
Los alumnos de la provincia siguen esperando
La ciudad de Buenos Aires tomó una decisión muy valiente. Más de 6500 chicos están cerca de poder volver a tener clases presenciales, luego de muchos meses de aislamiento y falta de propuestas educativas.
A la pandemia que estamos atravesando le estamos sumando el abandono de muchos chicos y chicas en edad escolar. Si no reaccionamos rápidamente se malogrará el esfuerzo que se hizo hasta ahora por parte de directivos, docentes y padres para lograr que este año educativo no se pierda. El problema se agrava cuando desde la cúpula del Ministerio de Educación de la Nación se niegan a abrir el debate o dialogar para cambiar y mejorar la llegada los contenidos a los alumnos y alumnas que más lo necesitan.
Y la pregunta que todos los bonaerenses nos estamos haciendo es: ¿cuándo van a poder volver a tener clases nuestros chicos?
Está claro que tendremos que aprender a convivir con el virus. Los países que tuvieron primero contacto con la pandemia no bajan de trescientos o cuatrocientos casos por día. No podemos esperar que llegue a cero o a tener la vacuna para comenzar muchas actividades sociales, económicas y educativas.
La escuela es una de las instituciones sociales más importantes y es un bien que hay que cuidar
El caso de la provincia de Buenos Aires es muy llamativo, ya que tiene un 40% de los municipios que en fase 5 y un 30% en fase 4. Allí, con los protocolos correspondientes, cuidando al personal con edad mayor de sesenta años o con enfermedades preexistentes, lo mismo en el caso de las y los estudiantes, puede comenzar a implementarse un esquema mínimo, gradual, que permita tomar un contacto directo, presencial, semanalmente y entregarles material, guías de trabajo. Y de esta manera superar la carencia de conectividad y acceso por medios digitales y mejorar la continuidad pedagógica sobre todo en los sectores más vulnerables. El recurso de la virtualidad, aun en aquellos sectores que tuvieron la posibilidad, está agotado.
También en las zonas rurales, que son muchas en el caso de la provincia de Buenos Aires, puede impulsarse la vuelta a clases también en forma gradual.
No existe explicación lógica que justifique la apertura de bares, gimnasios, bingos y casinos, pero que no pueda haber actividad escolar. Esta gradualidad implica comenzar ya mismo con una serie de tares administrativas y pedagógicas que permitan el retorno lo antes posible de los y las alumnas que más lo necesiten. Recuperar a los que no han tenido contacto con sus docentes y profesores es una tarea ineludible para el sistema educativo.
Todo acontecimiento excepcional exige medidas del mismo tipo, suspendimos las clases presenciales para cuidar a nuestros alumnos/as y a nuestros docentes ante un fenómeno del que no teníamos registro, ni experiencia. Si a esto le agregamos que desde las propias autoridades ministeriales se estima que el nivel de deserción de la escuela secundaria muestra niveles alarmantes, tenemos que empezar a pensar en otras estrategias.
La escuela es una de las instituciones sociales más importantes y es un bien que hay que cuidar, su existencia se vincula a la posibilidad de que la experiencia de la escolaridad funde un sentido y ese sentido no está ligado únicamente a la adquisición de conocimientos. La escuela representa el ámbito de socialización por excelencia de nuestros alumnos, después del hogar. Es el escenario del encuentro y del intercambio de formas de pensar, sentir y habitar el mundo. Este aspecto es central y no puede ser relegado.
Hoy las puertas de las escuelas de la provincia de Buenos Aires siguen cerradas, su función está siendo parcialmente reemplazada, pero si seguimos de esta manera, corremos el riesgo de que muchos de nuestros estudiantes dejen de encontrarle sentido. En nombre del derecho a la educación comencemos a abrir sus puertas.
Diputado provincial por Juntos por el Cambio y exsubsecretario de Educación de la provincia de Buenos Aires






