
La importancia del superávit primario
Por Roberto Frenkel Para LA NACION
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Hace algún tiempo los argentinos descubrieron que la prima de riesgo país era algo importante en sus vidas. Sus fluctuaciones estaban relacionadas con los avatares de su trabajo, de sus ambiciones y de sus angustias. Se sigue midiendo, pero la cifra es poco relevante para la mayoría, porque aquí ya no indica lo que indicaba antes.
En Brasil, en cambio, la prima de riesgo país conserva su papel de termómetro, aunque no ocupa tanto lugar en la atención pública como el que ocupó entre nosotros, porque los países son parecidos, pero no iguales.
Otra noción inescrutable llama la atención ahora: el superávit fiscal primario -o directamente superávit primario-, con más familiaridad. Llama la atención, pero no inquieta, creo. Percibo que se lo mira con cierta distancia. Probablemente se entiende que el Fondo Monetario Internacional (FMI) apresta el terreno para exigir una cifra mayor y que el Gobierno se prepara para la resistencia. Pero la gente no se siente personalmente involucrada en la cuestión.
Hacemos mal. Lo que está en discusión nos afecta mucho, al país y a cada una de nuestras perspectivas personales. La cifra no tiene la cualidad agorera de la prima de riesgo país, pero un puntito más o menos puede significar que seguimos subiendo o que nos vamos para abajo. Se justifica, por lo tanto, dedicar esta nota al tema. Como en tantos otros, la comparación con Brasil es altamente aleccionadora, de modo que así lo presentamos.
El superávit fiscal primario (SFP) es una sosa noción contable. Sencillamente, es la porción de los ingresos fiscales por impuestos y contribuciones que el sector público destina a pagos financieros: intereses y amortizaciones de deudas. En muchos lugares es una materia menor, pero asume una importancia crucial en los países altamente endeudados, como es nuestro caso y el de nuestros hermanos del norte próximo, a punto tal de constituirse en el tema principal de condicionalidad de los acuerdos con el Fondo. Veamos en primer lugar cómo es tratada la cuestión en Brasil.
El año pasado, Brasil tuvo un SFP de 4,2% del producto bruto interno. Esta voluminosa cuantía no alcanzó a representar la mitad de los intereses de la deuda pública. Ni qué hablar de las amortizaciones. Para pagar intereses y vencimientos de capital que el SFP no alcanzó a cubrir, el gobierno de Brasil tomó nueva deuda. Así, a fin del año pasado, la relación deuda pública/PBI había subido otro escalón. Este aumento fue menor que el monto de intereses refinanciados, porque entre principio y fin del año bajaron el tipo de cambio y la tasa de interés, precios a los cuales está indexada gran parte de la deuda brasileña.
Los analistas de los agentes financieros expresan preocupación por los resultados fiscales. El SFP de Brasil no alcanza, dicen.
Si la relación deuda pública/PBI sigue aumentando, los mercados no aceptarán nuevas colocaciones de deuda y el gobierno no podrá entonces pagar intereses y amortizaciones. Hay que aumentar el SFP para mejorar la confianza. De esta manera bajarán la prima de riesgo país y la tasa de interés, el PBI crecerá y la relación deuda pública/ PBI tenderá a estabilizarse. La angustia quedará atrás y Brasil se acercará a la felicidad. Particularmente felices podrán sentirse los rentistas poseedores de papeles públicos, que asegurarán cobrarse anualmente alrededor del 10 por ciento del producto de Brasil. Digamos de paso que este monto es levemente inferior al total de gastos sociales del gobierno, incluyendo los pagos de seguridad social.
Un círculo vicioso
¿Suena familiar el argumento mencionado? Claro que sí. Nuestra capacidad de síntesis lo denominó "el argumento del círculo virtuoso". Como ocurrió antes aquí, en Brasil hasta ahora, el círculo se mostró vicioso.
Con Brasil como fondo, podemos presentar ahora la cuestión en la Argentina. Aquí, una parte de la deuda está siendo servida y otra parte está en incumplimiento, suspendidos sus pagos de intereses y amortizaciones. Se llegó a esta situación porque aquí se cortó la cadena de la bicicleta.
Por diferentes circunstancias y medidas, pero principalmente como efecto de la estabilización y la reactivación, se llegó a una situación fiscal que hace posible generar un SFP de 3 por ciento del PBI mientras la economía y el empleo siguen creciendo. Lo que el gobierno está tratando de hacer es repactar la deuda en incumplimiento, de modo de ajustar los nuevos compromisos que se asuman al SFP alcanzado, ni más ni menos. Esto implica una quita sustancial de la deuda emitida en su momento.
El FMI dice que el SFP no alcanza. Dice que deben lograrse cifras mayores de SFP -con más impuestos y menos gastos públicos- para mejorar nuestra oferta de pagos futuros por la deuda en reestructuración. El FMI y los voceros de los agentes financieros tienen dos razones pare esto, además del crudo interés.
Hay una razón que no admite ser muy publicitada. Se refiere al papel de caso testigo que juega nuestro país, para el FMI y el sistema financiero internacional. ¿Qué van a decir los brasileños? ¿Qué efectos tendrá la concreción de la propuesta argentina sobre los mercados de deuda? Son preocupaciones comprensibles. Pero no puede pedirse a nuestro país y su población echarse sobre sus espaldas la responsabilidad por un sistema financiero internacional que funciona sin orden ni concierto, cuando Estados Unidos y el G-7 rehúyen -ahora más que nunca antes- asumir la tarea de proveerlo de reglas e instituciones estabilizadoras. I am sorry . Zapatero a tus zapatos.
La segunda razón, la más publicitada, es una versión menor del mencionado argumento del círculo virtuoso, completado con la amenaza de convertir a nuestro país en un "paria internacional". Si incrementan el SFP y los compromisos de pago futuro -dicen-, más rápido podrán acceder nuevamente al mercado financiero internacional. ¿Para qué? Obviamente, para volver a endeudarse.
El argumento es mucho menos persuasivo que en Brasil. Allí está bajo el poncho la amenaza de las consecuencias del default. Aquí ya estamos en default. La estrategia "sugerida" por el FMI es a un tiempo altamente riesgosa y altamente improbable.
Además ¿quién quiere volver al endeudamiento internacional del sector público? Esto debe entenderse bien: con un buen final de la reestructuración de la deuda en default, el sector público no necesitará volver a endeudarse en el exterior y el sector privado podrá acceder al mercado financiero internacional a tasas menores que las previas a la crisis.
Colofón. Amigo lector y conciudadano: infórmese y preocúpese por el superávit primario, porque la cuestión lo toca de cerca. Para que el SFP sea mayor, la plata se la tienen que sacar a usted.
El autor es investigador titular del Cedes y profesor de la UBA.






