
La línea infinita de Pedro Strukelj
Un cronista gráfico, musical y viajero del siglo XXI, ilustra una novela en sonetos de Pedro Mairal y un libro sobre el Nuevo Jazz Argentino
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En las últimas semanas, salieron dos libros ilustrados por Pedro Strukelj. Uno de ellos es El Gran Surubí, la novela en sonetos que Pedro Mairal había publicado originalmente en la revista Orsai, editado ahora por Emecé. El otro, de Fernando Ríos, es Un panorama del jazz argentino (2000-2020), flamante lanzamiento de Gourmet Musical.
A Pedro lo conocí hace cinco años, en Exib, la feria dirigida con calidez por Adriana Pedret, la gestora cultural venezolana -radicada desde hace dos décadas en el País Vasco-, que promueve la música iberoamericana en el continente europeo. En aquella ocasión, la sede del encuentro fue Evora, la capital de la región del Alentejo, en el centro de Portugal. Se trata de una encantadora ciudad amurallada, con ruinas que datan del imperio romano y unas callecitas por las que da gusto perderse.
Hasta allí llegamos con el gestor cultural y percusionista santafesino Eduardo Baborovsky, el mexicano Enrique Blanc y mi compatriota Gabriel Plaza, colegas de la incipiente Redpem (Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica), para brindar conferencias y establecer vínculos para unir al ecosistema cultural a ambos lados del océano. Fueron tres jornadas inolvidables, llenas de música en todas partes. En iglesias, en castillos, en las plazas y, también, en las tabernas.
La cofradía melómana incluía al madrileño José Manuel Gomez Gufi, eminencia del flamenco; al musicólogo peruano, radicado en Alemania, Julio Mendívil (que presentó allí En contra de la música, otra edición de Gourmet) y la periodista colombiana Liliana Ramírez, entre otros. El restaurante A Tapiera, atendido por Doña María Eduarda, fue la sede de comidas, tertulias y zapadas inolvidables, donde las melodías del altiplano que traía Julio en su charango se mezclaban con rumbas catalanas, fados y chacareras, integrado a las otras mesas en una peña multicultural regada por varias botellas de licor (gentileza de la casa) que se extendieron hasta altas horas de la madrugada. (La versión de “Cariñito”, un standard de la cumbia, fue épica.)
Allí estaba Pedro, con su libreta y su pluma, registrándolo todo, de un modo igualmente minucioso y sensible. Su presencia no era casual. Es que Pedro, dibujante con formación de arquitecto y un especial interés por el dibujo como acción, se ha especializado en la crónica ilustrada en contextos musicales, congresos y viajes. Un pintor viajero con un trazo propio y una notable capacidad de observación y síntesis. Con afán renacentista, también es gestor cultural y divulgador musical en Radio Pájaros.
Strukelj nació en Lanús en 1974, creció en Veracruz y vive en Barcelona desde hace 20 años. Parte de sus crónicas musicales ilustradas están compiladas en el proyecto editorial y expositivo ¡Mira cómo suenan!, pero también ha realizado tapas para libros de Leo Maslíah y Pau Janer, y ha ilustrado poemas de Alberto Szpunberg y Ariadna Lluís. También ha hecho las portadas de discos de la cantora colombiana Marta Gómez y el contrabajista y compositor Juan Pablo Navarro.
Para el indispensable libro del Nuevo Jazz Argentino, que cuenta con un prólogo de Sergio Pujol, Pedro reunió dibujos que había realizado en directo a lo largo de los últimos 12 años. Allí se pueden distinguir a Paula Schocron, Juan Pablo Navarro, Francisco Slepoy, Ana Archetti, Guillermo Calliero, Sergio Verdinelli, Camila Nebbia y Marcelo Moguilevsky, entre otros nombres que con su música alimentaron el panorama jazzístico local en el nuevo milenio.
Para El Gran Surubí, el proceso fue diferente: “Empecé a dibujar la parte más urbana de la historia, el fútbol, la cuestión de la reclusión y la salida al río, siempre tratando de que esta línea continua con la que dibujo, se relacione con el cauce de la historia, con la historia en el agua, con las partes más abstractas y con las partes más figurativas”. A veces con colores, a veces simplemente con una línea negra sobre fondo blanco, Strukelj nos lleva con sus trazos en un viaje mágico e infinito.


