
La verdadera brecha digital
Por Silvia Bacher Para LA NACION
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"La brecha digital es en sí misma un tema falso, y entregar computadoras a las escuelas sin un proyecto claro es colocar el caballo delante del carro, es decir, arreglar el problema equivocado. Esta brecha no es digital sino de equidad institucional", afirma Francis Fukuyama. La cuestión no es comenzar por las computadoras, sino empezar con el problema político básico. La brecha digital amplifica una brecha social, mucho más profunda, que se pone de manifiesto en la tecnología pero que la trasciende.
"Estados Unidos cuenta con 135 millones de usuarios de Internet; Europa, con 82 millones; Asia, con 37; Japón, con 22, y el resto del mundo, con sólo 43. En la aldea global hay un solo barrio poderoso, el resto de los barrios son menesterosos", señaló Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, en el foro Mundo Internet 2001.
En los Estados Unidos, más del 90 por ciento de las escuelas tiene computadoras, y más del 65 por ciento de las aulas están conectadas. Allí las escuelas ricas prácticamente duplican a las más pobres en conectividad. En las escuelas pobres, el promedio es de 16 alumnos por computadora conectada a Internet, en tanto que en las ricas la proporción es de 7 estudiantes por computadora. Sin embargo, no puede hablarse de excelencia educativa para todos los estudiantes. Es que muchas veces los docentes no están preparados para potenciar el aprendizaje y dar un sentido pedagógico a estas tecnologías. Por eso, y buscando mejores resultados, actualmente muchos de los subsidios destinados a dar computadoras a escuelas están condicionados a la presentación de proyectos que las justifiquen. En ese mismo sentido, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) condiciona parte de los fondos del préstamo a la Argentina destinado a comprar computadoras a la capacitación docente y a los proyectos telemáticos que trasciendan la conexión y se propongan objetivos pedagógicos concretos.
En nuestro país, un gran número de escuelas recibieron en los últimos años computadoras que no habían sido solicitadas por los docentes. En cientos de escuelas, las máquinas se ponen obsoletas bajo llave o en sus cajas porque nadie sabe cómo ni para qué utilizarlas.
El 6 por ciento de los establecimientos primarios y el 16 por ciento de los secundarios públicos tienen conexión a la Red. En ese contexto, el presidente de la Nación anunció que se conectarán 1700 escuelas en el ámbito nacional que hasta el momento no cuentan con energía de ningún tipo. Entretanto, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que hasta el momento ha conectado el 30 por ciento de las escuelas públicas a Internet para uso estudiantil, planea implementar el proyecto "Aulas en red", por el cual, afirman, se conectarán, entre sí y a la Red a través de banda ancha veintitrés aulas de séptimo grado de diferentes escuelas públicas de los distintos barrios porteños.
Entre los interrogantes que surgen, cabe preguntarse si la capacitación docente en informática es un problema generacional. ¿Se resolverá cuando los maestros jóvenes tomen la posta? Según Francis Fukuyama, la respuesta es sí. Sin embargo, otros expertos consideran que la edad no garantiza el buen uso de las computadoras en el aula: no sólo se debe vencer el miedo sino definir cuál es el sentido de utilizarla.
El documento titulado "El poder de Internet para estudiar. Desplazándonos de la promesa a la práctica", producido por la Web-Education Comission para el presidente y el Congreso de los Estados Unidos, afirma que acceso implica más que poner las manos en una computadora o simplemente conectarse a Internet: la pregunta no es si Internet puede ser utilizada para transformar la educación de modos nuevos y poderosos, ni tampoco si debe invertirse tiempo, energía y dinero para cumplir con esta promesa de definir y perfilar nuevas oportunidades de aprendizaje. Esto está probado. El problema ahora es cómo hacer para que la promesa se convierta en práctica.
¿Cuál es el verdadero desafío, entonces? ¿Simplemente conectar escuelas? Hoy, más que nunca, es coherente plantearse el sentido y la dimensión del uso de las nuevas tecnologías, que no son capaces por sí mismas de modificar ningún sistema educativo, sino que más bien son facilitadores que pueden promover la búsqueda de información, el acceso a fuentes actualizadas y de remota procedencia, pero que requieren de una acertado enfoque de la temática.
Por un lado, en la educación, la brecha comienza a cerrarse cuando los decisores de políticas educativas diseñan acciones consensuadas con las posibilidades y necesidades de los maestros, y cuando estos últimos comprenden la dimensión que puede adquirir el aula gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, herramientas aliadas en el complejo arte de educar.
Pero la brecha digital comienza a cerrarse cuando se la aborda desde la calidad de las instituciones. Ese es el tipo de problema por resolver, no es un problema de computadoras. Y eso habrá sucedido cuando cada niño, cada adolescente, tenga la posibilidad no sólo de disfrutar del apasionante mundo telemático, sino de recibir un plato de comida diario, en un tiempo de paz, justicia y equidad en cualquier punto que habite de este convulsionado planeta.





