
La Argentina y el Consejo de Seguridad de la ONU
Por César Mayoral Para LA NACION
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Teniendo en cuenta que se han publicado varios artículos periodísticos referidos al Consejo de Seguridad, su eventual reforma y la posición que la Argentina "debería" tomar de acuerdo con dichas opiniones, me veo obligado, como representante permanente del gobierno argentino ante las Naciones Unidas, a efectuar algunos comentarios al respecto.
Nada que ceder
Quiero destacar que me parece sumamente oportuno abrir y profundizar un debate en el que los ciudadanos que lo deseen, puedan participar, ya que consideramos que en democracia debatir las cuestiones que hacen al interés nacional, es un derecho de todos argentinos, no sólo de aquellos que se consideran "expertos".
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas representa el órgano ejecutivo de dicha organización. Su reforma anunciada, verbalizada y discutida desde hace diez años dentro de los diferentes grupos de trabajo, tiene en la voluntad política de los cinco miembros permanentes la llave para su realización.
Es necesario señalar que, en nuestro país, fuentes interesadas pretenden instalar en la opinión pública la falsa idea de que la Argentina está "cediendo" su posición dentro del Consejo en favor del Brasil. Esto es absolutamente falso. La Argentina no ha cedido nada, no tiene nada que pueda ceder. La Argentina defiende una posición y ella no ha cambiado.
La Argentina no es miembro permanente y, desde que comenzó la discusión por la reforma del Consejo, nunca pretendió serlo. La tradicional posición argentina es expresar su rechazo a los privilegios de los miembros permanentes; siempre se estuvo contra la permanencia no democrática en el Consejo y contra el poder de usar el veto.
Esta condición resulta de vital importancia para entender cuál debe y puede ser la posición argentina al respecto ya que no depende de la voluntad de nuestro país que algún Estado ingrese o no como miembro permanente. La Argentina no posee poder de veto en ninguna circunstancia.
Las bancas que se otorgarían a los eventuales nuevos miembros permanentes (en el caso eventual de producirse la reforma que los admitiera) no serían para una región, sino para un país. Son las "naciones" las que tienen representación ante las Naciones Unidas, no las "regiones".
Cabe recordar que la representación regional se aplica actualmente a la elección de miembros no permanentes.
Precisamente este año, la Argentina -como todo parece indicarlo, ya que se ha conseguido el endoso regional- será elegida para ingresar al Consejo de Seguridad, durante los años 2005 y 2006, como miembro no permanente en representación de la Región Latinoamericana y del Caribe (Grulac).
Ampliación y reelección
La posición tradicional argentina es y ha sido que no se incremente el número de miembros permanentes en el Consejo de Seguridad, dado que ello no haría más que consolidar privilegios. Nuestra opinión es que se aumente la cantidad de miembros no permanentes, y que se permita la reelección de éstos (no como ahora que está prohibida).
Las pretensiones que tienen Alemania, Japón, India y Brasil, entre otros, de ser incluidos como miembros permanentes es una posición apoyada también por otros Estados. Por ejemplo, Gran Bretaña y Francia respaldan el ingreso de Alemania, y los Estados Unidos el ingreso de Japón. La Argentina no respalda a ninguno.
El secretario general, Kofi Annan, por su parte, ha expresado su posición en el sentido de que sería conveniente tener cinco miembros permanentes más y así se lo ha comunicado al Panel de Sabios que prepara un informe sobre la cuestión.
Es decir, no hay aún posiciones comunes. La pretensión de que la región latinoamericana tenga una banca permanente rotativa es una aspiración compartida, dentro de América latina, por México y la Argentina.
La realidad hoy indica, en principio, que los cinco Estados miembros permanentes no quieren una "banca regional permanente" ni van a ceder su derecho al veto, y en segundo lugar, que para conseguir modificar la Carta, es necesario contar con el apoyo de los dos tercios de los votos de los miembros de la Asamblea General, más la ratificación de los cinco miembros permanentes.
El proceso de la Reforma del Consejo de Seguridad depende, por sobre todo, del consenso y la voluntad política de la comunidad internacional, donde los principales actores internacionales hacen jugar su peso para lograr sus objetivos.
El clamoroso "antibrasileñismo" que parecen sostener algunos especialistas en el tema resulta ser funcional "casualmente" a los intereses de quienes actualmente detentan el poder dentro del Consejo de Seguridad (y fuera de él).
Las Naciones Unidas son la expresión ejecutiva y parlamentaria de la comunidad internacional, es decir, su continuación. En ese marco, estar a favor o en contra de determinadas posiciones es estar a favor o en contra de los intereses argentinos.





