
La salud en el 2000
Por Marcos Neuman (para La Nación )
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De las profecías acerca de la crisis informática de fin de siglo, las referidas a la forma en que se verá afectada la atención de la salud requieren, sin duda, especial atención. Entre apocalípticas y moderadas, pasando por todos los matices, existen numerosas voces que claman por una mayor toma de conciencia de un problema que, en algunos casos, alcanzaría a poner en riesgo vidas humanas.
El simple cambio de fecha del último segundo de 1999 al primero del 2000 puede determinar la alteración del funcionamiento de los sistemas de información de hospitales públicos o clínicas privadas que no se hayan preparado debidamente para enfrentar el llamado "síndrome Y2K". Lo complicado del asunto es que no sólo se verían afectadas las computadoras, sino también muchos aparatos médicos que poseen en su interior componentes controlados por microprocesadores (más conocidos como chips). No es tan alarmante que a un paciente que consulte por un chequeo de rutina le toque un turno para enero del año 1900, pero si en una sala de terapia intensiva un respirador microprocesado que mantiene las condiciones vitales de un paciente detiene su funcionamiento, el problema es decididamente grave.
La idea de consignar fechas usando sólo dos dígitos para el año en vez de cuatro (10/07/63, por ejemplo) se originó en la necesidad de aprovechar el mayor espacio posible que imperaba alrededor de los años 60, cuando los medios utilizados para el almacenamiento de datos tenían mucha menor capacidad que en nuestros tiempos, y, además, eran muy costosos. Era de suponer que cuando llegara el año 2000 las máquinas lo confundirían con el 1900, pero se esperaba que para una época "tan lejana" esos sistemas estarían en desuso. Craso error: hasta hace muy poco tiempo siguieron fabricándose tecnologías incompatibles con el cambio de siglo, y a escasos meses de la fecha clave, se sabe que resulta imposible corregir el problema en su totalidad.
La aguja en el pajar
Ocurre que la solución no es sencilla: el Y2K afecta tanto a computadoras como a programas que pueden poseer millones de líneas de código. La tarea de rastrear aquellas líneas que empleen fechas para efectuar cálculos (de los cuales depende el funcionamiento correcto del programa) equivale a la vieja metáfora de la aguja en el pajar y requiere personal especializado que trabaje con dedicación exclusiva y la suficiente antelación para encontrar cada una de las partes y repararlas. La consultora internacional Gartner Group estima en más de 600 mil millones de dólares la cifra que debería invertirse en todo el mundo para la adecuación total de la tecnología informática.
Con respecto a los aparatos médicos, no es necesario que el equipo muestre una fecha a la vista del usuario para encontrarse en riesgo: muchos aparatos contienen chips que hacen cálculos con fechas sin que nadie se entere. Según la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos, más de 15 mil dispositivos vinculados con la atención de la salud exigen ser revisados. Esto no significa que todos vayan a fallar, pero la diferencia entre los que sortearán el problema y los que no a veces radica en detalles muy precisos como el modelo, número de serie o tipo de software que utilice.
Sectores críticos
Por lo tanto, resulta imprescindible identificar sectores críticos, en los cuales la eventual anomalía de algún componente del equipamiento médico implique como consecuencia un deterioro importante en la atención del paciente. Ecógrafos que calculen mal el tiempo de gestación, marcapasos que no funcionen, respiradores que se detengan, son algunas de las fallas graves que pueden suceder. En el nivel nacional, se han efectuado relevamientos en sectores clave como terapia intensiva, unidad coronaria, servicios de emergencias, quirófanos, neonatología y áreas de esterilización.
La Argentina es considerada como una de las naciones que no se hallan bien preparadas para resistir el golpe, galardón compartido con países como Malasia e India. Las resoluciones 145 y 146 dictadas por el Ministerio de Salud y Acción Social en febrero último fijan la fecha del 1º de septiembre como límite para el funcionamiento de equipos que no hayan superado el test de compatibilidad del año 2000. Según Felipe Abad, funcionario del mencionado ministerio, la casi totalidad de los hospitales en el ámbito nacional ya han cumplido la etapa de relevamiento y se está gestionando con los proveedores de los aparatos la obtención del certificado correspondiente. En este sentido, existe una ley de garantía de calidad que representa un importante instrumento de presión para que proveedores y fabricantes se hagan cargo de eventuales reparaciones. No se debe dejar de lado que los litigios que surjan a partir de desastres ocasionados por el Y2K podrían alcanzar en todo el mundo la lapidaria cifra del billón de dólares. Menudo problema, si se toma en cuenta que las partes demandadas no podrán alegar en su defensa razones como ignorancia, fuerza mayor o caso fortuito.
El sector de la salud es, tanto aquí como afuera, uno de los peor preparados para el Y2K y, como el tiempo apremia, todos los esfuerzos apuntan a elaborar planes de contingencia. Por ejemplo, si se prevé que en una sala de terapia intensiva un respirador microprocesado va a fallar, deberá estar disponible otro equivalente que no tenga chips; si a su vez cesara la provisión de corriente eléctrica, deberá contarse con dispositivos que funcionen manualmente y personal provisto de linternas y adiestrado para responder sin necesidad de improvisaciones.





