Inquietante universo gótico

Emiliano Sued
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12 de julio de 2015  

En 1963, al publicar El unicornio, Iris Murdoch (Dublín, 1919 - Oxford, 1999) demostraba que para la literatura de la segunda mitad del siglo XX aún era posible construir una buena historia de ambiente gótico, psicología romántica y cosmovisión feérica, que transcurriera en un tiempo muy cercano. Su protagonista, Marian Taylor, es una mujer de casi treinta años que responde a un aviso en el que se solicita una institutriz para trabajar en el castillo de Gaze, una vieja mansión victoriana ubicada entre unos altos acantilados y un área de ciénagas; un lugar inhóspito y desolado, imaginado por Murdoch a partir de la región de El Burren, en la costa occidental de Irlanda. El comienzo de la novela recuerda la llegada de la institutriz Jane Eyre a Millcote, antes de ser conducida a Thornfield, en la famosa novela de Charlotte Brontë. Pero el alumno de Marian no es una niña, sino la señora de la casa, Hannah Crean-Smith.

El de Marian es uno de los dos puntos de vista que estructuran la narración. Lo tenebroso y lo extraño es anticipado por la sensación de la institutriz al aproximarse al castillo: "La dominó de pronto un pánico atroz y paralizante. […] Se sintió, por vez primera en su vida, completamente aislada y en peligro". Poco después, su impresión de la casa tiene mucho de lo esperable: "La estancia olía de manera siniestra a tiempos pasados, y estaba gélida y oscura en el templado atardecer de septiembre". Durante los primeros capítulos, como si se tratara de una música incidental que pretende predisponer al espectador, el narrador se esfuerza en la presentación de una atmósfera inquietante. La falta de luz eléctrica incrementa la tensión y el misterio de cada escena. A este ingrediente clave se suma el orden aristocrático en el que viven los habitantes del castillo.

El otro punto de vista es el de Effingham Cooper, que ha viajado hasta Riders –otro castillo, la única propiedad vecina de Gaze– para visitar a Alice Lejour, la hija del dueño de casa y hermana de Philip. Junto con la de Marian, su llegada generará cambios; su objetivo es conquistar el centro del melodrama: Hannah. Encarcelada y abandonada en Gaze por su marido, por haberlo engañado con Philip e intentado asesinarlo, Hannah es, para los habitantes de ambos castillos y los lugareños del pueblo más cercano, una bella durmiente, la víctima de un hechizo que está a punto de entrar en un nuevo ciclo. Pronto se cumplirán siete años desde que Peter Crean-Smith se fue de la casa y dejó a su esposa bajo la custodia de sus sirvientes; siete años "es el tiempo que tardan en pasar las cosas en los cuentos de hadas". Marian y Effingham se han propuesto rescatarla, liberarla de sus guardianes y alejarla para siempre de un hombre tan lejano e invisible como temible y poderoso. Alrededor de la bella Hannah y su "hechizo psicológico" (dice Marian; goce, diría Lacan) giran pasiones diversas que pueden tomar la forma del amor cortés del inofensivo Effingham, la adoración religiosa de uno de sus sirvientes, o el deseo carnal de Philip.

El unicornio es una novela muy consciente de su propuesta, de su mezcla de géneros, que explicita y reflexiona sobre su propia simbología para enriquecer sus diálogos y apuntalar la trama. Murdoch construye un universo tan reducido como autónomo, cuyas normas tienen una "autoridad absoluta". Porque la literatura gótica fue una reacción estética a la razón iluminista, y porque el relato feérico en sus versiones originales, folklóricas, no atenúa crueldades, el fin del encantamiento de Gaze libera violencia, violencia trágica también, shakespeariana.

No obstante, más allá de las ocasionales escenografías, el conflicto humano de El unicornio sigue vigente y aún podría ser contado por la literatura del siglo XXI.

EL UNICORNIO

Iris Murdoch Impedimenta

Trad.: Job Bilbao

349 páginas

$ 310

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