
La moral emocional
El domingo pasado, LA NACION expuso algunas de las ideas del psicólogo Jonathan Haidt, quien subraya la naturaleza emocional de nuestro juicio moral. Según Haidt, tendemos a pensar que nuestros juicios morales provienen de una exhaustiva deliberación racional, pero en realidad sucede lo inverso. Primero juzgamos moralmente, y luego justificamos racionalmente ese juicio. Sabemos que algo "está mal" y recién luego corremos al auxilio de la argumentación para sostenerlo y defenderlo. Las creencias para actuar corren por un andarivel paralelo al de las justificaciones. Saber que algo está mal es una vía completamente diferente que explicarlo. Haidt se enrola en la línea de Hume, para quien las impresiones de la reflexión se reducen a nuestras pasiones y emociones.
La razón no sería más que la secretaria de prensa de las emociones, es decir, saldría a justificar lo que las emociones ya han decidido. Esto es palpable en muchas discusiones que tocan las creencias más profundas, en las cuales, argumento tras argumento, sólido o endeble, una persona se empeña en defender algo. Está claro que ya tiene decidido lo que cree sobre ese algo, y la discusión no es más que el ejercicio de abogar por ello. Haidt utiliza la metáfora del elefante y el jinete para ilustrar la moral subterránea que nos gobierna. Nos hemos enfocado excesivamente en el jinete, sin dar cuenta de que la dirección que tomamos está dictada por ese simpático animalito. El jinete busca justificar el camino que ha tomado el elefante sobre el que está montado. (Así es, tal vez, como un encumbrado animalito ha convertido el mundo en un bazar.)
El método de Haidt tiene algo de socrático: realiza ingeniosos experimentos en los cuales la gente de inmediato responde ante un estímulo, diciendo: "Está mal". Pero al rebatírsele los argumentos, la persona sigue creyendo que está mal, aun sin una justificación racional. La perplejidad aumenta, pero la decisión tomada mediante su juicio emocional más profundo no se altera. A su vez, la "ignorancia" no le impedía a Sócrates actuar ni le impedía creer. Sólo les daba a esos actos un carácter más leve. Haidt cita a Max Weber: "El hombre es un animal suspendido en redes de significación que él mismo ha tejido". El hecho de que uno sea consciente de ello no hace menos fuerte esas redes, pero tal vez le dé cierta humildad a las convicciones.
evnoailles@yahoo.com.ar






