La California que no fue: una comparación dura

La Argentina tomó la Constitución del primer Estado norteamericano como base para su ley fundamental. Pero, pese a un origen común, siguieron caminos diferentes que explican hoy nuestro subdesarrollo y el apogeo californiano
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4 de mayo de 2003  

Ante la caída de Rosas en 1852, Juan B. Alberdi le propuso al vencedor general Urquiza un "escrito rápido de ideas pensadas en reposo". Aquel escrito, que más adelante se conocería con el nombre de las Bases no es otra cosa que la comparación detallada de todas las constituciones de América. El objeto, hallar el ordenamiento institucional que conduzca al desierto argentino hacia el progreso y el crecimiento de la población y su capital.

Luego de analizar todas las constituciones de América, Alberdi identificó como el marco institucional más apropiado la del Estado de California, redactada pocos años antes, en 1849.

Diría Alberdi que "sin universidades, sin academias ni colegio de abogados, el pueblo improvisado de California se ha dado una constitución llena de previsión, de buen sentido y de oportunidad en cada una de sus disposiciones. Se diría que no hay nada de más ni de menos en ella. Al menos no hay retórica, no hay frases, no hay tono de importancia en su forma y estilo: todo es simple, práctico y positivo, sin dejar de ser digno". ( Bases y puntos de partida para la organización nacional , Ed. Plus Ultra pág. 65.)

California era un desierto colonizado con la cruz y la espada. La Iglesia fundó nueve misiones en 1769 con el objeto de convertir a los indios al catolicismo. El trato ha sido descripto por observadores como de miseria, humillación y terror. Después de la independencia, en 1821, el gobernador provincial se apropió las tierras de las misiones y las distribuyó entre amigos formando así un grupo de terratenientes feudales. La "sociedad de los rancheros" era una organización de hacendados que se opuso a la política de México y forzó una efímera independencia del Estado de California.

Tras dos años de guerra con Estados Unidos (1846/48) se firmó el tratado de Guadalupe, por el cual Estados Unidos compró los territorios de California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y Colorado. Este tratado respetó los derechos de propiedad de quienes residían en California.

En este contexto se redactó en 1849 la Constitución de California cuyas características eran la libertad de comercio, la libertad civil, la propiedad privada y la abolición de la esclavitud para todo aquel que pisara su territorio. Desde allí, California emprendió un sostenido crecimiento de la población, las inversiones, el nivel de actividad y de vida. Hoy, si consideramos a California como un país independiente, estamos hablando del quinto PBI del mundo. El PBI californiano alcanza los 1382 billones de dólares. Sólo es superado por el PBI total de Estados Unidos (del cual forma parte), Japón, Alemania y el Reino Unido. Francia, China, Italia, Canadá y México tienen niveles de PBI inferiores al primer Estado norteamericano.

Algunos desprevenidos podrán argumentar que el crecimiento californiano se debió a la fiebre del oro que comenzó por aquellos años. Juan B. Alberdi advierte sobre tal desatino: "El oro podrá acumular miles de aventureros, pero sólo la ley de libertad hará de esas multitudes y de ese oro un Estado civilizado y floreciente". Y aclara que "es indudable que bajo el gobierno mexicano ese oro no hubiera producido más que tumultos y escándalos". De no haber cambiado las reglas de juego de la Constitución mexicana de 1824, en California no hubiera ocurrido el gold rush , la famosa fiebre del oro. Fundamentalmente porque además del ambiente de libertad y seguridad, la nueva constitución aseguraba la propiedad de los minerales a los particulares. Este derecho, antes de la constitución de 1849, estaba en manos del rey o de la nación.

La Argentina pudo haber tenido el éxito económico que hoy exhibe California. Ambas "nacieron" en la misma época. Ambas eran territorios desérticos colonizados por la corona española. Y casi al mismo tiempo adoptaron marcos constitucionales similares. Ambos territorios atrajeron a millones de inmigrantes y capitales, y favorecieron la radicación de negocios e industrias. Durante los primeros cincuenta años, tanto California como la Argentina crecieron pari pasu , al mismo ritmo. Sin embargo, tras los primeros cincuenta años de vertiginoso crecimiento, nuestro país abandonó la senda del respeto a las instituciones fundamentales.

Caminos diversos

Bastante tiempo antes de la ruptura institucional de 1930, nuestro país comenzó a alejarse de las ideas pensadas por Alberdi al emular la Constitución californiana. En 1904 las leyes de residencias comenzaban a discriminar a los extranjeros; en 1907 en facultad de las leyes de tierras comenzó a nacionalizarse el petróleo y luego la minería, y en 1910 comienza la explotación oficial de hidrocarburos que concluye en la creación de la primera empresa estatal de petróleo del mundo (YPF 1922). Conservadores y radicales comparten la autoría de las diversas intervenciones gubernamentales: juntas de carnes, granos, la coparticipación federal, el Banco Central, controles de precios, salarios y diversas regulaciones a la actividad privada. Con el paso de los años, dicha autoría va a ser completada con el ingreso de planificadores civiles y militares.

La Argentina amesetó su crecimiento a partir de los años veinte. Inauguró un inédito período de setenta años de estancamiento o crecimiento ficticio. California, en cambio, mantuvo su ritmo ascendente como también lo hicieron otros países de colonización reciente, como Australia y Canadá.

Comparaciones odiosas

Los datos a 150 años de aquel gran hallazgo de Juan Bautista Alberdi son demoledores. California, aquel Estado desértico llamado a ser una gran nación al decir del padre de nuestra Constitución, tiene un PBI que representa 15 veces el PBI argentino. Los ciudadanos de California (el Estado que pudo haber sido la Argentina) cuentan con un PBI per cápita que ronda los 33.000 dólares año en tanto que en la devaluada argentina dicho valor asciende a sólo US$ 2500 dólares anuales, es decir, 13 veces inferior.

Quizás, el dato más elocuente nos refiere a la cantidad de empleados públicos que tienen hoy la Argentina y el Estado de California.

En la quinta economía del mundo trabajan en el sector público 2.158.000 empleados contando el nivel local (condados), el nivel estatal, y los agentes federales que trabajan en dependencias radicadas en dicho Estado. Mientras tanto, en la Argentina, en los tres niveles de gobierno se emplean 1.994.000 empleados, sin considerar los dos millones de planes Jefas y Jefes de Hogar que, según la última medición del Indec son considerados como trabajadores formales.

Esto quiere decir que mientras California y la Argentina tienen la misma población, la misma cantidad (aproximada) de empleados públicos, y nacieron prácticamente en la misma fecha con la misma Constitución, uno logró una productividad tal que supera en 15 veces la productividad del otro. Algo pasó en la Argentina.

A 150 años de la sanción de la Constitución Nacional cabe recordar a Juan B. Alberdi como su genio creador, pero también cabe un profundo examen para revisar qué pasó en la Argentina que, de ser la gran promesa del continente pasó a ser la gran desilusión.

El autor escribió los libros Raíces de pobreza. Las perversas reglas de juego en América latina y El robo del subsuelo . Asimismo es presidente de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

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