Legalización del aborto: diez razones para un sí
¿Es fuerte la democracia? Es una construcción cultural. Y comenzó hace años cuando Occidente se reveló a la idea de limitarse a las posibilidades que ofrecía un mundo explicado solo por los principios de la religión o la biología; en el medio, la política.
Esa capacidad de construir un hábitat social que combinara libertad, igualdad y autogobierno. La idea de una cultura cívica que nos dice a todos respetando diferencias. La hoja de ruta de ese legado tiene fechas: 10 de diciembre de 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y 15 de septiembre de 1995 con la Declaración de Beijing, los derechos de las mujeres son derechos humanos.
El debate de la legalización del aborto en Argentina este 10 de diciembre de 2020 se entiende desde ahí. Entre 1948 y 1995, 1983: el día en que volvimos a elegir lo que queríamos como país. El famoso consenso alfonsinista que la ciudadanía práctica, es el punto de partida de esa construcción colectiva, compleja, desafiante e innovadora en Argentina. Por eso, no hay hoy margen para distraídos al costado de este camino. Hay en cambio, muchas razones, para decir que votar a favor es seguir marchando con el preámbulo de la Constitución en la mano. Diez razones para un Sí.
Que mujeres, adolescentes y niñas de las provincias argentinas, sin distinción de clase social, partido o religión tengan derecho y acceso a la salud sexual y reproductiva en la democracia argentina; sin estigmas, culpas, temores, vergüenzas, dolores, silencios, marginación y pena.
Que no hay limitación constitucional que impida avanzar en una legislación que combina plazos (14 semanas) y causales (las previstas en el código penal desde 1921). Es como funciona en los países democráticos que tenemos de referencia: Alemania, Australia, Canadá, Dinamarca, España, Francia, Holanda, Italia, Irlanda, Suecia, Suiza, Uruguay y sigue la lista.
Que no hay debate exprés sino un proceso histórico que inició hace 14 años en el Congreso. Con 8 proyectos presentados desde 2006 por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y un profundo debate en 2018 que resulto en empate: a favor en Diputados, en contra en el Senado. La institución presidencial asume la responsabilidad en 2020 de producir un resultado, pero lo incluye en sesiones ordinarias. El mensaje es que siga siendo el Congreso el que delibere y construya el consenso.
Que en 2020 el Ejecutivo envía además el proyecto "De los 1000 Días" que recoge buena parte de las observaciones que con razón esgrimían quienes votaron en contra. Que la mujer pueda contar con una elección informada a la hora decidir y que el ejercicio de esa autonomía no sea condicionada por factores sociales.
Que el debate enseña. Y estos dos años se aprendió que embarazo no intencional no es sinónimo de embarazo accidental. El primero se vincula a violaciones, abuso de poder, sin margen para la autonomía electiva. Esta confusión lleva a idealizar la gestación y a suponer que siempre es maternar. De hecho, otras palabras del derecho internacional ratificado por el país los nombran: embarazo forzado; tortura.
Que no hay tensión normativa con niñas y adolescentes en votar a favor. De hecho, 58 países que ratificaron la Convención De los Derechos del Niño tienen legalización del aborto por plazos, como sería Argentina de aprobarse el proyecto.
Que no es un problema religioso sino democrático. La ley no impone una decisión individual a ningún integrante de una institución confesional. ¿Puede una creencia religiosa, privada y personal, imponer al resto de la sociedad un mandato moral? En las democracias no, es el caso de Argentina.
Que no es un problema de magnitud sino de individualidad. Claro que las cifras importan, pero si fuese solo una persona el derecho debe estar. En democracia la diferencia entre mayorías y minorías tienen que ver con la gestión del poder no con el modo en que ejercemos los derechos personales, donde lo que cuenta es justo que el Estado garantice sin inmiscuirse, es decir, sin opinar.
Que cuando se dice que los varones deberían participar de la decisión cuando una mujer va a decidir si continúa o no un embarazo se desconoce que en la práctica eso ocurre cuando los vínculos prueban que sobran varones que respetan los derechos humanos de las mujeres sobre sus cuerpos. Legislar sobre ese supuesto es negar justo lo que se pretende garantizar con esta ley.
Finalmente, este debate no es ajeno a la práctica de las democracias paritarias. Esas donde los derechos de las mujeres no se cuestionan, limitan, conceden o interpretan. Este debate nació primero en las plazas, en las casas, en los trabajos, en las familias y mucho después con un pañuelo verde como insignia le pidió al Congreso que sea Ley.
Diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires (UCR)






