John Jost. "Si se pierde la confianza en la política, aumenta el riesgo de gravitar hacia el extremismo"

El psicólogo social canadiense dice que la construcción de "sistemas democráticos estables" es el mejor antídoto contra los discursos del odio que surgen en contextos de incertidumbre
El psicólogo social canadiense dice que la construcción de "sistemas democráticos estables" es el mejor antídoto contra los discursos del odio que surgen en contextos de incertidumbre Crédito: Ricardo Pristupluk
Guillermo Borella
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23 de diciembre de 2018  

John Jost piensa detenidamente sus respuestas. Cada una de ellas llegará desdoblada. Responderá apelando tanto a factores institucionales como psicológicos, o reflejando las dos caras de nuestra naturaleza humana, que nos hacen capaces de amar u odiar con la misma intensidad.

"Lo importante es poder construir sistemas democráticos estables que permitan que florezca lo mejor de nosotros", dirá Jost, tras advertir sobre lo fácil que puede ser para los líderes autoritarios apelar al enojo de los individuos como herramienta política. "Ante la sensación de incertidumbre, se torna muy fácil canalizar el miedo de forma destructiva, haciendo que prevalezca nuestro lado más intolerante", apunta el experto, profesor de Psicología y Política y codirector del Centro de Comportamiento Social y Político en la Universidad de Nueva York.

Su trabajo como investigador se focaliza en el estudio de los estereotipos, los prejuicios y la ideología política. Desde hace veinticinco años trabaja en la teoría de la justificación del sistema, que consiste en explicar por qué los individuos, a pesar de actuar motivados por el interés propio, justifican y racionalizan los sistemas sociales a los que pertenecen, y tienden a percibir ciertas decisiones políticas, sociales y económicas como justas y legítimas, aunque los perjudiquen.

De visita en el país para participar del X Congreso de investigación y práctica profesional de la Facultad de Psicología de la UBA, Jost analizó desde la psicología política las razones del crecimiento de los extremismos en el mundo, así como el papel de las redes sociales en este proceso de polarización.

¿Cuáles son los aportes de la psicología política para entender los fenómenos sociales?

La psicología política busca entender científicamente dos tipos de fuerzas. Por un lado, factores de arriba hacia abajo, como la comunicación de élite, la influencia de los medios de comunicación, la estructura del sistema político y el rol de sus instituciones. Por otra parte, aspectos de abajo hacia arriba, como los valores, intereses y necesidades psicológicas de los individuos. A su vez, se analizan los cruces de ambos factores con el fin de descubrir cómo se relacionan recíprocamente. Sin la triangulación de estos datos, la política no puede entenderse cabalmente.

¿Por qué es tan efectivo el discurso de odio utilizado por los liderazgos autoritarios?

Lamento decirlo, pero he llegado a la conclusión de que hay elementos en la naturaleza humana que habilitan el odio, especialmente cuando la gente siente incertidumbre sobre su futuro, ya sea por razones políticas, económicas o sociales. En esas condiciones, los líderes populistas logran manipular el miedo para usarlo de forma destructiva. Cuando nuestra comunidad siente vulnerabilidad y busca ser protegida, se torna muy fácil canalizar eso en frustración, agresión y enojo contra todo aquel que sea señalado como extraño. Es un discurso basado en una lógica del bien y el mal; es nosotros contra ellos.

¿Esta forma de actuar responde a nuestra naturaleza o a la sociedad en que vivimos?

A ambos factores. En la naturaleza humana está la capacidad de amar, cuidar del otro, respetar las diferencias y ser pacíficos. Pero también la de hacer la guerra, odiar y prejuzgar. Ambas son parte de nosotros. Lo importante es poder construir sistemas democráticos fuertes y estables que permitan que florezca lo mejor de nuestra naturaleza. Cuando la gente se siente ansiosa por la incertidumbre ligada a una crisis económica, por ejemplo, es muy efectivo apelar a soluciones que carguen la culpa contra los inmigrantes, prometiendo levantar un muro que los mantenga alejados. Para los líderes políticos autoritarios, en esas circunstancias es más fácil apretar el botón para que prevalezcan los prejuicios y emerja nuestro lado más intolerante. Sin reparos morales, apelan al lado oscuro de nuestra naturaleza como herramienta política. En una sociedad multicultural, toma mucho más tiempo que la gente pueda desarrollar la habilidad de ser tolerante y respetar las diferencias.

