
La increíble inequidad entre gastos militares globales y ayuda humanitaria
Es bien sabido que hace años tres flagelos castigan fuertemente a determinados sectores de la población. Ellos son: la pobreza, las migraciones forzosas y los conflictos geopolíticos (con su correlato de gastos militares). Dado este escenario, el propósito de esta nota es analizar precisamente la situación actual de estos graves problemas, los cuales se exacerban unos a otros: en efecto, a mayor nivel de conflictos geopolíticos, mayores serán los gastos militares y mayor también el famélico ejército de pobres y migrantes forzosos.
Respecto a la pobreza, actualmente el Banco Mundial estima que la misma afecta a aproximadamente 830 millones de personas las cuales subsisten penosamente con un máximo de cuatro dólares diarios. Más grave aún, de este total, existe un subgrupo de 30 millones de miembros de diferentes etnias que viven en “pobreza extrema” (“indigencia”), disponiendo sólo de un ingreso promedio no mayor a dos dólares por día. En ambos casos, las poblaciones en cuestión viven en condiciones sociales, alimentarias y sanitarias realmente infrahumanas. Asimismo, cabe destacar que el 75% de esta población vive en el África subsahariana. A pesar de esta dramática situación los fondos de ayuda humanitaria para este flagelo se estiman en un monto del orden de los 50 mil millones de dólares.
En relación a las migraciones forzosas es necesario distinguir aquí a los “desplazados” (los cuales huyen de su respectivo hábitat natural, pero permanecen en su país de origen) de los “refugiados (los cuales abandonan sus fronteras). En ambos casos, la causa de estos dramáticos movimientos es el miedo a ser perseguidos por motivos de raza, etnia, pertenencia a un grupo social particular u opiniones políticas. Por su parte, la organización Acnur (Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados), encargada de proteger personas refugiadas y desplazadas, estima en 120 millones los marginales que viven lejos de sus hogares, los cuales en su gran mayoría subsisten en las mismas condiciones ya mencionadas de los pobres. Esto es: pésimas condiciones sociales, alimentarias e higiénicas. Cabe mencionar que, además, generalmente, viven hacinados en campamentos que distan de ofrecer mínimas condiciones de vida. A modo de ejemplo de lo anterior vale describir el campamento “Katu” “Palog”, ubicado en Bangladesh, el cual alberga 1,2 millones de refugiados en 12 km cuadrados; se trata de población budista de la etnia Rohinga, la que hace años sufre una violenta persecución por parte de la mayoría de la población de religión musulmana de Myanmar (ex Birmania). Este universo de refugiados y desplazados de 120 millones apenas recibe 20.000 mil millones de dólares de ayuda humanitaria.
En lo que hace a los conflictos geopolíticos, de acuerdo a las Naciones Unidas, al cierre de 2024 había nada menos que 40 procesos de este tipo -ya sea internacionales o domésticos- distribuidos de la siguiente manera: dos en América, siete en Asia y Oceanía, tres en Europa, ocho en Medio Oriente y veinte en África. Para advertir la gravedad de esta situación, basta mencionar que, a lo largo de las últimas décadas, el total de víctimas de estos conflictos se ha ido incrementado en forma creciente. A modo de ejemplo, Venezuela registra ocho millones de refugiados que han huido de la brutal represión del dictador Maduro. A este respecto, los escenarios más violentos, entre otros, han sido: Ucrania, Franja de Graza, Afganistán, Yemen, Nigeria, Sudán del Sur, Haití, Afganistán, Nigeria, República Democrática del Congo, Etiopía, Somalia y Malí. Asimismo, es necesario destacar que todos y cada uno de los 40 conflictos mencionados son demandantes recurrentes de armamentos, lo cual limita grandemente los presupuestos para ayuda humanitaria. Asimismo, son los principales generadores de migraciones forzosas, pobreza y graves violaciones de los derechos humanos. En este caso la ayuda humanitaria apenas alcanza los 15 mil millones de dólares.
Respecto al gasto militar mundial, de acuerdo al instituto independiente denominado SIPRI (Stockholm, International Peace Research Institute), en 1924 el mismo alcanzó 2,7 billones de dólares (millones de millones) lo cual representó un incremento del 9.4% en términos reales respecto al año anterior. Por su parte, los cinco países con mayores presupuestos militares (EE UU, China, Rusia, Alemania e India en ese orden) cubrieron el 60% del total mundial; con un gasto conjunto estimado en 1,6 billones de dólares. Si se proyectara al año 2025 el ratio de incremento del 9,4% registrado en 1924, el total de gastos militares aumentaría a un monto del orden de los 3 billones de dólares.
En síntesis, a nivel mundial se da un dramático escenario de una población marginal de 830 millones de pobres y 120 millones de migrantes forzosos, los cuales viven en condiciones infrahumanas y sólo reciben ayuda humanitaria por un un monto total insuficiente de 85 mil millones de dólares. Por su parte, el gasto militar mundial asciende a 3 billones (millones de millones) de dólares. Vale decir entonces que los gastos en defensa son 35 veces mayores que los fondos de ayuda humanitaria. Ante esta situación de gran inequidad -realmente incomprensible – sería conveniente y humanamente necesario disminuir en forma conjunta y gradual los gastos militares y, a través de la Naciones Unidas, aplicarlos a ayuda humanitaria. Caso contrario podrían surgir protestas de violencia de los marginales, con todas las consecuencias negativas que ello implicaría.





