
"Las barras bravas usan la TV y la prensa"
El académico inglés, especialista en sociología del deporte, dice que el fútbol, como el rock, es uno de los ejemplos más sobresalientes de la cultura global actual. Explica la violencia como un intento por recuperar la virilidad.
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Brighton
"ME voy a Inglaterra a hacer un doctorado en fútbol." Suena difícil de creer, pero unos 800 chicos de todo el mundo parten cada año rumbo a la tradicional Universidad de Brighton para estudiar sociología del deporte con una de las máximas autoridades de la disciplina: el profesor Alan Tomlinson.
En los próximos días saldrá a la venta en Inglaterra su nuevo libro FIFA and the Contest for World Football: Who Rules the People´s Game, escrito en colaboración con el politicólogo británico John Sugden, donde revela las luchas de poder y manipulación social detrás del juego más popular del mundo y la entidad que lo nuclea.
Doctor en sociología de la prestigiosa Universidad de Sussex y director de investigaciones del Programa de Estudios del Deporte en Brighton, además de asiduo colaborador del diario internacional Financial Times, Tomlinson recibió a La Nacion de discretísimo traje gris, portafolio y -por supuesto- zapatillas para explicar los fenómenos sociológicos y culturales que se esconden detrás de "la pasión de multitudes".
-Mucha gente se muere antes de prenderse una escarapela en las fiestas patrias, pero llega el mundial y corre a ponerse la camiseta celeste y blanca. ¿Por qué es eso?
-Porque el fútbol hoy es un factor fundamental para la creación de la identidad nacional, y los estadios son los principales espacios públicos con los que cuenta un país para la expresión masiva de estos sentimientos. Por eso sostengo que el deporte tiene un papel formativo en la creación de la identidad nacional, y lo fascinante es que esto se repite tanto en las sociedades más industrializadas como en las más atrasadas del Tercer Mundo.
Pero, por otro lado, el fútbol puede también actuar por la negativa cuando las nociones de nacionalidad no surgen de un consenso natural, aunque esto sea un factor poco estudiado. El ejemplo más claro es la ex Unión Soviética, donde la mayoría de los analistas que estudiaron su caída olvidó un factor fundamental: el fútbol como agente de corrosión de los mecanismos centralizadores de Moscú.
-¿Cómo era el estilo soviético de conducción deportiva?
-Pésimo. Moscú trató por todos los medios de usar el deporte nacional como una herramienta para llenar a la gente de sentimientos pansoviéticos y crear una identidad única, pero el resultado fue absolutamente adverso y de una magnitud tal que los políticos moscovitas jamás pudieron prever.
Con mi equipo realizamos un estudio muy detallado de lo que los hinchas gritaban, de las reacciones de los jugadores y de la manera en que las verdaderas afiliaciones del público en la canchas se distribuía.
Le aseguro que el fútbol terminó siendo usado para desafiar el sentimiento nacional impuesto por las autoridades e hizo resurgir lealtades artificialmente "tapadas" de pertenencia a Ucrania, Georgia, Estonia o cualquiera de los países de la Unión cuyos jugadores entraban a la cancha.
-En la Argentina de 1978 también se conjugaron fútbol y régimen autoritario, y usted le dedica al caso varias páginas de su libro.
-Evidentemente, cualquier persona que estudie el fútbol tiene que hacer mucho trabajo de campo sobre la Argentina, pero además el Mundial de 1978 fue un caso particularmente interesante por la manera en que se usó el fútbol para despertar un sentimiento de unidad nacional destinado a tapar las divisiones dentro de la sociedad.
Se trata de un hecho en el que es difícil resistirse a la conclusión de que la organización de la Copa del Mundo estaba ligada a un chauvinismo que también estuvo presente en la Guerra de las Malvinas. Hoy pocos niegan que en 1982 la guerra estaba dirigida en gran medida a tapar los conflictos internos del país con un manto de nacionalismo.
Pero volviendo al fútbol creo que para los militares era fundamental ganar la copa para mantener la estabilidad política, y existe evidencia que permite suponer que se arregló el resultado.
Esto fue evidente en un partido contra Perú donde se sabía que la Argentina tenía que ganar por un número determinado de goles para pasar a la próxima ronda. Hay pruebas bastante firmes de que la formación peruana que se presentó era al menos "extraña" y después de un comienzo brillante, cayó misteriosamente.
-Cuando usted no ataca los regímenes autoritarios respecto de la manipulación del fútbol, culpa a los medios de comunicación. ¿Por qué?
-Porque son uno de los grandes responsables de la violencia que hoy se ve en las tribunas.
El problema con el crecimiento del fútbol a la escala que estamos viviendo en la actualidad es que se vuelve un evento tan mediático que cualquier persona presente en la cancha se convierte en el potencial protagonista de un drama.
Está muy bien documentada la manera en la que las barras bravas buscan específicamente aparecer en los medios y que se empiece a hablar de ellas tres días antes de cada partido. Para el imaginario popular son tan protagonistas del juego como Maradona, Gascoine o Ronaldo y hay la misma expectativa tanto acerca de los desastres que van a hacer como sobre el desempeño que tendrán las verdaderas estrellas.
