Libros y libros
Abril, como todos los años, es sinónimo de la Feria del Libro de Buenos Aires. La edición N° 50, nada menos, se desarrollará entre el 23 de este mes y el 11 de mayo. No será para descorchar botellas porque el sector experimentó el año pasado caídas en sus ventas de alrededor del 20% respecto de un 2024 ya de por sí flojo.
A los sinsabores que depara la economía, se suman factores propios de esta actividad. Las grandes editoriales argentinas absorbieron paulatinamente pequeños y medianos sellos que sus dueños originales trabajaban artesalmente, cada uno con sus colores particulares. Cuando los gigantes del papel los engulleron, esos matices se fueron perdiendo y la oferta editorial se pasteurizó. Para colmo, desde que se internacionalizaron, imponen que cada treinta días un tsunami de novedades hunda en el olvido a los títulos conocidos el mes anterior desplazándolos de las vidrieras y de las estanterías principales de las librerías.
Exitistas al mango, se interesan solo por los consagrados nacionales e internacionales con campañas de marketing costosísimas, mientras dejan a los demás autores a la intemperie que se arreglen como puedan. No todo es culpa de la economía.






