
Jaime Sorín: un diseño nacional y popular
Lo pone de mal humor que le pidan camisetas firmadas por su hijo Juan Pablo, el capitán de la selección argentina de fútbol, pero el decano de la Facultad de Arquitectura de la UBA no es un hombre de exabruptos
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Minutos antes de ser elegido decano de la Facultad de Arquitectura (FADU) de la UBA, el 16 de diciembre del año pasado, Jaime Sorín -sentado en el Consejo Directivo de la facultad como representante de los profesores- escuchó la frase de Cicerón que un colega le recordaba al oído: "Cuando el tiempo sea bueno tendrás muchos amigos; cuando el tiempo esté nublado, estarás solo".
No pareció inquietarse Sorín en ese momento; tampoco cuando resultó elegido momentos después por sólo 9 votos contra 7; ni lo hace hoy cuando sus opositores lo acusan de "repartir cargos para pagar favores"; ni en medio de la crisis institucional en la que está inmersa la UBA, que lo encuentra enrolado en el grupo de decanos llamados "de izquierda".
Inútil esperar un exabrupto de este arquitecto de 60 años, parco, de tonos medios para hablar y tonos oscuros para vestirse, quien, según cuentan los que lo conocen en confianza, puede sin embargo sorprender con su humor irónico y una calidez inesperada.
Porteño, Sorín tiene dos hijos: Juan Pablo, el futbolista que fue capitán de la selección nacional y hoy es defensor en el Hamburgo, de Alemania, y María Verónica, doctora en Física, que hace sus estudios posdoctorales en los Estados Unidos. Mientras se jugaba el Mundial, en plena crisis de la UBA, muchos le preguntaban por qué no estaba en Alemania. "En Japón fui y perdimos, así que por cábala esta vez compré un pasaje para ir a las semifinales. Por un penal...", se lamenta hoy.
Quienes lo aprecian y quienes lo cuestionan coinciden en algo: es leal a sus ideas, a la posición política que comenzó a delinear a los 15 años, cuando militaba en el centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires, y que hoy parece encajar perfectamente con la impronta del Gobierno. "Soy peronista, del peronismo que está del lado del pueblo", se define.
Lo que para algunos es compromiso, para otros es "setentismo" y peligro de que "la izquierda cope la facultad"; lo que algunos llaman capacidad de lograr consenso entre fuerzas distintas -como las de la heterogénea coalición que lo llevó al decanato-, para otros es un oportunismo que esconde deslealtad.
Sorín fue elegido decano al frente de un grupo de peronistas, agrupaciones de izquierda, independientes y algunos radicales -incluido el decano saliente, Berardo Dujovne-, amalgamados ante la desintegración del grupo radical que gobernó la facultad durante largos años. Pero fueron los votos de los estudiantes de izquierda los que hicieron la diferencia. Con ellos Sorín tiene buen diálogo, lo que siempre cuidó como un capital político propio en una facultad en que la gravitación de la izquierda estudiantil es clave.
La facultad y la calle
Sorín asumió el 13 de marzo pasado, rodeado por militantes de la Federación de Tierra y Vivienda que conduce Luis D Elía -quien envió su adhesión en una nota-, Madres de Plaza de Mayo, y frente a una imagen de los detenidos-desaparecidos de la facultad. Su compromiso fue "que los problemas sociales en los que la arquitectura y el diseño incidan se incorporen a los planes de estudio".
En estos meses, recuperó las jornadas sobre Hábitat social que no se hacían desde hace 20 años y firmó convenios con varios municipios, con el apoyo del Ministerio de Infraestructura que conduce Julio de Vido.
Sus críticos afirman que, al mismo tiempo, casi duplicó el número de secretarías -creó cinco nuevas, ahora son once- y usó nombramientos y contratos para "pagar favores a los estudiantes". "En cuanto asumió empezó a hacer todo lo que criticaba. Repartió cargos y se cortó solo, se separó de quienes lo llevamos al decanato", repite, entre ofuscado y sorprendido, un miembro del grupo. Ahora, se comenta, no se habla con su vicedecano, Luis Bruno.
"Creé nuevas secretarías porque había déficits en la gestión, pero eso no aumentó el gasto interno", dice Sorín. En su primera sesión de Consejo Directivo como decano anunció que bajaba su sueldo, de $ 5138 a $ 2946.
"Todo lo que sea cambio genera irritabilidad. Puede ser que algunos piensen que el perfil de los arquitectos tiene que ser Puerto Madero, pero nosotros creemos que debe ser más amplio. Hay que cubrir necesidades de todo tipo", dice, e insiste en hablar en plural, aunque las relaciones con la coalición que lo llevó al poder se debilitan.
Sin embargo, hay quienes piensan que el énfasis en una arquitectura más volcada a las necesidades sociales no es totalmente innovador en la facultad. "En muchas cátedras lo venimos haciendo desde hace tiempo", aclara el arquitecto Justo Solsona, profesor titular consulto de la FADU, quien piensa que la posición de Sorín, más que un giro en la formación de los arquitectos, marca "un mensaje político del decano" que todavía no se tradujo en directivas hacia las cátedras.
Su llegada al decanato de la FADU puede explicarse tanto por su habilidad política para estar en el lugar indicado como por la propia crisis institucional del país, que impactó en el radicalismo que durante años gobernó la facultad y lo desarmó en pedazos.
