La crisis financiera rusa
En Nuevos ricos, nuevos pobres, nuevo Rusia (Siglo XXI), B. Silverman y M. Yanowich explican el drama económico postsoviético
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La causa de la crisis financiera radica en los métodos gubernamentales para financiar el déficit entre ingresos y gastos. Los síntomas del problema se asomaban ya a fines de 1997, cuando la deuda interna se elevó drásticamente. El problema se ocultó porque la deuda pública y el déficit presupuestario de Rusia no eran especialmente graves. A fines de 1997, la deuda total rayaba en 200 mil millones de rublos, o el 42 por ciento del PBI, mucho menor que la de muchos países occidentales, incluyendo Estados Unidos.
Desde 1993, el déficit presupuestario federal ha sufrido disminuciones constantes, de 15,6 a 6,5 por ciento del PBI en 1997. Dado el grave deterioro de la producción agregada y de la inversión privada era de esperarse un déficit más alto para mantener la demanda agregada.
¿A qué se debió entonces que la deuda interna rusa se elevara tan rápido? El problema surgió por la decisión del ex ministro de Finanzas Boris Fedorov, en 1994, de acabar con la práctica inflacionaria de financiar el déficit mediante la emisión de moneda para pagar el déficit entre ingresos y gastos del gobierno. En lugar de eso, el gobierno empezó a vender títulos y bonos de la tesorería para financiarlo.
A comienzos de 1995, pese a la disminución de los déficit anuales del gobierno, el mercado de títulos (GKO) y bonos de la Tesorería (OFZ) comenzó a fortalecerse rápidamente. Este método financiero permitió al Banco Central de Rusia aplicar una política monetaria más estricta. Como corolario, en 1995 comenzó a bajar la tasa de inflación y se estabilizó el tipo de cambio del rublo. Se prestó poca atención a las consecuencias negativas de estas políticas.
A causa de lo incierto del clima económico y político, los inversionistas prefirieron comprar bonos a corto plazo. En 1997, el perfil de vencimiento de los GKO varió de uno a seis meses. Con el desencadenamiento de la crisis asiática y el precio a la baja de los energéticos (aspecto clave del tipo de cambio), la tasa de interés real sobre los GKO se elevó a toda prisa y a mediados de mayo alcanzó 150 por ciento. Estos índices eran imprescindibles para pagar a los acreedores conforme se vencían los bonos y para asegurar la estabilidad del rublo. Esto era importante para las oligarquías financieras porque tenían cuantiosos préstamos de los bancos extranjeros que exigían el pago en dólares, no en rublos.
A mediados de 1998, los pagos por intereses sobre bonos gubernamentales alcanzaron un tercio del gasto del gobierno. En julio de 1998, con la expansión de la crisis asiática, el mercado bursátil y el de bonos comenzaron a desmoronarse. Pese a los esfuerzos del FMI, el 17 de agosto de 1998, Rusia suspendió el pago de su deuda, situación que conmocionó a los mercados financieros internacionales. El poder del dinero había empujado a Rusia a la catástrofe social y económica.
Las elites financieras tuvieron un papel decisivo para desencadenar la crisis económica. El gobierno recurrió a los bancos controlados por aquéllas para financiar su déficit presupuestario; dichos bancos eran los principales compradores de GKO y OFZ. Como señalamos antes, los bancos manejaban el flujo de efectivo de los gobiernos central y regional. Estos depósitos eran oportunidades extraordinarias para obtener utilidades caídas del cielo al invertir en bonos de corto plazo o en mercados bursátiles. Pero en vez de invertir las espectaculares ganancias en capital del gobierno para revitalizar a las aquejadas industrias rusas, el dinero se envió a bancos extranjeros privados. Rusia había creado unos cuantos multimillonarios a expensas de su pueblo.
El dinero posee el mágico poder de crear ilusiones en torno de las relaciones económicas. El surgimiento de los nuevos ricos, que se beneficiaron con la especulación de los precios de las acciones y de la afluencia de fondos extranjeros a Moscú, hizo que la ciudad relumbrara (como señaló Martín Feldstein en 1997) con salones elegantísimos para los ricos y los poderosos. Pero los ricos no pagaron sus impuestos ni invirtieron en las industrias rusas. Y las políticas monetaria y fiscal dejaron sin liquidez a las oficinas públicas y a las empresas privadas, evitando que cumplieran sus obligaciones con los ciudadanos o con los obreros. Cuando la burbuja se rompió, se hizo manifiesta la existencia de una economía desmonetizada en Rusia.
