La nueva encrucijada del Mercosur

Federico Poli
Federico Poli PARA LA NACION
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30 de octubre de 2015  

L a reciente firma del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP) entre Estados Unidos y 11 países del Pacífico -entre ellos, Chile, Perú, México y, en espera, Colombia- constituye un acontecimiento de máxima trascendencia global. Este bloque representa el 40% del PIB y un cuarto del comercio mundial, e implica que alrededor del 40% del comercio de EE.UU. tendría lugar en el marco de un único Tratado de Libre Comercio.

El TPP debería despertar a los países del Mercosur de la siesta en la que entró este bloque desde que el gobierno argentino empezó a abusar de las decisiones unilaterales de política comercial externa poniendo en riesgo "la paciencia estratégica" del Brasil de Lula. A principios de año, "Pepe" Mujica, con realismo, nos recordó que no se puede construir integración olvidándose de las reglas y acuerdos consensuados. Pero las decisiones unilaterales de la Argentina y la politización del proceso de integración, que permitió la incorporación de socios como Venezuela, hicieron retroceder la construcción del Mercosur en la última década.

El mundo siguió adelante y dejó descolocados a nuestros países. Los avances de los megaacuerdos de comercio e inversión TransPacífico y TransAtlántico pueden abrir una fractura mayor. El TPP podría actuar como acelerador del Acuerdo de Inversiones y Comercio Trasatlántico (TTIP), entre EE.UU. y Unión Europea, que se lanzó a mediados de 2012 e implica casi un tercio del comercio mundial de bienes y 40% de la producción mundial.

Muchos analistas visualizan en estos dos mega-acuerdos una respuesta de EE.UU. al proceso de expansión de China, ya que aislan al gigante asiático a través de regulaciones al comercio y a la inversión; el TPP es un ejercicio de integración que está concebido sin China y con los países que representan un tercio de su comercio. Así, pareciera que EE.UU. vuelve a escribir, con Europa y Japón, las reglas del comercio global.

La amplitud de los temas abordados en los megaacuerdos vacía de contenido el avance de la OMC, que sigue empantanada en temas del pasado. Estos megaacuerdos acabarán desplazando a los establecidos multilateralmente, y serán unos pocos países los que definirán las reglas que serán, eventualmente, aceptadas por el resto; por eso es importante poder participar de estas negociaciones.

La heterogénea América latina tiene una oportunidad. Los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) tienen acuerdos comerciales con EE.UU., la UE y Japón (Colombia está aún en negociación). A su vez, ninguno de los países del Mercosur ha firmado tratado de libre comercio con estos espacios, pero (excepto Venezuela y Bolivia) tienen en marcha la negociación de una Asociación Estratégica con la UE, que lleva 15 años de demora. Claro, los países que tienen acuerdos con EE.UU. y la UE estarán en mejores condiciones de negociar su ingreso al TTIP, más si ya son parte del TPP.

Dos consideraciones para una estrategia comercial del Mercosur. Primero, el Atlántico desarrollado (EE.UU. y la UE) constituye el principal socio comercial del Mercosur (un tercio de sus exportaciones y de sus importaciones). También de estas zonas provienen las principales inversiones y, a su vez, es la región del mundo hacia donde las empresas multilatinas se han expandido. Segundo, si el TTIP se consolida, los países no participantes en él sufrirán un efecto negativo sobre sus exportaciones.

En este contexto, la mejor estrategia de Mercosur para integrarse al mundo parece cerrar un buen acuerdo con la UE, que podría lograr "una carambola": con un solo movimiento sería posible mejorar su posicionamiento externo en dos frentes. Por un lado, nos dejaría con una buena base para negociar ser parte del TTIP y, por otro, co-mo señala CEPAL, permitiría que América latina tenga un mínimo común denominador para poner en marcha una integración regional. Todos (con la excepción de Bolivia y Venezuela) tendrían acuerdos con la UE en comercio de bienes, servicios, inversiones y compras públicas, capítulos sobre los que la región hoy carece de bases comunes. El Mercosur corre el riesgo de quedar apartado del resto del mundo. Es cierto que los subsidios agrícolas de la UE aparecieron como una barrera difícil de sortear en las negociaciones, pero esto no justifica la paralización del proceso durante 15 años. Ahora el Mercosur debe mover fichas. El avance reciente de las negociaciones con la UE y la preocupación expresada por los empresarios brasileños sobre el riesgo de aislamiento económico son muestra de que se tomó conciencia.

Sin embargo, la coyuntura no parece la mejor para Europa, ocupada en resolver los problemas de crecimiento y alta desocupación, la crisis griega, la emergencia humanitaria de los migrantes, y con sus energías negociadoras en cerrar el TTIP con Estados Unidos. A eso se suma que, a pesar de seguir siendo el bloque latinoamericano más relevante, el Mercosur, con la crisis brasileña y argentina, perdió algo del encanto que tenía hace unos años cuando era una región que crecía por encima del mundo desarrollado. Sin embargo, los estadistas de la región sabrán encontrar opciones para una buena integración en la economía mundial, aunque el tiempo perdido los obligue a enfrentar los problemas con menos margen y a ofrecer soluciones más costosas.

Economista

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