
Lo que redunda no siempre daña
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"Le agradeceré tenga a bien aclararme si las expresiones subir arriba , salir afuera y otras del mismo estilo son correctas o estamos incurriendo en redundancias", escribe Antonio Cataldo.
Las expresiones que menciona el lector son sin duda redundantes, pero no son incorrectas. La redundancia puede ser un vicio de estilo, pero no es un error gramatical.
En el habla son frecuentes las redundancias. Algunas son tan sutiles que ni siquiera las advertimos como tales. Otras pueden ser chocantes, groseras. Pero el pleonasmo es una figura que se emplea para dar más fuerza o expresividad. Por ejemplo, en la frase lo vi con mis propios ojos hay una doble redundancia, porque, si lo vi, lo vi con mis ojos y, si son mis ojos, son mis propios ojos. Sin embargo, cualquiera se da cuenta de que no es lo mismo decir que lo vi que decir que lo vi con mis propios ojos.
Se pueden dar reglas gramaticales, pero en materia de estilo no conviene dar reglas generales porque se corre el riesgo de empobrecer la expresión. Puede decirse, sí, que no hay que abusar de las redundancias, que hay que evitar aquellas en las que la repetición de una idea no agrega nada y afea la expresión. Pero sería necio prohibirlas. En los casos citados por Cataldo, uno diría que los verbos subir y salir son claros y unívocos, tan fuertes que no necesitan ningún agregado. Pero todo depende de las circunstancias: lo que queda mal en un contexto puede quedar muy bien en otro. En el exquisito Romance del enamorado y la muerte , dice la enamorada: "Vete bajo la ventana / donde labraba y cosía: / te echaré cordón de seda / para que subas arriba / y, si el cordón no alcanzare, / mis trenzas añadiría".
¿Retroceso?
"Hace varios meses que vengo oyendo una expresión que me desagrada un poco: «Todo para atrás» o simplemente «para atrás» -escribe Esther Fernández Maiza-. Supongo que debe de haber nacido del fértil pero poco cultivado lenguaje de los adolescentes, porque la gente que lo dice o es muy joven o es madre o padre de niños chicos o de adolescentes. El caso es que parece haber prendido rápidamente en el «inconsciente colectivo», porque hoy se la oí decir a un conocido periodista en su programa de radio, de lo cual deduje que la expresión ya ha alcanzado su «mayoría de edad» y de ahora en adelante la vamos a oír todo el tiempo y en todo lugar.
"Lo que motiva mi carta -continúa la lectora- es la siguiente reflexión: ¿por qué en un país donde las autoridades nos quieren hacer creer que todo va para adelante, el lenguaje, que no miente, y los más jóvenes, que no tienen complicidad con el pasado, nos están advirtiendo que «todo va para atrás»?"
Cuestión de género
Susana Sánchez Paz dice que las palabras hambre y agua siempre la hacen dudar, y pregunta si son masculinas o femeninas.
Como anticipándose a su consulta, escribe Claudio Serra Brun desde Valencia:
"Le envío información de un fenómeno curioso que está pasando en los medios televisivos y escritos en España, y que ya he observado repetidas veces. Me refiero a la terca confusión de géneros al nombrar las voces tan comunes como agua , arma , hambre . Hoy ha sido el colmo, oír en el inicio del informativo nacional de Tele Cinco del mediodía decir a la periodista: «Ha caído mucho agua», por las lluvias de la madrugada en la Península. Imagino que es una buena ocasión para su comentario aclaratorio."
El error se debe a que, con alguna excepción como la hache , los sustantivos femeninos que empiezan con la vocal a acentuada (no importa si se escriben con hache y tampoco si ese acento se representa gráficamente o no) llevan en singular el artículo el si este precede inmediatamente al sustantivo. Pero esto no los convierte en masculinos y, si están modificados por un adjetivo, el adjetivo debe concordar en femenino: el agua clara , la límpida agua . El género de un sustantivo se define por la forma del adjetivo, masculina o femenina, que concuerda con él.
Pero el fenómeno que observa Serra Brun no es nuevo. Hace casi cuarenta años (el Diccionario de uso del español fue publicado en 1966), escribía María Moliner sobre el sustantivo hambre : "Aunque el D.R.A.E. lo da solamente como femenino, en singular se emplea cada vez más como masculino". Tal vez ese sea el destino de estos sustantivos, como ocurrió con arte , que en plural conserva su género femenino original pero en singular es mucho más frecuente como masculino.
Y no se crea tampoco que el fenómeno es exclusivo de España. También sucede en la Argentina, hasta en las mejores familias. Hace unos años oí en la sala de profesores de la Facultad de Filosofía y Letras: "Este cuatrimestre me dieron el mismo aula". La que lo dijo era profesora de lingüística.
El elegido
"En la primera plana de LA NACION del día 20, al pie de una foto de Evo Morales se lo presenta como «el presidente electo de Bolivia». Me parece que, si bien es una expresión de uso cotidiano, no es correcta. Evo Morales aún no es presidente, siendo que no asumió sus funciones. Por ello creo que lo adecuado sería describirlo como «el candidato ganador por amplio margen de las elecciones presidenciales» o «el electo futuro presidente de Bolivia» o variantes similares. Con mucho gusto escucharé su opinión al respecto", escribe Víctor J. Cordovero.
Por el contrario, la expresión es correcta. Electo es en su origen un participio del verbo elegir , como elegido . El presidente electo significa ´el que ha sido elegido presidente´. Pero en la actualidad, como participio para formar la frase verbal pasiva no se usa electo sino solamente elegido (debe decirse, por ejemplo: Fue elegido presidente ). Electo se reserva para aplicar al que ha sido elegido para un cargo y todavía no lo ha asumido. Que es, precisamente, la situación de Evo Morales.
Una unción imposible
Escribe Julio Auster:
"En la primera página de la edición del 20 de noviembre, apareció una conmovedora foto familiar que muestra a los príncipes de Holanda, Guillermo y Máxima, en el bautismo de su hija menor, la princesa Alexia. En el epígrafe de la foto se deslizó un grueso error: «La beba, de cinco meses, fue ungida con agua del río Jordán». La segunda acepción del verbo ungir , según el DRAE, es: «Signar con óleo sagrado a alguien, para denotar el carácter de su dignidad, o para la recepción de un sacramento». Con agua, por más que provenga del río Jordán, solo se puede bautizar a una persona, pero no ungirla."
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