La cuesta abajo de los Franco
La muerte de quien había conseguido casarse con la única hija de Francisco Franco, el marqués de Villaverde, también conocido como "el yernísimo", deja a su viuda como la única administradora de los restos de la fortuna familiar.
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A las 20.20 de un miércoles del pasado mes de febrero, Carmen Martínez-Bordiú, más conocida por Carmen Rossi, "la nietísima", ejercía de madrina de ceremonias en el acto de presentación de Café Diet en el Casino de Madrid. Las cámaras de televisión y las fotográficas no tuvieron compasión de Carmen Rossi, uno de los personajes preferidos de la crónica rosa. Unos minutos más tarde, la nieta mayor de Franco se enteraba en un reservado de que su padre, Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, había fallecido en Madrid a causa de una hemorragia cerebral.
Ellos, los Martínez-Bordiú, fueron durante mucho tiempo un ejemplo por seguir. El fiel reflejo de cómo tenía que ser una familia bien que se preciase en un Estado católico, apostólico y romano. Franco, el caudillo, los guiaba. La historia les ha guardado su lugar. Que se va perdiendo en la memoria con la misma rapidez con que pasa el tiempo. Los jóvenes españoles no los conocen. Su poder político ha quedado reducido al cero absoluto, y su participación en empresas -la familia era accionista o estaba en el consejo de administración de al menos diecisiete firmas entre 1950 y 1979-, muy mermada.
La familia Martínez-Bordiú Franco vuelve a la actualidad por la muerte de uno de los suyos, Cristóbal Martínez-Bordiú, el marqués de Villaverde, Cris, para sus numerosos nietos. Padre, esposo y abuelo. Pero también "el yernísimo", el que consiguió casarse con la única hija de Francisco Franco y Carmen Polo, Carmencita, "la hijísima", el 10 de abril de 1950, con la que tuvo siete hijos. Fue en esa fecha cuando comenzó su historia oficial. Una historia que hasta el año 1975, fecha de la muerte de su suegro, dueño y señor de España desde el fin de la Guerra Civil, estuvo de su parte.
La personal comienza en Mancha Real (Jaén), donde vio la luz en 1922. Segundo hijo de los cuatro que tuvieron los condes de Argillo, el marqués era lo que se denomina un señorito andaluz. La naturaleza lo dotó con un buen físico y simpatía, que él puso al servicio de sus numerosas conquistas femeninas a lo largo de su vida. La más importante se gestó en La Granja de San Ildefonso (Segovia), donde hacía milicias mientras terminaba su carrera de medicina en la Universidad Complutense de Madrid, carrera que concluyó en 1944.
Guapo e impecable
Las jóvenes del lugar lo recuerdan guapísimo y siempre con un pantalón de franela blanco impecable.
"Tenía una novia, pero la dejó por Carmencita Franco, que pasaba el verano con sus padres en El Pozillo. La llevaba a bailar al Blas Club." El baile dio su fruto y hubo boda en el Pardo. A Carmen Polo le gustó, en un principio, emparentar con la aristocracia. Al final, según cuenta Jimmy Jiménez-Arnau, no le tenía simpatía y le decía a su hija: "Ese señor con el que te has casado". "Mi padre quiso pegar un braguetazo y vivir. En esto fue consecuente con su educación de señorito andaluz", declaró su hijo José Cristóbal en una entrevista.
Fueron la pareja de moda, entre actos sociales e inauguraciones. "Mis padres tenían muchos compromisos y no los veíamos mucho. Sólo pasábamos con ellos los veranos", contó Jaime, el pequeño de la familia. El marqués de Villaverde comenzó a sobresalir en su profesión. Fue adquiriendo cada vez más importancia, que se incrementó cuando su suegro enfermó de muerte.
Hoy queda poco del esplendor social de entonces. Pero sí queda algo de la fortuna, que está en manos de Carmen Franco Polo, duquesa de Franco -título otorgado por el rey en noviembre de 1975- y heredera de los bienes que poseían sus padres. "No, no creo que estén forrados", comenta un amigo de la familia. El encargado de gestionar el patrimonio familiar era el marido.
