
La dignidad que nos merecemos
La dignidad humana es el derecho que tiene cada ser humano de ser respetado y valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones particulares, por el solo hecho de ser persona.
Kant distingue entre lo que tiene precio y lo que tiene dignidad. Establece que tiene precio aquello que se puede sustituir por algo equivalente, mientras que tiene dignidad lo que trasciende todo precio y no tiene nada equivalente.
Esa misma dignidad de la que nos habla Kant está directamente relacionada con los conceptos de libertad y responsabilidad. Y en este último punto la educación juega un papel fundamental, ya que el ejercicio de ser libres exige la formación de la inteligencia y la voluntad.
El ser humano es siempre digno porque puede decidir qué ser, porque no es solo lo que es, sino también la suma de sus aspiraciones y proyectos personales.
Desde septiembre a la fecha, los argentinos hemos tomado conciencia plena del concepto de dignidad. Tomamos conciencia de que ser respetados es más importante que cualquier otra cosa. Nos dimos cuenta que hay un gobierno que nos viene faltando el respeto.
Nos faltaron el respeto cuando se reunieron con amigos en Olivos mientras el pueblo estaba encerrado.
Nos faltaron el respeto cuando se vacunaron primero, mientras los abuelos y las personas de riesgo esperaban su turno.
Nos faltaron el respeto cuando nos dijeron que la heladera iba a estar llena y nunca estuvo tan vacía.
Nos faltaron el respeto cuando dijeron que venían a luchar contra la pobreza, simulando la inexistente “mesa del hambre” y hoy tenemos niveles de pobreza récord en todo el país.
Nos faltaron el respeto cuando venían a luchar contra la inflación y hoy no para de aumentar ese “impuesto” que pagan los que menos tienen.
Y nos siguen queriendo robar la dignidad cuando en actos públicos regalan garrafas, heladeras, bicicletas y cocinas, cuando se dan subsidios a diestra y siniestra, cuando se derrocha el dinero del pueblo en viajes de egresados con un evidente objetivo electoral.
Pero como decía al principio, la dignidad es aquello que no se puede comprar, aquello que no tiene precio, aquello que no se puede sustituir por otra cosa: ni por una garrafa, ni por una heladera, un subsidio o viajes de egresados.
El pueblo tomó conciencia de eso y obró en consecuencia diciendo basta.
Como argentino esto me hace sentir esperanzado y orgulloso de saber que nos dimos cuenta. El pueblo dijo basta. Dijo que todo tiene un límite, pero sobre todo, que hay un país que no renuncia ni renunciará a sus sueños y aspiraciones. Un país que no está dispuesto a ponerle precio a su dignidad.
Intendente de la ciudad de Chacabuco





