Kicillof, Capitanich y el ridículo

Martín Lousteau
Martín Lousteau PARA LA NACION
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28 de abril de 2014  • 03:43

Axel Kicillof lo hizo de nuevo: otra imperfecta clase de economía para intentar explicar por qué la realidad no es tal y como se nos manifiesta. En esta oportunidad defendió la no publicación de las cifras de pobreza e indigencia por supuestas inconsistencias técnicas y contraatacó a quienes señalamos el incremento en el número de pobres sosteniendo que "es ridículo pensar que si se duplicó el PBI, aumentó la pobreza".

Es cierto que, producto del colapso económico previo, cuando Néstor Kirchner comenzó su presidencia la pobreza afectaba al 57% de la población, y que durante esa primera administración dicho indicador se redujo casi a la mitad. Pero desde que en 2007 el Gobierno decidió desentenderse de la inflación y sus consecuencias para enmascarar el ritmo de aumento de los precios, esa tendencia prácticamente se estancó y luego se revirtió. De hecho, esto viene pasando en casi todos los frentes: si la Presidenta comenzara a compararse con el inicio de su propio mandato en lugar de hacerlo con el su marido, le costaría encontrar áreas en donde exhibir mejoras genuinas.

Desde que el Indec fuera intervenido, las cifras oficiales de pobreza distan cada vez más de las verdaderas

Es una obviedad pero las declaraciones oficialistas obligan a recordarlo: la pobreza está íntimamente ligada con la inflación. Para calcular a cuánto asciende el número de pobres se procede de la siguiente manera. Primero, se estima la cantidad de calorías que requiere un adulto para renovar su energía diariamente en base a los usos y costumbres vigentes. El costo de esa dieta es lo que se llama Canasta Básica Alimentaria (CBA). Y luego esa cifra se multiplica aproximadamente por dos para incorporar el resto de las necesidades: costos relacionados con el hogar, vestimenta, salud, educación, etcétera. Y son los hogares cuyos ingresos no alcanzan a cubrir ese monto los que se consideran pobres.

A partir de esto es sencillo entender por qué el aumento de precios por encima del que experimentan los ingresos genera más pobres. Y también por qué, cuando el Gobierno miente con el costo de la CBA, está inevitablemente subestimando el problema de la pobreza. Si esa mentira se va a repitiendo mes a mes, el desfasaje con la realidad se va acumulando (de ahí la patética estimación de que una familia tipo puede comer hoy por $8 por día o cubrir la totalidad de sus necesidades por poco más de $19). Por eso, desde que el Indec fuera intervenido, las cifras oficiales de pobreza distan cada vez más de las verdaderas.

Es cierto que, por disponibilidad de recursos, quien está en mejores condiciones de calcular la inflación es el organismo oficial. Pero esto de poco sirve si no tiene verdadera vocación para hacerlo. De igual manera se puede decir que yo estoy en una situación inmejorable para medir mi propia estatura: sin mi colaboración, los demás sólo podrían aproximarla. Ahora, si insisto con que mido 85 cm en lugar de 1,88 cm habrá quienes buscarán alternativas, por ejemplo, usando otros elementos (personas, objetos, etcétera) como referencia, y terminarán estando más cerca de lo real. Esto es lo que viene pasando con el Indec y las consultoras.

Desafortunadamente, el Gobierno elige barrer la evidencia debajo de la alfombra: deja entonces de publicar sus cifras

Con un espíritu similar es posible estimar -de manera bastante conservadora- cuál es en verdad la pobreza en nuestro país. Hay provincias que tienen sus propios índices de inflación, que venían mostrando cifras que en promedio eran 2,2 veces superiores a las del Indec. Se puede entonces usar esa vara, admitiendo inclusive un margen de error para la misma: por ejemplo, que mida 15% de más. Corrijamos así el período 2007-2013 y ajustémonos por completo a lo que dice el nuevo índice oficial (IPCNu) desde que fue publicado en enero pasado.

Utilizando este método -que se basa, aún antes de tener evidencia, en darle la derecha al Indec respecto de la actual metodología de cálculo de la inflación-, la pobreza actual en nuestro país alcanza al 28%, lo que equivale a casi 12 millones de personas y es 6 veces más alta que la última cifra oficial de 4,7%. Esto es algo que desde UNEN le planteamos a Jorge Capitanich en su visita al Congreso .

Mal que le pese a Kicillof, la cifra viene en ascenso permanente desde el 20% alcanzado en tiempos cercanos a la instrumentación de la Asignación Universal por Hijo (AUH), y ya es superior al 26%, que fue el promedio durante los años 90.

Los ridículos que pensamos que la pobreza viene en franco ascenso podemos ser muchos, pero los que la padecen son millones

Estas son la magnitud y la tendencia de este flagelo en la Argentina. Desafortunadamente, el Gobierno elige barrer la evidencia debajo de la alfombra: deja entonces de publicar sus cifras y hasta el valor de la CBA. Por si ello fuera poco, en su visita al Senado, el jefe de Gabinete insinuó que están analizando cómo incluir el valor monetario de las transferencias en especie (la salud pública, la educación gratuita u obras de infraestructura en servicios públicos) dentro de los ingresos de los hogares. De esta manera, éstos serían mayores y algunos saldrían (estadísticamente) de la pobreza. Este truco, que generaría inconsistencias metodológicas, es algo que el propio menemismo también contempló hacer en 1997.

Uno puede llenarse la boca hablando de políticas inclusivas, del estímulo al consumo, de la moratoria previsional, de la AUH o del Plan Progresar. Pero si se socava y hasta revierte todo eso generando alta inflación y pretendiendo ocultarla, no bastan las flojas lecciones de economía del ministro para moldear la realidad. Los ridículos que pensamos que la pobreza viene en franco ascenso podemos ser muchos, pero los que la padecen son millones. Y eso es lo único que importa.

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