Entre los tesoros de la familia destacan los bienes inmuebles. "La inversión favorita de Carmen Polo era comprar pisos para asegurarse una renta", afirma un familiar que cree que la realidad no llega a los sesenta y dos departamentos de que hablan algunos. Es seguro que son propietarios del edificio de la calle de los Hermanos Bécquer Nº 8, de Madrid, donde vive la duquesa de Franco, y que ésta tiene otros en arriendo. Entre ellos, un edificio de cinco pisos adquirido en 1954 por Felipe Polo, hermano de Carmen Polo.
En Madrid, además, cuentan con la finca Valdefuentes, en Arroyomolinos, una extensión de casi 10 millones de metros cuadrados. Allí vive el quinto de los hijos, José Cristóbal, que regentea una escuela hípica, acompañado de su mujer y su hijo Daniel. La finca la adquirió su abuelo. Lo contaba el teniente general Francisco Franco Salgado-Araújo en Mis conversaciones privadas con Franco : "Es una finca espléndida, donde se cultivan infinidad de productos; tiene, además, ganado. No sé su extensión pero me pareció enorme. No le costó mucho, pero hoy [1954] su valor es grande, ya que tuvo la suerte de encontrar agua [...]. Dentro de unos años esta finca tendrá un valor incalculable".
Pero no todas las posesiones heredadas siguen en sus manos. La familia Martínez-Bordiú ya se desprendió de algunos de sus bienes. Como decía el marqués de Villaverde, en referencia al patrimonio de su mujer: "Llega un momento en que la vaca deja de dar leche y hay que comérsela".
El primer sacrificio se concretó en el palacio del Canto del Pico, en Torrelodones (Madrid). En 1937, el conde de las Almenas murió sin descendencia. En su testamento legó a Franco la finca Canto del Pico, de 82 hectáreas, como muestra de su gratitud por "reconquistar España".
La finca y la casa fueron vendi das en 1988 por algo más de 2 millones de dólares. El palacio estaba abandonado, a excepción de la casa de los guardas, donde se alojó Merry Martínez-Bordiú hasta que se divorció en 1979 del periodista Jimmy Jimenéz-Arnau. En 1986, el fuego amenazó la fachada del palacio. No es la única posesión que sufrió las llamas en sus andamios.
El Pazo de Meirás (La Coruña), que pasó a engrosar el patrimonio de los Franco en 1938 por donación gratuita de los coruñeses, organizada por el banquero local Pedro Barrié de la Maza -ennoblecido en 1955 con el título de conde de Fenosa-, fue pasto de un misterioso incendio en 1978. El Pazo, antigua residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán, volvió a saborear el lujo de antaño tras un lavado de cara en mayo de 1996, con ocasión de la boda de Arancha Martínez-Bordiú con el abogado coruñés Claudio Quiroga. Desde hace años han circulado rumores entre los lugareños de que los dueños vendían el Pazo. En 1983, el entonces presidente de la Diputación y actual ministro de Sanidad, José Manuel Romay, llegó casi a cerrar un trato con los marqueses de Villaverde por unos 400 millones de pesetas. Se oyeron críticas por comprar algo que había sido un regalo. El trato no llegó a cerrarse.
A estas propiedades hay que sumar el palacio de Cornide, situado en la parte antigua de La Coruña, que adquirió Carmen Polo en 1962 y podría estar valorada en 1.300.000 dólares.
Pero no todo el patrimonio de los Martínez-Bordiú viene de los Franco. Los Polo pertenecían a la clase acomodada de Oviedo, y de ellos heredó la duquesa de Franco La Piniella, en San Cucao de Llanera. Allí viven unos guardianes que se ocupan del mantenimiento de esta finca de piedra. Además, está el chalet que tenía el marqués en el pantano de Entrepeñas (Guadalajara), donde pasaba fines de semana jugando al paddle y al tenis. El fallecido tenía también su parte en la finca Arroyovil, en Mancha Real, heredada de sus padres.
Las propiedades de la duquesa de Franco pasarán, cuando ella muera, a manos de sus siete hijos, que han tenido que ir acostumbrándose a la pérdida del poder que la familia tuvo en tiempos de su extinto abuelo. Mientras éste vivió, mantuvieron la imagen de familia ejemplar. Luego saltaron los escándalos, los divorcios, las denuncias. Hoy, con la excepción de Carmen Rossi, que insiste de vez en cuando en ser portada de las revistas del corazón, se han convertido en ciudadanos anónimos.
