La canonización definitiva de un escritor argentino

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
Patti Smith se vistió de crítica literaria para escribir la reseña de un libro de uno de sus autores favoritos: César Aira
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12 de marzo de 2015  • 00:48

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges tuvo que esperar un buen rato para convertirse en Borges a secas: tiempo más, tiempo menos, digamos que alrededor de sesenta años. Esa era la edad que tenía cuando en 1961 recibió en Francia el Premio Formentor, compartido con Samuel Beckett. Para entonces había escrito sus libros fundamentales y era leído con devoción en los círculos intelectuales argentinos, pero la gravitancia de su obra no había logrado traspasar las fronteras nacionales. Como señala Beatriz Sarlo: "Borges tuvo muchos problemas para ser exportado de la Argentina, pese a que tenía admiradores europeos. Había algo que no terminaba de funcionar; le faltaba latinoamericanismo, color local, lo que de manera casi racista los europeos querían encontrar en un escritor latinoamericano. Era en un punto demasiado europeo, poco telúrico. Tardó en llegar a ese público europeo, hasta que a fines de los 70 una cita que hace Michel Foucault sobre Borges tiene un efecto multiplicador. Es como si hubiera llegado el momento Borges".

Los meses se convirtieron en años, pero el momento Aira parece haber llegado

Cinco años atrás, cuando terminó la Feria del Libro de Frankfurt en la que la Argentina fue el país invitado de honor, un grupo de escritores locales aprovechó para viajar a Madrid y Barcelona a promocionar sus libros. Entre ellos estaba el editor y novelista Damián Tabarovsky, que en una entrevista con el diario Público habló sobre su ensayo Literatura de izquierda, aparecido en España por esos días. Al final de la nota, en un párrafo perdido que ahora cobra especial relevancia, Tabarovsky opinaba sobre uno de los efectos que tendría la presencia argentina en Frankfurt. Escribía el periodista: "Nadie está libre del mercado, ni al margen. El propio César Aira, uno de los nombres que destaca Tabarovsky en su ensayo como gran referente de la literatura de izquierda, sufrirá en los próximos meses una de las campañas de marketing más intensas que haya vivido jamás el autor de Coronel Pringles, cuando la editorial New Directions ponga en marcha el rodillo que le convierta en el nuevo Bolaño del mercado estadounidense".

Los meses se convirtieron en años, pero el momento Aira parece haber llegado. El domingo pasado la cantante y poeta Patti Smith, figura central de la contracultura estadounidense de los años 70 (que publica sus libros en el sello neoyorquino New Directions), se vistió de crítica literaria para escribir la reseña de un libro de uno de sus autores favoritos: César Aira. No lo hizo en su blog personal, donde ya había advertido de su devoción por el argentino (al que llegó a través de una lectura apasionada de las novelas del chileno Roberto Bolaño, quien mencionara a Aira como uno de sus referentes), sino en un espacio un poco más relevante: las páginas de The New York Times. El texto de Smith sobre El cerebro musical y otros relatos, que aquí se editó como Relatos completos, no pasará a la historia como una de las lecturas más profundas de la obra de Aira (en nuestro país hubo y seguirá habiendo ensayos, incluso libros enteros, que dedicaron sus esfuerzos a poner en contexto el universo airano y calibrar su importancia), pero se trata de un paso decisivo para el encumbramiento del autor argentino en el mercado editorial más importante del mundo.

Se trata de un paso decisivo para el encumbramiento del autor argentino en el mercado editorial más importante del mundo

Smith habla de la "mente improvisadora" del autor de Ema, la cautiva (entre otros ochenta títulos, que se multiplican cada año) y de su "ojo cubista que ve las cosas desde muchos ángulos al mismo tiempo". Cuenta que cuando se enteró de su presencia, durante una conferencia en Dinamarca, corrió a su encuentro, y que una vez frente al novelista solo pudo decirle "sos alucinante" (solo podemos imaginar el extrañamiento de Aira frente a tal muestra de efusión). Y termina su texto con una frase que ya tiene destino de blurb de contratapa: "¡Ave César! Sólo puedo maravillarme por la cantidad de hilos que logra dominar para tejer sus propias historias, que van de la fábula política a las bromas enriquecidas con pensamiento filosófico".

A la realidad le gustan las simetrías, escribió cierta vez un escritor argentino. Aira tiene 66 años y en noviembre del 2014 fue distinguido en Francia con el premio Roger Caillois. El jurado aseguró en el fallo: "Tras la desaparición de Roberto Bolaño, Aira es uno de los escritores más importantes de América latina". Qué pasará con sus libros, que en principio se muestran más intelectuales y complejos que los de Bolaño, es un misterio tan grande como imaginar qué podrán entender los lectores estadounidenses cuando se enfrenten a gauchos que hacen abdominales, aborígenes que filosofan, cepillos de dientes que cobran vida y toponímicos como Pringles, Rosario y Flores. Pero la maquinaria canónica se ha puesto en marcha. Tampoco sabemos qué opina Aira de todo esto, llamado como está a un retiro silencioso cada vez más pronunciado, reverso exacto de la locuacidad pública de los últimos años de Borges. Para otro momento quedará la reflexión acerca de los cambios experimentados por las instancias de consagración literaria: un camino que al parecer antes trazaban los filósofos, y ahora depende de los gustos de las estrellas de rock.

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