
La conjura de los afrikáners para el retorno del apartheid
Extremistas blancos lanzaron una campaña de atentados contra la comunidad negra
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PRETORIA.- El corpulento hombre blanco caminó hasta el juzgado número 8, flanqueado por una docena de oficiales de policía negros, los cuales portaban rifles.
El prisionero, Thomas Vorster, cortés y de modos suaves, iba vestido con una camisa a cuadros y gafas con armazón de alambre. Sin embargo, las autoridades afirman que se trata de uno de los delincuentes más buscados de Sudáfrica, uno de dieciocho extremistas afrikáners acusados de conjurar con miras a derrocar al gobierno.
Se cree que Vorster, que fue acusado de traición la semana última, es uno de los líderes de un clandestino grupo de racistas, conocido como el Boeremag o Fuerza Bóer. La policía dice que él y los otros conspiradores -incluyendo a tres oficiales blancos del ejército- albergaban la esperanza de restaurar el mandato blanco en Sudáfrica mediante la toma de bases militares, liberando a asesinos de la era del apartheid y expulsando a la población negra del país.
Su arresto, el lunes de esta semana, se produjo apenas seis días después de que una mujer negra fue asesinada en Soweto, el mayor distrito de pobladores negros en el país, en uno de diversos atentados con bomba. Precisamente, algunos oficiales sospechan que personas blancas disconformes estuvieron detrás del ataque de Soweto, el cual ha sido descripto como el primer ataque coordinado por parte de separatistas blancos desde que terminó la segregación racial, en 1994.
La policía aún no ha vinculado los atentados dinamiteros de Soweto con el Boeremag, pero afirma que ambas conjuras reflejan claramente un resurgimiento del extremismo blanco en Sudáfrica.
Algunos conservadores de raza blanca en la localidad ya están dando la bienvenida a Vorster, de 52 años, así como a los atacantes no identificados, como si fueran héroes. Afirman que los hombres sencillamente estaban tratando de restaurar la dignidad y el poder a una comunidad afrikáner desilusionada por la acción afirmativa, la tasa de delincuencia y su propia influencia en baja, además de seguir fomentando sueños de un estado afrikáner independiente.
"Son combatientes por la libertad", expresó Fred Rundle, del Volksfront Afrikáner, alianza de separatistas blancos actualmente extinta, en referencia a los atacantes con bombas y el Boeremag.
"No deseamos la totalidad de Sudáfrica; sólo queremos un pedazo de tierra -aseguró Rundle en una entrevista telefónica-. Deseamos un territorio para nosotros mismos, donde seamos capaces de gobernarnos por cuenta propia. No queremos estar gobernados por gente con una cultura que nos es ajena. Con todo, aquí estamos, obligados a vivir entre ellos y a trabajar bajo ellos y todo eso. A menos que el gobierno aborde nuestras inquietudes, vamos a enfrentar esa clase de resistencia cada vez con más frecuencia", aseguró.
Funcionarios del gobierno afirman que los atacantes y sus partidarios representan apenas un extremo radical de la minoría blanca del país, la que conforma aproximadamente el 12 por ciento de la población. Los partidos políticos con mayor representatividad para los blancos aquí -la Alianza Democrática, el Nuevo Partido Nacional y el Frente de la Libertad- han condenado los atentados y las conjuras citados.
El ministro de la Defensa, Mosiuoa Lekota, se ha esforzado mucho por poner énfasis en que la mayoría de los sudafricanos blancos siguen siendo ciudadanos leales. "La vasta mayoría de los sudafricanos blancos favorece la estabilidad y un Estado constitucional -aseguró Lekota el mes último-. Aún estamos satisfechos con eso."
En el ataque de 1994, separatistas blancos detonaron bombas con la esperanza de detener las primeras elecciones democráticas del país. Pese a todo, al final muchos políticos blancos aceptaron la elección de Nelson Mandela como el primer presidente negro de Sudáfrica.