No es de extrañar que la hija mayor levante tanto revuelo. Fue la primera en romper los moldes. Instigada por su padre, se casó en 1972 con Alfonso de Borbón y Dampierre, duque de Cádiz y nieto de Alfonso XIII. La pareja tiene dos hijos: Francisco (muerto en un accidente de tránsito en 1984) y Luis Alfonso, que trabaja en una entidad financiera. Se separaron en 1979. Carmen se fue a vivir a París con el anticuario Jean-Marie Rossi, del que tuvo una hija, Marie Cynthia, en 1985. En 1989, Alfonso de Borbón murió en un accidente de esquí en los Estados Unidos. Hace dos años, la nieta ejemplar se separó de su segundo marido y hoy comparte su vida sentimental con el arquitecto italiano Roberto Federici.
La segunda hija de los marqueses, Mariola, se destacó siempre por su vida discreta. Acabó su carrera de arquitectura ya casada con el también arquitecto Rafael Ardid, cuyo abuelo cumplió trabajos forzados en el aeropuerto de La Coruña, bajo el franquismo. No se puede decir lo mismo de Francis Franco, llamado así porque su abuelo le cambió el orden de los apellidos. En 1977, el tercer hijo del marqués fue condenado por cazar furtivamente en el Pardo; ejerció de propietario de un barcito de San Pedro de Alcántara (Málaga), alquiló la finca de Valdefuentes para rodar películas eróticas y de terror; en 1988, la inmobiliaria con la que se asoció en Chile, PRIM II, fue acusada de estafar casi 4 millones de dólares a unas seiscientas familias humildes.
Al señor de Meirás (título que le fue otorgado en 1988) tampoco le fue bien en su vida matrimonial. En 1981 se casó con María Suelves, hija de los marqueses de Tamarit, con la que tuvo dos hijos, Francisco y Juan José. El matrimonio se separó en 1990. Francis está actualmente unido a Miriam Guisasola, con la que tiene dos hijos: Alvaro y Miriam del Carmen. No da de qué hablar y continúa ejercitando su deporte favorito: la caza.
También han cesado los chismes sobre María del Mar, Merry , la más extravertida, que se casó en 1977 con el periodista Jimmy Jiménez-Arnau. La pareja se divorció meses después de que naciera su hija Leticia y el mismo año del primer divorcio de la hermana mayor, Carmen. Merry se fue a vivir a Canarias, donde trabajó como profesora de inglés. Ahí rehizo su vida sentimental con el norteamericano Gregor Tamler, al que se unió en matrimonio en 1986 en Nueva York, y del que se separó en 1991. El paradero de Merry durante estos últimos años se ha localizado en las Islas Vírgenes y Miami. En la actualidad vive otra vez en España, en casa de su madre.
El uniforme de Cristóbal V
José Cristóbal, el quinto en la lista, también tuvo sus más y sus menos al comienzo de la democracia. Abandonó su carrera de arquitectura por la militar al morir su abuelo. Todo parecía indicar que un miembro del clan continuaría con la profesión de Franco, pero la alegría duró poco. En 1982 dejó el ejército. Antes, reflejó su opinión en Interviu : "El uniforme me ponía cara de gilipollas", y decidió escribir su visión familiar en Cara y cruz: memorias de un nieto de Franco . Hoy regentea el picadero Cercano Oeste, en Valdefuentes.
Los últimos dos hijos apenas conocieron la etapa de las vacas gordas. "Carmen, Mariola y Francis vivieron como nietos de Franco; Cristóbal y Merry son fruto de la transición y Arancha y yo [Jaime] crecimos en la democracia", ha dicho el más pequeño. Ellos han protagonizado los dos últimos acontecimientos sociales de la familia. Jaime, abogado, se casó con la modelo Nuria March en noviembre de 1995; Arancha, restauradora de muebles, contrajo matrimonio en mayo de 1996 con el abogado gallego ya citado. Hasta sus bodas, ambos vivieron con sus padres.
Por Inés García-Albi
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