Las hermanas Mitford, listas para el siglo XXI
Es imposible definir a las hermanas Mitford con una anécdota. No lo intentaremos aquí. Cualquiera que quisieramos ensayar sería privar al lector del descubrimiento (o reencuentro con) una de las familias más notables del siglo XX, aunque más no sea por la capacidad zeligiana de encontrarse una y otra vez en medio de la historia con mayúsculas: desde el ascenso del fascismo en Gran Bretaña, el nazismo en Alemania y la Guerra Civil española, hasta la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos.
Nada, pero nada, en sus inicios como hijas del poco distinguido lord Redesdale, quien odiaba a los extranjeros con el mismo ardor con el que despreciaba a los médicos y la educación formal en las mujeres, hacía pensar que las hermanas Mitford llegarían a los titulares de los diarios, más allá las únicas dos ocasiones en las que su madre creía que debían ameritarlo: su casamiento y su muerte. Aún más increíble es que, tras la desaparición de la última de ellas (Deborah, duquesa de Devonshire, en 2014), parece haberse reenfocado con lentes color de rosa su legado de rebeldía -”díficiles de horrorizar, fáciles de aburrir” era como las describían- y fidelidad a sí mismas.
Mucho se ha escrito sobre sus infancias y juventudes -especialmente recomendable es Nobles y rebeldes, la autobiografía de Jessica Mitford, Decca, “la oveja roja”, autora del fantástico libro de no ficción The American Way of Death- pero bastante menos sobre la sorprendente cantidad y calidad de ensayos, poemas, artículos periodísticos y novelas que produjeron entre todas ellas. Quizá la más burbujeante de las hermanas es la mayor, Nancy, cuya novela más célebre, The Pursuit of Love, traducida al castellano como A la caza del amor –apropiado, dada la frenética naturaleza de esa búsqueda de marido por las primas Linda Radlett y Fanny Logan– fue un éxito descomunal a su lanzamiento, en 1945, y, es en esencia, la historia de su familia con apenas algunas licencias poéticas (el título es de su amigo Evelyn Waugh).
Su transformación en una divertidísima y algo amarga miniserie de la también actriz Emily Mortimer, que acaba de ser incorporada al catálogo de HBO Max, muestra claramente el punto de contacto entre el Londres de las bright young things de los años 20 y nuestros días: la sensación de un mundo que termina sin dar pistas del que vendrá y, en ese resbaladizo precipicio, dos mujeres jóvenes impacientes por empezar vidas propias; sedientas de una libertad que viene con un costo quizá impagable, no importa cuan grande sea su fortuna o codiciado su título nobiliario. Por toda la comedia de costumbres que ejercía con maestría, los horrores del mundo real estaban muy claros para la mayor de los Mitford, con dos hermanas, Diana y Unity, convertidas a la causa del fascismo y el nazismo.
Si bien la romántica Linda Radlett no duda de gritar a los cuatro vientos “el amor es mi religión” -con la anuencia de la autora, quien continuaría la historia en Amor en clima frío y No se lo digas a Alfred- el matrimonio y la maternidad son los verdaderos villanos de la historia. Esa ferocidad, la falta de contemplación ante las buenas costumbres es absolutamente moderno, como lo es su esnobismo. Probablemente haya tenido que ver con el éxito de sus muy populares biografías históricas, especialmente Madame Pompadour (eso, y la capacidad de pintar a un personaje con tres diálogos y dos detalles, cultivada en la correspondencia con sus hermanas).
Pero The Pursuit of Love no es la única entrega reciente de “la industria familiar” –como sarcásticamente la definía Jessica–. También está el policial “de salón” Los crímenes de Mitford, que tiene a la autora como adolescente detective (¿Nancy Drew?). Fue escrito por Jessica Fellowes, hija del creador de otra de las grandes ficciones inspiradas en las hermanas: Downton Abbey.







