
Jugando al distraído
Por Mex Urtizberea Para LA NACION
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Alguien va por la calle en su auto y mira los carteles de publicidad sin prestarles atención, pues está distraído pensando en que ni bien pase por un negocio tiene que comprar los productos de los carteles de publicidad que, distraídamente, prometen la felicidad.
Toma luego una autopista rodeada de villas miseria, pero no puede verlas porque está distraído buscando el dial de la radio, que va a contarle distraídamente que hay villas miseria rodeando las autopistas.
Ya en su barrio, pasa por delante de una fábrica que alguna vez funcionó, pero que ha sido cerrada, vaya a saber uno por descuido de quién, pues en la época en que cerró estaba distraído pensando en por qué razón estarían cerrando tantas fábricas.
Se detiene, entonces, en un negocio, y compra algunas cosas sin registrar que las está pagando más caras que la semana anterior, pues está distraído pensando que los diarios dicen que están aumentando los precios.
Una vez en su casa, no descubre, por distracción, que ha dejado todas las luces encendidas desde la mañana, pues salió distraído pensando en la crisis energética.
Con gesto distraído, hojea ahora una revista que contiene una investigación quizá reveladora, pero no la lee, pues se distrae mirando las fotos. Tampoco presta demasiada atención a las fotos, pues se distrae buscando el nombre de los que aparecen en las fotos. Los nombres le pasan inadvertidos, pues acaba de prender distraídamente el televisor, para distraerse un rato. Y, efectivamente, se distrae. Los grandes nombres de la televisión lo distraen.
Haciendo zapping, encuentra un dirigente que expone ideas en cámara, entre las que alguna podría ser interesante, pero él no puede escucharlas pues se distrae pensando en que todos los políticos son corruptos.
Un político habla en otro canal, y se hace el distraído frente a una pregunta para la que no tiene respuesta. Para distraer a los espectadores, pronuncia frases agresivas sobre otros políticos, como al descuido.
Alguien se distrae viendo cómo se insultan los políticos, de modo que no puede prestar atención a la falta de ideas que esconden los políticos que se insultan.
Apaga el televisor, para salir a distraerse un poco en algún restaurante junto con sus amigos.
Alrededor de la mesa, conversan sobre lo que vieron para distraerse un poco en la televisión.
En la puerta, algún chico sin casa revisa que alguien haya tirado en la basura, por distracción, algo que pueda servirle. Los distraídos siempre están a tiempo de tener algo para dar. Los que se hacen los distraídos nunca dan nada.
Alguien pasa junto a ese chico, pero no puede verlo pues está distraído pensando en qué tarde se le ha hecho fuera de casa.
Ya a punto de dormirse, distraídamente, comienza a recordar un juego de la infancia: “Jugando al huevo podrido, se lo tiro al distraído, el distraído lo ve y huevo podrido es”. Piensa, entonces, en qué importante era estar atento a los huevos podridos.