Los medios de comunicación son los que fuerzan este status de celebridad en las barras bravas por una razón muy obvia: si hay peleas, hay más rating, o una mejor historia. Entonces hemos llegado a casos de patotas que buscan hacer sus despliegues de violencia específicamente frente a las cámaras, lo cual no sólo es absurdo sino aterrador respecto de lo que puede traer el futuro.
-Pero muchos sociólogos más bien vinculan la violencia con la búsqueda de la reafirmación de una virilidad "perdida". ¿Cuánto hay de cierto?
-El tema de la violencia también es fascinante encararlo desde el ángulo de los roles sexuales.
En Inglaterra -aunque imagino que en la Argentina es lo mismo- la gran mayoría del público en la cancha consiste en grupos de hombres de clase obrera, cuyos problemas aparecen clarísimos en películas como Todo o nada, que ahora ya se vio en todo el mundo.
Industrias tradicionales como las fundiciones de Sheffield cerraron en los últimos años, por lo que para muchos el éxito económico en trabajos como los que conocieron sus padres se vuelve imposible. Aún peor, el área de servicios en la que podrían ingresar se encuentra en manos de mujeres. Entonces pasa lo que tan bien ilustraba el film de Peter Cattaneo: una crisis muy seria de identidad.
Por lo tanto, estas exhibiciones de violencia en la cancha pueden verse como una expresión de marginalidad y un intento de recuperar sus atributos de hombre a través de un despliegue de la fuerza gratuito.
-¿Dónde consideraría que reside el mayor interés del fútbol para la sociología?
-El fútbol, así como el rock, es uno de los ejemplos mas sobresalientes de cultura global hoy. Puede haber distintos estilos de juego, el jogo bonito, un estilo argentino, el viejo estilo anglosajón o el estilo esquemático y rutinario de los países de la ex Unión Soviética, pero al mismo tiempo todos son parte de un mismo lenguaje global.
Entonces creo que si entendemos el deporte vamos a entender un megalenguaje universal. Es decir que quienes estudiamos el fútbol, finalmente estamos tratando una cosa muy rara y muy preciosa para el análisis: una forma de comunicación global sin precedente alguno y que es, al mismo tiempo, potencialmente una expresión de estilos culturales distintivos.
Por Juana Libedinsky
(c) La Nacion
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El doctor João
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"HENRY KISSINGER, después de haber tenido que lidiar con el presidente de la FIFA, Jo‹o Havelange, al intentar (sin éxito) la postulación de los Estados Unidos como sede del Mundial de 1986 dijo que la experiencia lo había vuelto nostálgico de sus negociaciones en el Medio Oriente", cuenta Tomlinson.
"El mayor logro de João Havelange dentro de una cancha de fútbol fue integrar el equipo de boy scouts de Fluminense -agrega-. Pero en cuanto a la administración del deporte, fue el maestro de la logística, al gobernar a su antojo la FIFA por medio de una combinación de patronazgo y temor que en junio próximo llegará a su fin".
De cualquier manera, Tomlinson y Sugden, en un artículo que escribieron esta semana en el Financial Times analizando los pormenores sobre su sucesión -en la que están en juego más de 3 billones de dólares para la organización de los mundiales 2002 y 2006- sugieren que Havelange se está retirando de la misma manera en la que entró: manejando las pujas de poder como pocos estadistas jamás lograron.
(c) La Nacion
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Genios
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"MARADONA es comparable a Gascoigne en Inglaterra, ambos culpables del comportamiento más crudo e irresponsable del que se pueda pensar y, al mismo tiempo, bienvenidos y adorados en todas partes porque son los dioses accesibles de nuestro tiempo, los genios del fútbol", explica el académico de las zapatillas.
"Si se trata de un artista o de un deportista, para el público, bueno, el precio de ser un genio es ser menos perfecto en otras áreas. Mire a Picasso o a Van Gogh: la mayor parte de los talentosos de la historia han tenido personalidades que eran complicadas o, al menos, extremas".
(c) La Nacion
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Perfil
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Alan Tomlinson tiene 47 años, es divorciado y tiene dos hijas: Alys, que estudia comunicación social en la Universidad de Leeds, y Rowan, que está en Oxford graduándose en Literatura Comparada.
"¡Los que la llaman la París de Sudamérica tienen razón!", dice Tomlinson. Invitado el año pasado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Tomlinson visitó a Buenos Aires y quedó muy impresionado por los edificios de fin de siglo y por "la increíble energía intelectual" que se vive en la tradicional sede universitaria de la calle Puán.
Pero, por una ironía del destino, el día que llegaba a la Argentina comenzó la huelga de fútbol, por lo que no pudo visitar las canchas sobre las que había estudiado tanto.
Autor de varios libros sobre teoría del deporte, también fue compilador junto con Gary Whannell de Off the ball: the football World Cup, en 1986, y escribió Consumption, identity and style, publicado en 1990.





