
La singular historia de la coima que nunca ocurrió
Según documentos del Banco Mundial, el cuñado del Presidente quedó atrapado en medio de una puja administrativa
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Los problemas entre el Banco Mundial y el Ministerio de Salud empezaron mucho antes de que el cuñado presidencial Basilio Pertiné se viera involucrado en una denuncia por supuesta corrupción.
Es más: según testimonios y documentos del Banco Mundial, a los que tuvo acceso La Nacion, el cuñado presidencial quedó atrapado en medio de una encarnizada pelea administrativa que tiene por protagonistas a una importante funcionaria de la cartera de Salud y a un técnico del Banco Mundial que trabaja en la Argentina.
El caso había sido originalmente denunciado por el constructor Jorge Quaglia en el programa Día D, conducido por Jorge Lanata. Quaglia había sido objeto de un pedido de coima por parte de un supuesto técnico del Banco Mundial. Pero durante la emisión televisiva el empresario fue más allá y contó que el pedido de coima le costó un contrato en el que tenía que supervisar a la empresa de construcción del cuñado presidencial, Basilio Pertiné. Los periodistas de Día D dedujeron que Pertiné podría haber movido influencias para perjudicar a Quaglia y publicaron esas sospechas en tapa de la revista XXII.
Una pelea ajena
La pelea original involucra, por un lado, a José Moscoso, el especialista del Banco Mundial a cargo de supervisar los programas de esa entidad para modernizar el sistema de salud de la Argentina. Por el otro lado, a la arquitecta Astrid Debuchy, la funcionaria del Ministerio de Salud a cargo de la ejecución de esos programas. En el corazón de la disputa está el manejo de los 204 millones de dólares que el Banco Mundial y el Estado argentino asignaron a estos programas para mejorar hospitales públicos. Según Moscoso, Debuchy intentó favorecer a ciertas personas y empresas con manejos poco transparentes y cuando él se opuso, ella intentó desplazarlo con la esperanza de que el banco designara a un funcionario más maleable.
Según Debuchy, desde el primer día Moscoso obstaculizó su labor con trabas y objeciones burocráticas sin sentido. ¿Y Pertiné? Pertiné fue involucrado indirectamente en un extraño pedido de coimas en el que aparece grabado un funcionario de tercera línea del Ministerio de Salud invocando el nombre de Moscoso. En la grabación queda claro que se trata de un falso Moscoso y no el funcionario del banco.
Debuchy alentó al empresario que recibió el pedido de coima, Juan Pablo Quaglia, a hacer la denuncia pública en el programa de Lanata donde por primera vez surgió el nombre de Pertiné. Según Moscoso, la intención de Debuchy era perjudicarlo con la difusión de la cinta, en la que él aparece mencionado varias veces. La Oficina Anticorrupción, que investiga el pedido de coima, salió a aclarar que Pertiné no era objeto de su investigación. (De hecho, la OA solamente investiga a funcionarios públicos y Pertiné no lo es.) El Banco Mundial aclaró lo mismo. Pero el daño estaba hecho. Si existen pruebas concretas que incriminan a Basilio Pertiné en un acto de corrupción, hasta ahora nadie las dio a conocer.
Se podría decir que esta historia empieza en diciembre de 1999, cuando Moscoso vetó dos nombramientos. Se trataba de los postulantes para hacerse cargo de dos gerencias del Pressal, un programa dentro del Ministerio de Salud con financiamiento del Banco Mundial para la reforma de hospitales públicos en la Argentina.
Uno de los postulantes cuestionados era Juan Ignacio Doberti, pariente político de un alto funcionario del Ministerio de Salud, que a criterio de Moscoso no contaba con los antecedentes necesarios para ocupar su cargo. La otra postulante era la arquitecta Patricia Gentile, que anteriormente había participado en la elaboración de un relevamiento sobre el hospital Fernández que fue muy criticado por una consultora contratada por el Banco Mundial.
Moscoso rechazó los nombramientos y esto motivó el enojo de la arquitecta Debuchy, un personaje clave del Ministerio de Salud, que dice ser pariente del presidente Fernando de la Rúa. Debuchy es la presidenta del directorio de la Unidad Ejecutora de Coordinación de Programas y Proyectos con Financiamiento Externo del Ministerio de Salud.
En buen criollo, el interminable título significa que la arquitecta es la principal responsable de manejar para el ministerio los programas financiados por organismos multilaterales, como el Banco Mundial.
Según fuentes del banco, Debuchy viajó a Washington para pedir la cabeza de Moscoso a su inmediato superior, Javier Coll, director de Desarrollo Humano para Latinoamérica del Banco Mundial. Coll denegó el pedido y apoyó a Moscoso.
A pesar del fracaso de su gestión en Washington, Debuchy defendió a Gentile en el diario Página 12: "Ella ya había ganado dos concursos por antecedentes y puntaje, y el estudio donde trabaja tiene trayectoria y estuvo a cargo de obras en el sector salud, como las del sanatorio Fleming".
La defensa de Gentile podría explicarse en una denuncia presentada el año último en la Oficina Anticorrupción a raíz de la actuación del estudio Gentile y Ochoa en el relevamiento del hospital Fernández.
Los denunciantes, una contadora y una arquitecta, aseguran que Gentile y Debuchy son "socios" y actuaron en connivencia para sobrevaluar el proyecto del hospital Fernández.
Desde entonces, la relación entre Debuchy y Moscoso sólo empeoró. En junio último, el Pressal pidió autorización al Banco Mundial para hacer una adjudicación directa de un contrato de un millón de pesos a la consultora Crep para un relevamiento catastral de los servicios de salud en la Argentina.
