
La Internacional Socialista y la tercera vía
Por Alvaro C. Alsogaray Para La Nación
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En 1968, escribí un pequeño libro titulado Bases para la acción política futura . En él me refería por primera vez a las "terceras posiciones", acerca de las cuales había algún debate. Desde entonces, en diversas oportunidades, el tema ha vuelto a plantearse y hoy reviste actualidad bajo la denominación de la "tercera vía". Gobernantes y partidos políticos, sobre todo europeos, se están refiriendo a ella. En la Argentina, a raíz principalmente de la reunión en Buenos Aires de la Internacional Socialista del 27 y 28 de junio, también se ha vuelto sobre el tema.
Al hablar de posiciones intermedias, terceras posiciones o terceras vías, surge la necesidad de definir los dos polos de acción que configurarían el primero y el segundo camino. No hay una opinión unívoca a este respecto. Desde la Segunda Guerra Mundial y mientras se libró la Guerra Fría, los dos polos citados eran el comunismo y el capitalismo. Producido el derrumbe del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, la gravitación del comunismo se vio fuertemente disminuida y la alternativa entre comunismo y capitalismo dejó de ser relevante. El socialismo, duramente golpeado por el desastre experimentado, está en estos momentos buscando una nueva identidad, y ésta es una de las razones por la cual se habla de una tercera vía.
La posición de Perón
La aparición de las terceras posiciones tuvo su origen durante la Guerra Fría. Diversos países y corrientes políticas no querían alinearse ni con la Unión Soviética ni con los Estados Unidos. En este enfoque debe incluirse la "tercera posición" de Perón. Pero terminada esa guerra, las citadas denominaciones han perdido completamente actualidad.
Hoy, cuando se habla de una tercera posición, se quiere significar algo distinto de las concepciones del pasado. La verdadera confrontación actual es socialismo versus liberalismo. El problema es que esa confrontación no aparece claramente definida. Se refiere ésta a ciertas corrientes dentro del liberalismo, como también dentro del socialismo. Estas tendencias se elevan así a la categoría de formaciones doctrinarias autónomas pero, aunque no se lo admita, no pueden ser separadas de las dos concepciones básicas: liberalismo y socialismo.
La confrontación actual ubica de un lado la economía de mercado y del otro la economía socialista. Cuando cae el comunismo en la Unión Soviética, no se ofrece como alternativa la democracia sino la economía de mercado. Esta pasa a ser una verdadera concepción política y hoy los dos polos de acción que dan lugar a la búsqueda de posiciones intermedias son la economía de mercado y la socialista.
El problema para los socialistas es que inevitablemente deben aceptar la economía de mercado. Esto ya ocurrió en Alemania cuando en Bad Godesberg la socialdemocracia debió inclinarse ante la economía social de mercado de Erhard. Mitterrand en Francia y Felipe González en España, líderes socialistas, debieron recurrir a la economía de mercado para poder gobernar. En Inglaterra, Tony Blair, para llegar al poder, debió cambiar la plataforma del laborismo en el sentido de incorporar principios de la economía de mercado. Pero estas experiencias no les resuelven la situación: por eso la ansiosa búsqueda de una tercera vía.
Punto crítico de la confrontación
¿En qué puede consistir esa tercera vía? Los socialistas se ven obligados a aceptar el funcionamiento del mercado, pero sostienen que evitarán los abusos e iniquidades derivadas de éste. No explican cuáles serán las medidas correctivas a través de las cuales regularán la actividad económica. Aquí es donde aparece el punto crítico de la confrontación. El liberalismo se apoya en la libertad económica bajo la forma de economía de mercado. El socialismo cree poder manejar la economía a través de intervenciones directas de mayor o menor grado.
Es esta disyuntiva, crucial e insalvable, la que separa las dos tendencias. Me refiero a las tendencias y no a modelos cerrados, ya que éstos no existen universalmente aceptados ni en el seno del liberalismo ni del socialismo. Hay variantes dentro de ambos sistemas. De lo que podemos hablar es de si las políticas concretas tienden hacia el socialismo o al liberalismo.
A raíz de esa diferenciación, se ve claramente que entre la economía de mercado y el socialismo no caben las terceras posiciones. El mercado, para poder funcionar, requiere que exista libertad económica. El socialismo pretende dirigir la economía mediante planes que deben cumplirse voluntariamente, lo cual es muy improbable, o coercitivamente. No hay manera de llegar a un compromiso entre ambos sistemas. Cualquier "mezcla" de principios lleva a que ninguno de ellos pueda funcionar eficientemente.
La reunión de la Internacional Socialista mostró la imposibilidad de una solución de esa clase. Esta ni siquiera fue discutida. Los líderes de la socialdemocracia ignoraron el tema, que en realidad, en los términos aquí planteados, les es desconocido. Cayeron en lo de siempre: enfoques políticos de los diversos problemas, sin referencia alguna a la "filosofía" que orienta las soluciones.
Búsqueda de identidad
La reunión de la Internacional puso en evidencia la desesperada búsqueda de socialistas de todo el mundo de su nueva identidad. Aplastado por el inocultable fracaso del socialismo soviético y puesto ante la necesidad de gobernar en varios países, el socialismo presuntamente democrático se debate en estos momentos ante la necesidad de ofrecer una solución distinta de la que proponía en el pasado para el ordenamiento social. De ahí su ansiosa búsqueda de terceras posiciones, ya sea bajo el nombre de "tercera vía" o de "tercer camino", que hasta ahora no han logrado concretamente definir.
La conclusión es que no existe la posibilidad de terceras posiciones en el ámbito económico. En éste, o se es liberal, apoyándose en la economía de mercado, o se es socialista, sobre la base de la planificación y del dirigismo económico. Una vez más, quiero recordar la admonición de Rueff: "Sed socialistas o sed liberales, pero no seáis mentirosos".





