Los problemas de tener una baja empatía

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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22 de agosto de 2019  • 01:49

Podríamos definir la empatía como "ponerse en los zapatos del otro". Es decir, meternos en el otro, sintonizar con el otro. Es cómo me sentiría yo en su lugar y siempre genera un clima ameno, una conversación en un marco de confianza. Su mensaje es: "Puedo acceder a hablar con vos y vos, conmigo".

La empatía es un elemento fundamental para relacionarnos con los demás. Por ejemplo, vemos en un colegio a chicos jugando y, cuando uno se lastima, otro va y lo abraza. Ese abrazo empático es sanador y terapéutico. O alguien pierde un lápiz y un compañerito lo ayuda a encontrarlo. Ser empáticos mejora nuestras relaciones con los demás. Cuando uno llega a un lugar y alguien se acerca a preguntarnos, a ayudarnos, a guiarnos, estamos frente al desarrollo de la empatía.

La empatía puede ser abordada en distintos niveles. A saber:

  • empatía alta
  • empatía media y
  • empatía baja

Observemos algunos ejemplos de baja empatía:

  • a.Solo hablo de mí. Cuando una persona monopoliza la conversación y siempre habla de sí misma, se ha perdido el lugar del diálogo, del ida y vuelta. Muchas veces se debe a baja empatía, razón por la cual, lo único que me importa es hacer yo mi descarga y hablar siempre de mí.
  • b. Siempre digo lo que pienso a los demás. En ocasiones esta también es una expresión de baja empatía. Dicha actitud no evalúa si lo que voy a decir, le dolerá al otro, le servirá al otro, etc. Hay personas que dicen: "Yo expreso lo primero que me viene a la mente" porque no se detienen a considerar la repercusión de sus palabras sobre el otro.
  • c.A mí nadie me entiende en esta casa. La baja empatía a menudo nos conduce a tener problemas interpersonales con todo el mundo, creyendo que "el problema son los demás".
  • d.Yo me corto solo. A las personas con baja empatía les cuesta armar equipos y compartir con otros. A menor empatía, mayor individualidad. Esto nos puede llevar a resultar antipáticos en un grupo precisamente porque lo individual pesa más que lo grupal. Alguien con baja empatía es el típico individualista.
  • e.Yo hago lo que me gusta a mí y no me importa lo que te gusta a vos. Cuando uno se coloca por encima de los demás e ignora el deseo y los sentimientos del otro, eso también expresa baja empatía. El mensaje es: "No me importa lo que a vos te sucede; lo único que me importa es lo que me sucede a mí".

Algunos autores que han investigado profundamente este concepto explican que: "A menor empatía, mayor maldad". Si yo no puedo ponerme en tus zapatos, soy capaz de hacerte daño y no sentir nada. De allí que los narcisistas y los psicópatas tengan un bajísimo nivel de empatía (muchos de ellos, tienen cero empatía) y suelan insultar, lastimar e incluso maltratar a otros sin sentir absolutamente nada. Esto se debe a que no pueden conectar con los demás.

Los padres somos "prisioneros" de los límites que les enseñamos a nuestros hijos. No sirve de nada decirles, por ejemplo, que no griten cuando nosotros mismos gritamos. Nuestros hijos deberían crecer viéndonos ser empáticos y solidarios, sintiendo alegría o tristeza con el otro, conectando con el otro.

Este es un elemento que los acompañará a lo largo de toda la vida. Por ejemplo, podemos preguntarles a los chicos: "¿Cómo te sentirías si eso que dijiste te lo dijeran a vos?". O: "¿Cómo te sentirías frente a esa conducta que vos tuviste si fuera de alguien más?". Esto los ayuda, de a poco, a ubicarse en el lugar del otro y a entender que la empatía es un rasgo de salud mental.

Los seres humanos tenemos la necesidad de ser apreciados, honrados, validados. Para ello, debemos salir de una cultura que descalifica, que grita, que maltrata para lograr desarrollar empatía con el "prójimo". Si yo tengo empatía, "siento lo que vos sentís". Esto no significa que comparta los valores de los demás sino que puedo entender el contexto ajeno.

Aquellos que desarrollan niveles importantes de empatía poseen, por lo general, una gran bondad. Y, como resultado, son capaces de hacer que el camino del otro sea más fácil. Esto es lo que conocemos como altruismo ("yo deseo esto pero, aun así, te lo doy y lo comparto con vos"). Empatía no es, de ninguna manera, el sacrificio culpógeno ni el pase de facturas ("yo lo hice por vos, ahora vos hacelo por mí"), sino una actitud interna que nos permite conectar con el otro y que esa persona se sienta bien con nosotros.

Para lograr empatía, debemos entrenarnos para sintonizar y hacer alianza con el otro. Es decir, para ver el mundo desde los ojos del otro. Es por ello que, a veces, en las consultas de pareja le pedimos a uno de ellos que se coloque en el lugar del otro y hable como si fuese ese otro para luego compartir qué pensó, sintió y descubrió. Un simple ejercicio de "cambio de roles" nos permite empatizar y conocer la perspectiva del otro, lo cual enriquece la lectura de una situación.

En un mundo de tan baja empatía, quienes desarrollen esta maravillosa actitud, sin lugar a dudas, tendrán más satisfacción, felicidad, amistad verdadera y puertas abiertas.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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