¿Cómo se explica desde la teoría de la justificación del sistema que miembros de minorías voten por candidatos cuyo discurso ataca abiertamente sus valores?

La ciencia política y otras disciplinas afines han asumido que las opiniones de los individuos están motivadas por el interés propio. La teoría de la justificación del sistema consiste en analizar, además del interés propio, los factores psicológicos que hacen que los individuos estén abiertos a otras ideologías y tiendan a percibir como justas y legítimas ciertas decisiones, aunque estas los afecten y perjudiquen. La naturaleza humana es inherentemente conservadora, tiende a rechazar lo extraño o poco familiar. Hay un impulso por querer preservar el orden social y evitar todo aquello que pueda amenazar nuestro statu quo. La mayoría de los seres humanos tiene cierta clase de nostalgia de cómo eran las cosas antes. Cuando tenés hijos, querés que experimenten y vivan el mundo en que vos viviste.

¿Qué efectos produce la posibilidad de cambios?

Los seres humanos somos buenos racionalizadores. Hacemos racionalizaciones colectivas sobre por qué debemos mantener el orden de las cosas, preservar el sistema, hacer "América grande de nuevo", [en alusión al eslogan de campaña de Donald Trump: Make America Great Again]. En cierto punto, los cambios representan una amenaza de desestabilización, no solo para los hombres blancos, sino también para las minorías. Todas las personas tienen la misma necesidad psicológica de seguridad, predictibilidad, control, orden, pertenencia social a la cultura mainstream. El cambio pone en riesgo eso, hace que las personas se sientan incómodas porque desconocen hacia dónde las llevarán esos cambios. En esas circunstancias, es muy fácil que la gente reaccione, sintiendo que hay que atacar a los responsables de esos cambios y volver atrás en el tiempo. Eso es justamente lo que hacen muchas veces los líderes políticos autoritarios. Si la gente pierde la confianza en que las instituciones políticas pueden ayudarles a vivir una vida mejor, aumentan los riesgos de gravitar hacia los extremismos.

Muchos adjudican el crecimiento del conservadurismo al avance de ciertas conquistas sociales. ¿Cuál es su opinión?

Cualquier cambio promovido por un movimiento social siempre representa un desafío al sistema y, por tanto, enfrenta una resistencia. Me gusta pensar que la sociedad se mueve dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Llevó siglos erradicar la esclavitud, que hombres y mujeres puedan votar libremente. Siempre hubo y habrá una reacción conservadora. El escritor Bertrand Russell dijo que todo movimiento social siempre va demasiado rápido. Pero no podemos volver a un mundo donde la esclavitud sea legal o donde solo algunos puedan votar. Una vez que está afuera, no puedes volver a meter el gato en la caja. Simplemente no se puede, por más que haya quienes lo quieran.

¿Cuál son los efectos a corto y largo plazo de las conquistas de los movimientos sociales?

A corto plazo, un aumento de la reacción conservadora, con la llegada al poder de gobiernos autoritarios. Pero necesitamos de esos movimientos para sentir que en el largo plazo vamos a estar mejor. Es fácil hacer que la gente en el corto plazo diga: "No, volvamos atrás". Pero no en el largo plazo. Una vez que el gato sale de la caja, no puede volver adentro. No es posible volver a una situación donde las mujeres no puedan educarse ni trabajar fuera de su casa. Habrá resistencia, frustración y confusión. Pero es parte de la historia.

Tras la llegada de líderes extremistas comenzó a hablarse del fin de la era de la corrección política. ¿Está de acuerdo?

