Reseñas: La civilización en la mirada, de Mary Beard

Ana María Vara
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7 de julio de 2019  

Es la estrella de televisión menos probable: una experta en estudios clásicos de pelo gris y dientes desparejos, feminista y heterodoxa. Pero donde acaba el clisé de la rareza, empieza otra cosa: Mary Beard (Much Wenlock, 1955) comunica con la misma pasión en clase que en los medios. Y su erudición parece deber tanto a los libros como a la vida.

A un background tradicional de formación y enseñanza en Cambridge, se sumó en 2010 una colaboración con la BBC que incluyó series sobre Pompeya y Roma. Para entonces Beard era más o menos famosa por su actividad en las redes y sus declaraciones contracorriente; entre ellas, una sobre los atentados de 2001 que puso en debate la política exterior norteamericana. Pero la televisión la consagró como personaje de la vida británica, la encarnación de un puente entre valores tradicionales y posiciones críticas frente al colonialismo y el patriarcado.

La civilización en la mirada acompaña algunos capítulos de la serie Civilización, de la BBC 2, lanzada el año pasado, casi una reversión de la conducida por Kenneth Clark en 1969. Pero allí donde Clark posaba como un entendido distante, Beard se involucra, se emociona. Y aborda preguntas fundamentales a través de las culturas, de los olmecas a la India y al Islam pasando, claro, por Grecia, Roma y las catedrales europeas.

La primera cuestión es si las imágenes son tan importantes como los textos para entender el pasado. En la primera parte del libro, dedicada a la representación del cuerpo humano, el foco es el "naturalismo". Parece inevitable establecer un paralelo con Erich Auerbach, el autor de Mimesis, en tanto Beard también hace un recorrido histórico de la mímesis realista sin perder anclaje en el presente.

"La idea moderna de que el desnudo femenino implica la existencia de una mirada masculina depredadora no surgió, como a menudo suele imaginarse, en el feminismo de la década de 1960", provoca Beard, al analizar la Afrodita de Cnido, realizada por Praxíteles alrededor de 330 a.e.c., considerada el primer desnudo femenino. Para dar cuenta del carácter "osado y peligroso" de la escultura, Beard cita un ensayo de la época que narra la locura de un admirador, quien dejó la huella de su pasión en las nalgas de mármol, para suicidarse después. "Una violación", dice la británica, dando una vuelta de tuerca al relato: "No olvidemos que Afrodita nunca consintió".

La segunda parte trata de la religión y la cuestión de la representación de la divinidad. La Virgen de la Macarena, reverenciada en Sevilla, introduce la pregunta por la idolatría. Se trata de una estatua en madera policromada con cabello natural, que dispone de varios trajes y que solo puede ser vestida por monjas. "¿Qué están venerando los devotos y hasta qué punto transgrede su comportamiento la prohibición de los ídolos recogida en los Diez Mandamientos?", interpela la autora.

Donde el catolicismo responde con complacencia, el protestantismo y el Islam resultan más exigentes. Pero no es un libro de religión sino de arte y de su historia. Beard recuerda el episodio de la abadía de Ely, en 1644, cuando Cromwell entró en la catedral, conminó al sacerdote católico a abandonar su libro de oraciones y dejó que sus tropas atacaran las imágenes. Algunas fueron demolidas, pero otras solo perdieron la cabeza y las manos. "Era como si quisieran destruir aquellas partes de la escultura que a su modo de ver las dotaban de vida o que fomentaban una implicación más intensa por parte de los devotos", explica Beard.

Para contrastar con la resolución del dilema a puro golpe de austeridad, está la mezquita Azul de Estambul y sus intrincadas caligrafías. Celebra Beard: "La elegante escritura apenas se distingue del fondo, pero muestra lo decorativa y artística que puede ser ?la palabra'".

Además de abundantes imágenes, el libro incluye una cronología, una bibliografía comentada, y datos sobre la trayectoria y localización actual de cada obra. Como una enciclopedia renovada que invitara a viajar, no solo metafóricamente.

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