Moscoso, en nombre del Banco Mundial, objetó la adjudicación y pidió que se invitara a otras empresas para hacer una compulsa de precios. El Pressal, entonces, presentó una lista de empresas que tampoco satisfizo a Moscoso porque, según él, ninguno tenía antecedentes en la materia y el pliego de licitación parecía un "traje a medida" para favorecer a Crep.
El Pressal entonces modificó el pliego e invitó a otras empresas, que aparentemente sí tenían experiencia, por lo que Moscoso le dio luz verde al concurso.
Grande fue la sorpresa del delegado del Banco Mundial cuando, en agosto del año último, el Pressal descalificó por razones técnicas a todos los competidores y declaró ganador a Crep. El Banco Mundial objetó nuevamente y el Pressal, en vez de reconsiderar la eliminación de las empresas competidoras, como recomendaba el banco, directamente suspendió el contrato.
El falso Moscoso
Así estaban las cosas cuando estalló el escándalo alrededor de un contrato para mejorar el hospital Paroissien en Mendoza, uno de los tantos proyectos del Pressal. Según documentación del Banco Mundial, la obra había sido licitada y adjudicada a la firma Riva-Ecomen en 5,1 millones. Pero esa firma, a pesar de varias extensiones, no logró conformar la garantía financiera necesaria, de acuerdo con un dictamen de la justicia de Mendoza, por lo que fue descalificada. La segunda empresa, Madeddu y Cía. "fue contactada tres veces por el Banco Mundial, pero no quiso mantener su oferta" de 5,8 millones, dice una comunicación interna del banco. Según funcionarios del banco que entrevistaron a los responsables de Madeddu, esta empresa, por compromisos contraídos con posterioridad a la licitación, habría optado por concentrar sus esfuerzos en otros negocios.
Entonces la obra fue otorgada al tercero, Constructora San José, cuyo presidente es Basilio Pertiné, por poco más de 5,8 millones.
Fuentes del Banco Mundial señalan que ni antes ni después de que estallara el escándalo ninguna de las dos firmas supuestamente perjudicadas presentó queja alguna en contra del proceso licitatorio que favoreció a Pertiné.
La queja que derivó en el escándalo provino del arquitecto Juan Pablo Quaglia, cuya firma, Quaglia y Asociados, se había alzado con la dirección de obra. Quaglia recibió un pedido de coima, que grabó y presentó a la Oficina Anticorrupción. El pedido provino de un empleado del ministerio de Salud, que le informó a Quaglia que lo iba a llamar a José Moscoso, del Banco Mundial, para arreglar el pago.
Al poco tiempo, Quaglia recibió un llamado de un tal "Moscoso", pero desconfió. Entonces fue a ver al verdadero Moscoso y se dio cuenta que la voz de su interlocutor telefónico no tenía nada que ver con la del funcionario del Banco Mundial. Moscoso enseguida informó al banco, que lo apartó del programa para no perjudicar la investigación.
Quaglia, convencido de que Moscoso no era quien lo coimeaba, le informó que igualmente iría a la televisión para hacer la denuncia en el programa Día D, que conduce Jorge Lanata. Quaglia estaba con la sangre en el ojo. El Pressal acababa de rescindirle el contrato de dirección de obra del hospital mendocino, justo después de que se había opuesto a un adicional de 300.000 pesos que la constructora San José había pedido para nivelar el terreno de la obra.
Quaglia había argumentado que ese gasto ya estaba incluido en el pliego, pero el Pressal le dio la razón a la constructora San José y autorizó el desembolso.
Según Moscoso, la decisión del Pressal de deshacerse de Quaglia no tendría relación con la constructora de Pertiné, sino que obedecería a otra lógica. "Tanto en este caso como en muchos otros, Debuchy intentó desplazar a consultoras a cargo de las direcciones de obra, para otorgárselas a arquitectos individuales, generalmente relacionados con su grupo de amigos de arquitectura hospitalaria de la Universidad de Buenos Aires. Ella decía que al contratar a individuos se ahorraba dinero, pero nosotros siempre nos opusimos a esa práctica por razones de transparencia", dijo el funcionario del Banco Mundial.
Como castigo por el desplazamiento de Quaglia, el Banco Mundial suspendió el contrato de la dirección de obra del hospital Paroissien, dijo Moscoso. Cuando el periodista Ernesto Tenembaun tiró la bomba en Día D, contó que una de las personas que impulsó a Quaglia para hacerla es una "importante funcionaria, pariente del presidente De la Rúa." No dio el nombre, pero claramente se refería a Debuchy, la misma funcionaria que había viajado a Washington con la intención de desplazar a Moscoso.
La arquitecta Debuchy no contestó un pedido de entrevista de La Nacion. Su secretaria, Marisa, dijo que se encuentra de vacaciones.
Moscoso sigue trabajando para el Banco Mundial en calidad de consultor. Hoy dice que no sabe si el pedido de coimas fue un montaje de funcionarios del ministerio empecinados en desplazarlo de la supervisión del Pressal, o si efectivamente existió una coacción y los funcionarios la aprovecharon para darle difusión porque el coimero lo nombraba.
En medio de esta pelea entre el Ministerio de Salud y el Banco Mundial quedó Basilio Pertiné.
"Si la realidad es como nos muestran los documentos, la adjudicación está bien hecha y no tenemos motivos para cuestionar a Pertiné. Lo que él hizo fue cumplir con los pliegos," aseguró Moscoso.





