Lo que nos genera una traición

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
La traición se trata de una herida a la confianza, del rompimiento de la lealtad
La traición se trata de una herida a la confianza, del rompimiento de la lealtad Crédito: Shutterstock
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19 de diciembre de 2019  • 21:51

Una traición puede ocurrirle a un familiar, a un amigo, a un compañero de trabajo. Se trata de una herida a la confianza, del rompimiento de la lealtad.

Las relaciones interpersonales están basadas en la confianza y la verdad. De modo que la traición vendría a herir este "pegamento afectivo". Sabemos bien que la confianza requiere de tiempo para ser construida, pero puede ser derribada en cuestión de minutos.

1. Algunas ideas al respecto

a. La estrategia del traidor o el que traiciona. Nadie traiciona de un día para el otro. La persona que traiciona lo primero que hace es entrar en el círculo de intimidad afectiva y, la mayoría de las veces, conoce internamente a quien va a traicionar. Posee información (datos) y tiene acceso a dicho círculo como amigo para luego traicionar al otro.

b. La racionalización. El traidor se toma su tiempo para ir construyendo internamente ideas, pensamientos, que justifican la injusticia que va a cometer. De hecho, en general, esta persona está convencida de que su comportamiento es correcto y honorable, pues ha estado racionalizándolo. Utiliza entonces la traición como una manera de reparar la injusticia experimentada. De esta manera logra "cubrir la realidad externa" (las situaciones que ha vivido) con su mundo interno. Dichas explicaciones serían la forma de encontrarle coherencia a sus hechos y sus pensamientos.

Esta justificación muchas veces posee un contenido persecutorio: "El otro me lastimó a propósito, me usó, me engañó". Aquí es donde aparece el tercer elemento: el narcisismo herido. Quien traiciona siente que ha sido engañado. Interpreta lo vivido como una lesión a su propia estima que cobra así fuerza para conducirlo finalmente a cometer el acto de traición. La traición es la manera de reparar la estima herida, la insatisfacción interior basada en sus propias realizaciones, ya que quien traiciona se siente fuerte.

Entonces surge en él o en ella el odio y el deseo de destruir al otro. No es capaz de atravesar esta herida a su narcisismo y permanece anclado en ella. Como consecuencia, comienza a manifestar rasgos psicopáticos y busca lastimar al otro. Lo que el traidor ignora es que, más allá de la desilusión (real o imaginaria) que pudo haber sufrido, en realidad, este impulso por destruir al otro está basado en una acumulación de frustraciones, decepciones y conflictos internos. Fundamentalmente con la imagen paterna, con el amor y la atención del padre que, de manera simbólica, proyecta en quien va a traicionar.

Algunos traidores buscan grupos de apoyo para armar un complot. Es decir, aliados, personas con quienes puedan armar coaliciones (pseudoalianzas afectivas) con el fin de destruir a sus víctimas. Es el temor inconsciente de enfrentar cara a cara al otro, lo que lo conduce a buscar una "tropa" para así poder resolver finalmente lo que, en muchos casos, no son más que celos infantiles no resueltos.

2. ¿Qué le sucede al traicionado?

a. Experimenta sorpresa. Su primera reacción es exclamar: "No puede ser, no me lo esperaba". Esta emoción que siente es una gran desilusión debido al hecho de que hay una desviación del comportamiento que esperaba del otro. Esto siempre genera sorpresa y nos lleva al segundo punto:

b. Sufre un impacto entre lo que dio y lo que recibió. No puede hacer congeniar ambas cosas y hay un desbalance: "Si yo te di afecto, cariño, y te brindé ayuda, ¿por qué me estás pagando así?". Entonces aparecen tres sentimientos: ira, dolor y tristeza. Por momentos, siente bronca y por momentos, está triste y dolorido. Y estos sentimientos se retroalimentan. A veces predomina el dolor, a veces predomina la ira y a veces ambos se hacen presentes.

El traicionado suele ser un reparador de la estima del otro. Es el que parece que viene a restaurar la herida narcisista ajena y es percibido como alguien omnipotente, activando así las fantasías del otro de admiración y, junto con esta, de envidia. Toda idealización tarde o temprano genera envidia, la cual siempre busca destruir el objeto envidiado o a la persona envidiada. Es así que, muchas veces en el deseo de reparar, el "ayudador" conecta con su narcisismo: "Yo te ayudo y me siento fuerte". El narcisismo propio no le permite ver el narcisismo del otro.

Conclusiones

Aunque el tema es complejo y podemos hacer una multiplicidad de lecturas, concluyo con las siguientes ideas para meditar:

a. Siempre que ayudemos a alguien, hagámoslo considerándolo un par. No nos coloquemos por encima ni por debajo de nadie, sino al lado. Siempre es aconsejable acotar la ayuda brindada con una "fecha de vencimiento". Podemos ayudar al otro una, dos o tres veces pero luego deberíamos ayudar a alguien más para evitar construir un vínculo de omnipotencia entre ayudador-ayudado.

b. Transformemos el dolor en crecimiento. Frente a toda herida y desilusión que vivimos, tomémonos un tiempo para sentarnos a aprender de lo sucedido y evitar caer en la victimización y la demonización de quien nos hirió. Una vez que hemos analizado lo sucedido y lo hemos corregido, simplemente transformémoslo en crecimiento hacia adelante.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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