Sorín se recibió de arquitecto en 1970, en el mismo edificio en el que hoy tiene un despacho con magnífica vista al río, en Ciudad Universitaria, después de haber hecho estudios de cine y escenografía y materias de sociología. Casi inmediatamente comenzó a dar clases y hoy es profesor regular asociado de la cátedra de Arquitectura junto con Juan Molina y Vedia, con quien fue docente desde 1974 y hasta el golpe militar de 1976 en el Taller Nacional y Popular (Tanapo).
No es particularmente reconocido por su tarea académica ni es un profesional con nombre en el mundo de la arquitectura. Tiene un estudio privado y, aunque se ha dedicado a la propiedad horizontal y la arquitectura comercial, su interés mayor siempre ha sido la vivienda popular. Así, como asesor de la Comisión Municipal de la Vivienda del gobierno porteño, entre 2000 y 2002, trabajó en la remodelación de conventillos en La Boca, donde entró en contacto la organización de Luis D Elía a quien, dice, no ve hace dos años. Fue su único cargo en el Estado. "No me gusta estar en el Estado. Fui muy crítico del gobierno de Aníbal Ibarra, por falta de políticas para la ciudad y por falta de gestión", dice.
Así, aunque se mantiene cerca del Gobierno, no aceptó ni busca ningún cargo formal. "Estoy de acuerdo con la política de Kirchner, con su política de derechos humanos y su política económica, que es como decir casi todo", admite. "Sé que hay deudas todavía, como la distribución desigual del ingreso", añade.
Cercano a Chacho Alvarez, formó parte de los seguidores del Grupo de los 8 desde el 85 hasta 2000. A partir de entonces se aceleró su actividad política en la facultad.
Durante los dos períodos de decanato de su antecesor, Berardo Dujovne -entre 1996 y 2004-, las relaciones de la FADU con el gobierno porteño fueron muy activas. "Muchos profesores aprovecharon la facultad para conseguir contratos para sus estudios privados. Es bueno que Sorín proponga que la facultad se vincule con las problemáticas sociales", dice un miembro de la actual gestión.
Mientras la Alianza en el poder se debilitaba, crecía en la facultad el de las agrupaciones estudiantiles de izquierda, que en 2000 llegaron al centro de estudiantes y comenzaron a enfrentarse abiertamente con el decano y su grupo radical.
Un grupo de independientes, peronistas y gente de la izquierda vio la oportunidad y dio forma al Frente Encuentro, al que se sumó Sorín y que terminó incluyendo al propio decano saliente. "El espacio de Dujovne se fue fracturando; él se fue quedando progresivamente solo y terminó con nosotros", dijo un integrante del grupo.
Las elecciones fueron, sin embargo, complicadas. El Frente Encuentro perdió el claustro de profesores por un voto, y ganó el de graduados por 20. En un escenario polarizado, con los votos de los estudiantes de izquierda como definitorios, Sorín parecía la opción más "votable" por los representantes de los alumnos. La situación interna de Sorín es hoy más que inestable.
"No es brillante intelectualmente, pero es muy hábil. Es muy cálido y querible en lo personal, pero tiene un estilo críptico de manejo del poder", definió un dirigente radical ubicado en sus antípodas, que le augura un derrotero complicado, con una facultad dividida, y restos del radicalismo entrenados en la pelea política. "Son los problemas de toda coalición. Esta es una alianza heterogénea, transversal", sonríe el decano.
En cuanto la crisis en la UBA estalló, Sorín se alineó con los decanos de Ciencias Sociales, Filosofía y Ciencias Exactas en el grupo "de izquierda" que hoy postula como rector al decano de Medicina, Alfredo Buzzi. Sin embargo, y pese a que participa activamente en las reuniones, tiene poca visibilidad pública. "Estuvo en el grupo desde el comienzo, pero primero pidió tiempo para arreglar las cosas internas en su facultad", dijo un decano.
"Es un equilibrista corto de carácter y muy desconfiado", lo describe uno de sus opositores. "Es leal y militante, con una gran capacidad de análisis político", dice uno de sus aliados.
Amigo del director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, quienes comparten discusiones políticas con él repiten que suele ser el que, cuando el debate se deshilacha, da la idea que vuelve todo al cauce.
Sorín sólo cambia su gesto inexpresivo -y se molesta- cuando algún colega le pide una camiseta firmada por su hijo, como le sucede con frecuencia, o cuando el parentesco "se usa mediáticamente". También cuando se le pregunta si es difícil tener a sus dos hijos lejos, y asiente, sin dar más detalles. Pero la disputa política en que está inmerso, asegura, le gusta.
"A pesar de todo, la estoy pasando bien", sonríe, y apura un mate.
El perfil
Entre el estudio y los claustros
Además de ejercer en su estudio privado, Jaime Sorín es profesor regular asociado en la cátedra de Arquitectura de la FADU, de la que es decano desde marzo último. Tiene 60 años y dos hijos: Juan Pablo (capitán de la selección) y María Verónica.
Habitat social
Especialista en temas de vivienda popular, en los últimos meses recuperó las jornadas sobre Hábitat social, que no se realizaban desde hace 20 años. Fue asesor de la Comisión Municipal de la Vivienda del gobierno porteño entre 2000 y 2002 y trabajó en la remodelación de los conventillos de la Boca.





