La fusión de las entidades

Alberto de las Carreras
Alberto de las Carreras PARA LA NACION
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12 de diciembre de 1998  

La fusión de ABRA y Adeba, las dos entidades más importantes de los intereses de la banca, otra muy importante de Copal y Unida, en la industria de la alimentación, y una tercera, en el ámbito de la construcción, constituyen hechos de gran relevancia para la organización institucional privada del país.

Representa asumir los cambios de la economía y el correlato de las fusiones y concentraciones que se verifican en las empresas.

Las entidades parecían estar dando la espalda a la extraordinaria movilidad registrada en el ámbito empresarial. La gran atomización institucional argentina representada por tres, cuatro y cuando no, cinco entidades que pugnan por la representación de los intereses en cada sector de la economía comienza a mostrar que, aunque con retraso, el proceso inexorablemente llega. La mora tiene su explicación, dado que la concentración empresarial sea por vía de fusiones, adquisiciones o simplemente por el crecimiento de unas empresas y el cierre de otras, posee una dinámica mayor que la de la vida institucional, donde cohabitan intereses diversos de difícil armonización. Las fuerzas centrípetas, sin embargo, son insoslayables.

Las razones del cambio

Los cambios introducidos en la economía argentina han armonizado los intereses de las empresas. Ha desaparecido la diferenciación entre el capital nacional y extranjero en la política económica, hecho central para el caso de la decisión de los bancos. La apertura de la economía y la desregulación han desdibujado las fronteras entre quienes procuraban un privilegio tarifario, una reserva de mercado o una regulación divisoria de aguas. Las privatizaciones cambiaron la naturaleza de las relaciones entre las empresas estatales monopólicas y sus proveedores, muchos de los cuales son hoy tanto empresas industriales como de servicios. La globalización está concentrando el empresariado y configura una nueva relación de poder entre las empresas, impulsando cambios en sus instituciones. La negociación con el Estado, por una parte, y en el plano internacional, por otra, tiene nuevas exigencias y costos más elevados. La relación con el Estado no está centrada en el Poder Ejecutivo, sino que requiere una constante vinculación con el Congreso y con los partidos políticos, que en el pasado aparecían y desaparecían por las fracturas institucionales conocidas. En el plano externo proliferan las negociaciones con la Organización Mundial del Comercio, con el Mercosur, el ALCA y la Unión Europea. Todo ello requiere recursos humanos y materiales abundantes que exigen el fortalecimiento de las entidades. La misérrima chequera de entidades empresariales atomizadas es incompatible con el escenario descripto.

Repensar las entidades

Los bancos, las alimentarias y la construcción, tres áreas de gran importancia económica, hacen punta. Ello es un nuevo hecho relevante de la economía argentina en la cual el abandono por parte del Estado de ciertas funciones debe ser seguido -cuando las funciones no fueran inútiles- por la adopción de responsabilidades por parte de los empresarios y sus entidades.

La transformación comentada tiene otras implicancias. Significa importantes cambios estructurales en la organización interna de las entidades.

Representa la necesidad de mudanzas en sus funciones, en su organización interna y concomitantemente, en sus recursos humanos, en las fuentes de sus ingresos y en la prestación de servicios a los asociados. Todo esto requiere repensar muchas de las entidades empresariales. Las decisiones de los tres sectores mencionados son solamente la punta del iceberg. Es de esperar que muchos otros sectores empresariales asuman la realidad lo más pronto posible.

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