
Los hermanos diferentes
Por Piotr Romanov Para La Nación
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MOSCU.- Rusia está enfrascada en el debate sobre cómo ayudar a los hermanos serbios y evitar que ello traiga desgracia para el país. Rusos y serbios tienen orígenes parecidos, afinidad idiomática y una proyección histórica común. Sin embargo, en el pasado no todo marchó como una seda entre los dos pueblos. En la época de los zares, los serbios temían perder su identidad nacional, abrazados por los paneslavistas rusos, mientras que durante los regímenes de Tito y de Stalin temían que el internacionalismo proletario arruinara el específico socialismo yugoslavo.
La reiterada injerencia de los zares en los asuntos balcánicos nunca reportó beneficios a Rusia. Por haber apoyado a Serbia, se vio involucrada en la Primera Guerra Mundial, que tuvo por desenlace la revolución y la llegada al poder de los bolcheviques. A juicio de algunos analistas, la injerencia directa de Rusia en la actual guerra balcánica también podría tener un desenlace trágico: la revancha de los comunistas.
Caminos divergentes
En la desintegración de la Unión Soviética y de la Federación Yugoslava convergieron los mismos factores, pero luego los dos países optaron por caminos totalmente distintos. En Rusia llegaron al poder los reformistas, mientras que en Yugoslavia continuó gobernando Milosevic, que cambió su ropaje de comunista por el de socialista.
En la Unión Soviética el proceso de desintegración siguió un cauce controlado y pacífico, mientras que en Yugoslavia desembocó en la guerra entre Serbia y Croacia, y entre los serbios, croatas y musulmanes en Bosnia. En los dos países las fronteras internas, trazadas en su tiempo sin tomar en consideración los intereses étnicos de la población multinacional, en un santiamén quedaron elevadas a rango de fronteras interestatales: muchos rusos y serbios tuvieron que conformarse con el status poco agradable de minorías étnicas.
La Rusia democrática no se dejó llevar por el complejo imperial y asentó su política sobre los principios de inviolabilidad de las fronteras y de defensa política de la población rusohablante en las repúblicas de la antigua URSS. Durante la última cumbre de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes, el presidente Boris Yeltsin volvió a resaltar que quedó relegada al olvido la época de "hermanos mayores y menores". Serbia, en cambio, bajo el gobierno de Milosevic optó por un camino bien distinto y lo hizo con la venia de los demócratas, muchos de los cuales, igual que los comunistas, están dominados por la idea de una Serbia monoétnica que ha de llevar la voz cantante en los asuntos balcánicos.
Las autonomías
A excepción de la guerra en Chechenia, ya reconocida por el Kremlin como un error trágico, en los demás casos Moscú siempre ha accedido a ampliar los derechos y las competencias de las autonomías y entidades federativas. En Serbia, en vez de ser ampliados, resultaron restringidos los derechos de las autonomías de Voivodina y Kosovo. No es de extrañar por eso que en Kosovo los sucesos hayan seguido en su desarrollo el guión checheno.
Son muy notables las diferencias entre las vías por las que avanzan Rusia y Serbia en el campo de la economía. Desde hace años Moscú se esfuerza por llevar adelante el proceso de reformas liberales en el intento de integrarse en los sistemas económico y financiero mundiales. Las reformas de Milosevic tuvieron marcado carácter coyuntural.
Los lazos de parentesco son algo muy valioso, pero, objetivamente, hoy ha quedado poco de la antigua afinidad. Tal vez por eso Moscú haya tomado una posición políticamente dura pero nada belicosa frente a los bombardeos de la OTAN. La solidaridad eslava no debe llegar a reemplazar el sentido común.