Creo que se trata de una corrección política diferente. Quienes dicen estar en contra de la corrección política simplemente lo que hacen es defender otra versión de lo mismo. Cuando los conservadores critican el discurso políticamente correcto de los liberales, hacen lo mismo: quieren que se expresen de la forma en que ellos creen que debería hacerse. La corrección política no es monopolio de la izquierda. La derecha históricamente ha estado tan interesada como la izquierda en forzar la forma en que la gente piensa y habla.

¿A qué atribuye la reacción contra la corrección política?

Esa reacción se explica por la sensación de que las cosas están cambiando demasiado rápido, la creencia de que los hombres están perdiendo muchas de sus ventajas históricas, de que las minorías avanzan muy rápido en la conquista de sus derechos. Al ver eso, hay una parte de la sociedad que desconfía, se frustra y se desquita con quienes aparentan estar de acuerdo con ideas más abiertas, por ejemplo, sobre diversidad sexual.

¿Por qué hay tanto odio en las redes sociales?

Visto de arriba hacia abajo, sabemos que hay actores institucionales que influyen en las redes sociales, intereses poderosos que buscan afectar el debate público virtual en un sentido destructivo. Pero también hay factores psicológicos que llevan a que las personas se vean atraídas por los contenidos más banales, escandalizadores o emocionales. Una reciente investigación mostró que los mensajes con alto contenido emocional o moral son más propensos a ser compartidos.

¿Cómo afecta la comunicación virtual al debate público?

Las conversaciones anónimas tienen una particularidad: cuando el diálogo no es cara a cara, la gente está más dispuesta a expresar mensajes de odio, cosas que nunca le dirían a nadie en persona. Además, cuando dos personas discuten virtualmente, lo hacen con la percepción de que hay una gran audiencia que los está viendo. Esa percepción amplifica la dinámica emocional, haciendo que la discusión se vuelva más amarga. Una vez que hay una cultura de odio instalada en las redes, ese mecanismo corre riesgo de perpetuarse.

¿De qué manera esto puede afectar nuestra convivencia?

No hay duda de que hay segmentos del ecosistema de las redes sociales que están llenos de odio y prejuicio. Las redes sociales han sido una buena herramienta para quienes están en los extremos, especialmente a la derecha del espectro ideológico. A través de las redes pudieron conectarse entre ellos. Ahora bien, cuando se analizan las interacciones en plataformas como Twitter o Facebook, hay mucha presunción de que la gente solo habla con aquellos que piensan igual, como si estuvieran en una cámara de eco. Sin embargo, creo que en el mundo digital estamos más expuestos a otras opiniones y puntos de vista. Incluso tiendo a pensar que estábamos más en una burbuja antes de Internet de lo que estamos ahora. Hoy es más fácil mezclarse.

¿Por qué las personas discuten sobre política en las redes?

Durante la segunda mitad del siglo XX, en Estados Unidos hubo una presunción de que a las personas no les importaban las discusiones políticas o ideológicas sobre derecha e izquierda, liberal y conservador. En cambio, se creía que estaban más interesadas en temas como deportes o espectáculos. Personalmente, no creo que esa descripción siga siendo válida. La gente se involucra en discusiones políticas, no por razones filosóficas, sino porque hay una necesidad psicológica de predictibilidad, orden y seguridad.

Y esos temas movilizan emociones muy fuertes.

Somos animales ideológicos. Cuando las cuestiones morales están en discusión, hay mucho que se pone en juego. Es algo muy importante para la gente, porque en el fondo se trata de nuestra personalidad. Peleamos para defender nuestra identidad, se trata de quiénes somos y el lugar que ocupamos en un mundo incierto donde nadie sabe bien adónde vamos.

¿Qué implicancias tiene eso?

Que seamos animales ideológicos no implica que tengamos que vivir siempre atravesados por discusiones de alta intensidad. Si tenemos instituciones fuertes, capaces de lidiar con los conflictos y problemas que toda sociedad tiene, podremos ver una merma en la animosidad de los debates. Sin embargo, siempre estará la posibilidad de que el costado ideológico de nuestra naturaleza sea explotado por actores que quieren sacar provecho de eso.

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