La Constitución incluye lenguaje que podría abrir el camino para la creación de enclaves étnicos, el resultado de una concesión de último momento durante las negociaciones previas a los comicios de 1994. No obstante, el asunto, que es crucial para muchos afrikáners separatistas, sigue sin ser resuelto en su mayoría.
No obstante, existen muy pocas dudas de que las inquietudes articuladas por el Boeremag y otros grupos de separatistas blancos seguirán resonando dentro de la mayor comunidad afrikáner, aun entre aquellos que no aprueban la violencia.
Marginación
A la gente la preocupa la marginación del afrikaans, que solía ser la lengua principal del gobierno del apartheid , pero cuyo uso está declinando a grandes pasos. En una decisión que indignó a mucha gente, en fecha reciente el gobierno decidió que el afrikaans ya no podía ser el único idioma de instrucción en dos universidades donde predomina el estudiantado afrikáner.
De igual forma, algunos blancos se preocupan por el aumento de la delincuencia y la acción afirmativa, la cual los ha obligado a competir con negros por los empleos.
Cientos de agricultores blancos han sido asesinados por negros en años recientes. La policía afirma que los asesinatos son al azar, pero muchos afrikáners los ven como parte de una conspiración enfocada a dar fin a su comunidad. De modo similar, la nula respuesta del gobierno al desalojo de agricultores blancos en el vecino Zimbabwe también ha disparado los temores.
"La oleada reciente de atentados, que ha sido atribuida a los afrikáners, constituye una clara indicación del serio aislamiento y disociación que experimentaron personas de la comunidad afrikáner", escribieron Koos Malan y Danie Goosen, del Grupo del 63, organización afrikáner de intelectuales y académicos, en una misiva dirigida al presidente sudafricano, Thabo Mbeki, la semana última.
Desafortunadamente, la política de su gobierno en lo concerniente a Zimbabwe ha contribuido considerablemente con la pérdida de confianza de la comunidad afrikáner en el gobierno, amén de haber hecho surgir serios interrogantes respecto de la forma en que sus intereses serán manejados en el futuro", escribieron Malan y Goosen.
"La violencia engendrada por estos atentados con bombas y actos de sabotaje no pueden ser condonados -escribieron los hombres-. Sin embargo, existe un grave riesgo de que el aislamiento entre afrikáners pudiera escalar, a menos que se examinen las causas subyacientes."
Algunos fiscales afirman que el Boeremag conspiró para derrocar al gobierno, de modo que pudiera surgir una república bóer en su lugar. En un plan secreto, conocido como el Documento 12, los hombres describieron una conjura en la que 3772 hombres iniciarían un plan de cinco etapas.
Entre los dieciocho conspiradores que fueron arrestados en meses recientes hay oficiales del ejército, agricultores, un catedrático y un vendedor. Serán sometidos a juicio el año entrante. No obstante, la evidencia sugiere que otros conspiradores siguen prófugos.
En septiembre, la policía descubrió un camión cargado de munición, bombas de gasolina y un rifle de asalto AK-47. El mes último, oficiales de policía descubrieron una acumulación de armas en una granja, incluyendo miles de rondas de munición, docenas de granadas y 16 bombas de fabricación casera. Ambos descubrimientos fueron vinculados con grupos de extremistas blancos pertenecientes a la derecha política.
Las autoridades han jurado capturar y enjuiciar a los restantes extremistas caucásicos. No obstante, Barend Strydom, asesino convicto de la derecha que fue indultado en 1992, dijo creer que el sueño afrikáner de una patria independiente se logrará finalmente, sin importar cuán improbable pueda parecer hoy.
Strydom, que mató a balazos a siete personas negras en 1988 con la esperanza de encender una guerra racial, dijo en una entrevista que sería un error descontar a los afrikáners radicales.
"¿Cuántos blancos habrían creído en 1912, cuando el CNA se formó, que la población negra llegaría a dirigir el país algún día?", preguntó Strydom, haciendo referencia al Congreso Nacional Africano. "Pudiera tomar cierto tiempo, pero uno debe seguir con la lucha", concluyó.




