Reseña: Argentina beat

La mezcla de la vida y las palabras, en unaantología de los grupos Opium y Sunda
Elvio E. Gandolfo
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31 de diciembre de 2016  

Alguien hizo notar que leer Argentina beat , libro que reúne páginas de dos grupos literarios de los años sesenta prácticamente olvidados, Opium y Sunda, era como leer una revista. Son, en todo caso, dos revistas, con claras diferencias.

Los nombres nucleados alrededor de Opium tenían como emblema una frase del poeta estadounidense Ezra Pound: “Cantemos al amor y el ocio, nada más merece ser habido”. Ocupan menos de cien páginas en esta recopilación, pero tienen un perfil particular: cumplen a rajatabla la idea de mezclar vida y palabras. Como producto estético y como manifiesto, pasadas varias décadas, más que los textos del grupo funciona una película: Tiro de gracia, de Ricardo Becher. Los integrantes de Opium –Mariani, Ruy Rodríguez, Isidoro Laufer, Sergio Mulet y Marcelo Fox– surgen en la memoria más como “beatniks argentinos” que como autores.

La autenticidad trágica recae en Sergio Mulet, el más “pintón” del grupo. Estuvo cinco años en una cárcel de Bolivia, en los años 70 pasó por Ibiza, en los 80 se instaló en Madrid, donde vivió largo tiempo. En 2007 se fue a Rumania con su última mujer, que lo mató ese mismo año con arma blanca en una aldea de Transilvania. Los otros integrantes cumplen con las “derivas literarias” de las que habla el libro. Mezclan estilos diversos y fugaces: autobiográficos, a veces automáticos, pegados a la experiencia. Cada uno considera a su vez a los otros miembros del grupo esenciales.

En comparación, el grupo Sunda es más literario, insiste en búsquedas más definidamente estéticas. Entre los integrantes sobresaldrían con el tiempo voces como las del narrador Néstor Sánchez y el poeta Gianni Siccardi, que elaboró una obra donde se inscriben con alto rendimiento expresivo el amor y un estar en el mundo profundamente lírico. El grupo también albergó al artista plástico y cineasta Leandro Katz, que tendría una larga carrera experimental e itinerante.

La selección de Argentina beat presenta en los dos casos muestrarios diversificados, ejemplares de cierto modo de entender lo literario o creativo, incluyendo la rebuscada seriedad trascendente: “Te puedes llegar a morir, como todos nosotros, porque morirse es una costumbre de los hombres”, dice Sergio Mulet en una carta, con una insólita fulguración borgeana (“Morir es una costumbre que suele tener la gente”, dice Borges en una de sus milongas).

El libro no sólo opera como rescate de una época fundacional creativamente rica, poco frecuentada, sino también como inductora de una nostalgia particular. Contribuye a la solidez del volumen el prólogo de Rafael Cipollini, bautizado como “guía inconclusa”. Y los nueve textos del apéndice, desde “Hippies” (publicado en la revista Primera Plana) hasta “Carta a alguna parte” de Ruy Rodríguez, que despide en 2004 a Mariani: “Te voy a extrañar. Quedan los libros, los últimos poemas y la firmeza del abrazo que sabíamos era de despedida”. Ese abrazo había sido dado en Zapala, sitio al que se había retirado a vivir Mariani.

Argentina beat funciona como una máquina del tiempo, pero también como reflejo de dos grupos literarios que, si bien tuvieron muchos puntos de contacto (ante todo las lecturas) con los “beat” norteamericanos, elaboraron un perfil de lo fugaz y existencial nítidamente argentino o latinoamericano en su lenguaje e inflexiones. El poeta Gianni Siccardi, por ejemplo, escribe: “Hacia el sur/ hay exilios y pequeños arbustos/ ladrones de caballos/ mujeres acribilladas por la sequía y la pobreza del sol/ hacia el norte/ posadas y siestas y andenes lentos y frenéticos/ yugulares enardecidas por el polen/ bocas que esperan un golpe de placer”. Ese montaje donde se mezclan las imágenes reales –mujeres, caballos y andenes– con el surrealismo –que invade el ritmo– recuerdan a la vez a cierto Neruda y a Enrique Molina.

ARGENTINA BEAT

Varios autores

Caja Negra

300 páginas

$ 270

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