La economía desmonetizada
En su afán por proteger el valor del dinero con el fin de asegurar su influencia sobre las decisiones económicas, los bolcheviques de mercado consiguieron crear un sistema económico donde el dinero dejó de regular el intercambio económico. Se calcula que la participación de las transacciones empresariales realizadas en forma de trueque o de otras formas no monetarias llegó al 70 por ciento.
El déficit de efectivo provocó que no se pagaran salarios y pensiones, motivo por el cual muchos rusos debieron recurrir a la producción de subsistencia, y a sus parientes y amigos para sobrevivir. Durante la época soviética, el dinero no desempeñaba un papel central en la economía. Irónicamente, los bolcheviques de mercado recrearon las características del viejo orden que pretendían destruir. ¿Cómo sucedió esto?
Parte importante de la explicación radica en la incapacidad de un Estado débil para cobrar impuestos incluso a empresas e individuos que podían pagarlos. La deficiente legislación fiscal, los endebles procedimientos para imponer leyes y la corrupción condujeron irremisiblemente a la evasión fiscal. Un ejemplo es el trueque como mecanismo de las empresas para ocultar sus ingresos al gobierno. Sin fondos suficientes, el Estado retrasa los pagos a sus empleados, pensionados y proveedores, y a los servicios sociales vitales. Pero esto es sólo parte de la historia.
Los reformistas esperaban imponer por ley que las empresas estatales privatizadas se reestructurarán o cerrarán. En la primera etapa de la reforma, la liberalización de los precios desató una inflación que virtualmente destruyó el capital de trabajo de casi todas las empresas. A falta de un sistema bancario moderno, y con la imposición de una política monetaria restrictiva, las empresas continuaron su producción echando mano de las relaciones con sus proveedores tradicionales, quienes les surtían las materias primas sin pago, o mediante trueques con proveedores y clientes nuevos.
Los ex directores rojos simplemente aplicaron las artes aprendidas bajo el sistema de mando administrativo. Las secuelas fueron la intensificación del endeudamiento interempresarial y del comercio por trueque. En 1992-1993 la resistencia del grupo de directores forzó al gobierno a distender su política monetaria y otorgar créditos a las empresas a tasas de interés por debajo de la inflación. Esto rindió frutos: la deuda interempresarial y el intercambio por trueque descendieron durante este período.
Esta situación se modificó después de 1994, cuando los reformistas comenzaron a implantar políticas monetarias mucho más severas.
Algunos cálculos afirman que la cantidad de dinero circulante en 1998 cayó por debajo del 12-15 por ciento del PBI. No es de sorprender que incluso las empresas rentables carecieran de liquidez para pagar a obreros y proveedores. Al restringir el crecimiento de la oferta monetaria, las tasas de interés real se elevaron cuantiosamente y los créditos a empresas se interrumpieron. En estas circunstancias, las empresas se endeudaron mucho más con los bancos, los cuales aprovecharon la coyuntura para incorporarlas a sus propias organizaciones financieras e industriales. Durante esta segunda etapa de la reforma proliferó el retraso en los pagos de salarios y el trueque, mientras las empresas con poca liquidez, a menudo con ayuda de los gobiernos regionales, buscaron formas de supervivencia.
Dado que la mayoría de las empresas carecía de efectivo para pagar impuestos, el gobierno les hacía préstamos a tasas de interés muy elevado, con dinero de los bancos controlados por la oligarquía financiera. Pero el dinero del que echaban mano los bancos para adquirir bonos gubernamentales era el que cobraban en favor del gobierno o el de las remesas de éste pagadas a través de los bancos. Gran parte del resto era dinero extraído por los bancos mediante estructuras GFI, el cual depositaban en el extranjero.
En busca de fomentar el poder del dinero, los bolcheviques de mercado crearon una “economía virtual” en la que el dinero dejó de incidir en las transacciones económicas. El trueque, los pagarés (verksel) y las multas fiscales son síntomas de una economía en franco declive. Muchas empresas no generan valor suficiente para pagar a sus obreros y proveedores, y al gobierno. Como los inversionistas privados y el gobierno se rehúsan a invertir en compañías prácticamente en bancarrota (pero no quieren o no pueden forzarlas a declararse en quiebra), esto provoca que las empresas de escasa liquidez sobrevivan mediante su propio sistema de crédito y el intercambio de sus productos. Irónicamente, como estas empresas funcionan al margen del sistema financiero han sufrido menos la crisis financiera de agosto de 1998. En realidad, ésta ayudó a las empresas industriales rusas, porque la grave devaluación del rublo y las restricciones financieras a la importación las hicieron más competitivas en los mercados interno y externo.
No obstante, la crisis financiera y el surgimiento de una economía de trueque dejaron al descubierto el funesto fracaso del bolchevismo de mercado.




