
Llegó la hora del fratacho y la cuchara
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Llegó la hora. El tiempo de la motosierra y del desmonte tuvo su resultado positivo, pero al mismo tiempo creó una suerte de espejismo haciéndonos creer que eso solo aseguraba y garantizaba la solución de la mayor parte de los problemas de la Argentina. Claramente nos damos cuenta después de no mucho tiempo de que esto no es así y que si bien una motosierra es un extraordinario instrumento para ciertas actividades, además de irreemplazable para algunas, no alcanza a satisfacer otro tipo de necesidades.
Llegó el momento del fratacho y la cuchara; llegó el momento de tener que preparar los materiales, reunirlos, acomodarlos logísticamente donde corresponde tras un plan y también un plano, y explicar y explicarse cuáles son los objetivos y propósitos de lo que se va a construir, y empezar la difícil tarea desde los cimientos, siguiendo las reglas del arte de la arquitectura social que durante milenios la sociedad humana ha venido consolidando.
Claramente no todo pasa por la poda y el desmonte: ahora es el momento de la construcción. Los problemas que afronta el Gobierno provienen de una metodología que, si bien resultó exitosa a la hora de discernir electoralmente la conducción del país, no puede entenderse como la panacea o el modo inexorable de solución de los problemas, cuando lo que se requiere es absolutamente distinto y tiene que ver con la reflexión, el buen tino, el entendimiento, los consensos, el logro de la aquiescencia de la ciudadanía, el acompañamiento y, sobre todo, la comprensión del cómo y el porqué, y el saber hacia dónde nos dirigimos desde el punto de vista finalista de la actividad política y gubernamental.
La cuchara y el fratacho deben ser el nuevo estandarte que reemplace a la motosierra y simbolice un proceso de reconstrucción de la Argentina desde las bases a partir de un conocimiento sólido, aquilatado, establecido e incuestionado. También firme. Todo lo demás es caer en el animismo mágico, en las soluciones que por fáciles nunca van a darse con la certeza constrictiva que requieren y en creer en una ilusión que no puede si no llevar al fracaso a la sociedad argentina que esperanzadamente creyó en estos principios iniciales que proponían quitar los inconvenientes que generaban frondosas densidades boscosas inútiles, complicando la vida ciudadana, y confió que su remoción sería el camino de salida.
Hoy hay que seguir estando en el frente de batalla. Pero de lo que se trata es de construir entendimientos, construir métodos, construir políticas, construir la realidad que necesita el país hoy para que todos podamos vivir con una mayor paz, con un mayor orden, con una mayor solidaridad y una mejor justicia. Entonces habrá que dejar la motosierra de lado y enarbolar el fratacho y la cuchara. Llegó la hora.
Expresidente de la Federación Argentina de Colegios de Abogados




