaluar a un individuo o a un grupo con el objetivo de lastimar al otro. No se trata de una simple broma, ni de reírse de algo, ni mucho menos de corregir un error; sino que se pretende tener poder sobre el otro.
a. Los elementos de la humillación
- El menosprecio. Es rebajar o descalificar las ideas o la opinión del otro. Es tirar por tierra o burlarse de lo que alguien piensa o expresa.
- La difamación. Es la ofensa al honor de una persona. Es un invento, una calumnia, un chiste, para rebajar a la persona a través de la mirada social. Es una manera de perjudicar su reputación, a través de una falsa imputación.
- La burla. Es una de las herramientas principales que utiliza quien desea humillar a una persona. Avergonzar al otro por cómo está vestido, por lo que dijo, etc.
El síntoma principal de una persona humillada es sentir vergüenza. La culpa aparece cuando me siento mal por haber hecho algo; mientas que la vergüenza es una emoción social en la que uno se siente malo o fallado. La persona baja la mirada, oculta su rostro, tiene una contracción física acompañada de una sensación de confusión, se esconde, se disculpa, pide perdón por el solo hecho de existir.
La humillación apunta al ser. La persona se dice: “Soy un inútil”, “soy sin importancia” y la mirada del otro cobra un gran valor por cargar con el peso de haber sido rechazado. De allí, que el humillado sienta vergüenza, busque ocultarse y desarrolle una hipersensibilidad (“Todos se ríen de mí, o hablan de mí”, piensa) que lo conduce a sentirse inútil. Muchas personas humilladas han caído en depresión, dado que han sido víctimas de un acto de agresión enorme.
El que humilla quiere ostentar poder sobre el otro y, para ello, utiliza una “medida vertical” donde en un extremo están aquellos que valen y en el otro están aquellos que no valen: “los feos, los tontos”, etc.
El que humilla quiere borrar la dignidad horizontal que todos los seres humanos poseemos. Es decir, que es una ofensa y una agresión contra el valor humano, contra la dignidad que todos tenemos. Somos dignos no por ser iguales, en capacidades, creencias, etc., sino por ser valiosos como seres humanos. La dignidad es la plataforma del autorrespeto y del respeto hacia los demás.
Hace un tiempo, luego de hablar sobre este tema en televisión, una persona me envió un mail contándome que su mamá, durante toda su infancia, le repitió: “Ojalá, en lugar de haberte tenido a vos, hubiera tenido un chancho. Por lo menos, ahora lo podría vender”. Me lo contó con dolor y me habló de cómo esto minó su estima y su autorrespeto.
Tenemos que salirnos de la escala de medición que el maltratador quiere imponer “a través de sus conductas”, con el mensaje de: “Vos valés… vos no valés; gente linda… gente fea; gente capaz… gente incapaz”. Para pararnos en la escala de medición horizontal en la cual todos somos valiosos, somos la corona de esta creación y merecemos amar y ser amados. Nuestras palabras siempre deberían construir esperanza y amor y dignificar la vida de quienes nos rodean.
b. Algunas técnicas sencillas que podemos usar frente al maltratador y a cualquier persona que intenta, por todos los medios, rebajarnos
Reconocer un error no es sinónimo de humillación. “Sí, me equivoqué pero vuelvo a empezar”.
Restarle importancia a aquellos comentarios que provienen de gente tóxica.
Podemos responder: “Gracias por tu consejo” (por ejemplo, después de escuchar que no sé cómo hablar en público).
Nunca entrar en el juego del burlador. El burlador jugará a descalificarte con el fin de que vos cumplas su deseo de que busques ser aprobado por él.
Exagerar y desdramatizar mis errores: “Sí, mi nariz es como un cohete espacial… y por la noche ¡es peor!”.
Desarrollar el buen humor en cualquier circunstancia.
Amplificar el argumento del que nos ataca:
—Sos un tonto…
—¿En qué te fundás para pensar y decir algo así?
Esta técnica consiste en generar una duda razonable. ¿Cómo? Pidiéndole a la persona que explique en qué se sustenta su opinión. Así lograremos sacarlo del subjetivismo o, mejor aún, hacerle ver con nuestra pregunta que es solo eso: una opinión subjetiva.
c. Tres caminos a seguir frente a la humillación
- Ignorar a la persona.
- Responderle por medio de frases cortas.
- Reírnos de la situación y de nosotros mismos.
Para que las burlas no te lastimen, nunca vayas detrás de los reconocimientos y las felicitaciones. Ambas cosas no modifican en absoluto tu vida y así, cuando alguien te rebaje o te calumnie, tampoco sus palabras tendrán poder sobre vos. No hagas propias las palabras de burla. Enfocate solo en tus objetivos, lo cual te mantendrá centrado en la meta y te permitirá seguir avanzando, a pesar de la humillación.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com










