El perfil. Luis De Guindos Ideólogo y cara visible del ajuste español
Siempre leal al Partido Popular, experimentado piloto de tormentas como ex director de Lehman Brothers en España, este economista neoliberal se convirtió en el arquitecto convencido del recorte que impulsa el gobierno de Rajoy, y vocero de sus medidas más impopulares
MADRID.- El brutal ajuste español tiene incontables víctimas y múltiples responsables, pero sólo dos nombres propios pueden asumir hoy por hoy su caricatura: Mariano Rajoy, el presidente "manos de tijera" -un apodo que empieza a escucharse cada vez más-, y Luis De Guindos, el ministro de Economía, que es su mano, su tijera y su apuesta más genuina para enfrentar una crisis que cada día se vuelve más vertiginosa.
Ortodoxo, clásico y previsible, este economista de 52 años, surgido de la costilla del más puro pensamiento marianista , cautivó con su currículum al jefe del Palacio de la Moncloa.
Rajoy encontró en De Guindos una atractiva mezcla de potentes antecedentes en el sector público y privado, toda una carta de presentación ante un electorado español harto de funcionarios considerados ineptos y encumbrados por el poder del índice de los mandatarios anteriores.
Pero, ante los ojos del presidente, un detalle en la carrera de su futuro colaborador parece haber sido decisivo: este madrileño de vida social discreta, casado y con dos hijos, tenía sobrada experiencia en tomar al toro de la crisis por las astas. Comenzó a adquirir aquella habilidad en febrero de 2006, cuando fue designado presidente ejecutivo para España y Portugal de Lehman Brothers. Y convivió con la decadencia del gigante del mundo de las inversiones hasta su mismo derrumbe, ocurrido dos años más tarde, por lo que emergió de sus ruinas con un simbólico "máster en crisis" bajo el brazo.
Antes de volver a ponerse la meta de ser un sobreviviente -esta vez, de las aguas turbulentas del Estado español-, De Guindos hizo pie en el Centro del Sector Financiero, formado por la prestigiosa consultora PricewaterhouseCoopers y el IEE Business School, del que fue nombrado director. Desde su nueva base, pronto haría crecer su influencia dentro del Partido Popular (PP) y de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), presidida por el ex presidente José María Aznar, donde aceitó sus contactos con las diferentes corrientes internas del partido.
Esta consolidación de su figura como referente integrador de las distintas fracciones de una fuerza que llegaba por inercia al poder, pronto lo transformó en una suerte de "gurú" neoliberal que no se cansaba de repasar en voz alta la receta para que la economía española pudiese salir del pozo. Sobre todo, los tres ingredientes que fueron música para los oídos del actual presidente: el recorte sin anestesia del gasto de la administración pública, la enésima reforma laboral y la -algo más que enésima- reforma financiera.
Su perfil académico y político tampoco desentona con la línea presidencial. Este licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, egresado del Colegio Universitario de Estudios Financieros, ingresaría en el Estado como el número uno de su promoción en la carrera de técnico comercial. Aquel logro no pasó inadvertido para los colaboradores del gobierno de Aznar, que en su primer mandato, en 1996, designaron a De Guindos en el puesto de director general de Política Económica y Defensa de la Competencia. De esa dependencia, pasó al consejo directivo de la Red de Ferrocarriles Españoles (Renfe), luego al Instituto de Crédito Oficial y, por último, a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Aunque su "gran salto hacia adelante", y su antecedente más nítido, fue su puesto de secretario de Estado de Economía al final del período de Aznar.
Prueba de fuego
Esta trayectoria siempre leal al gobernante PP y con referencias ampliamente positivas en cuanto a conducta y obediencia, terminó de convencer a Rajoy de que era un candidato al puesto que, además, no le haría sombra? una condición indispensable para un presidente que jamás será identificado por su exceso de carisma.
Sin embargo, el De Guindos ministro sólo pudo mantenerse en un cómodo perfil bajo por poco menos de un semestre, que para su vida pública terminó el 9 de junio pasado.
Ese sábado de mercados dormidos, el presidente profundizó su estrategia en defensa de su propia popularidad, y decidió someter a su "superministro" a la primera prueba de fuego: anunciar el rescate financiero externo que tanto Rajoy como el propio funcionario habían negado durante meses. "El Gobierno español declara su intención de solicitar financiación europea para la recapitalización de los bancos españoles que la necesiten", dijo, en el primer intento de mostrar que la maniobra de salvataje europeo aceptada sin más remedio por el Palacio de la Moncloa era, en realidad, un "crédito tomado en condiciones extremadamente favorables" para el país.
La renuencia, casi tozuda, de De Guindos a aceptar la palabra "rescate" en la conferencia de prensa que siguió a la exposición más dramática de un ministro de Economía en cuatro décadas, no sólo dejó en evidencia su escasa cintura política. Entre tartamudeos, evasivas y algunos reproches a periodistas, el funcionario había quedado desnudo como el "tecnócrata puro" que buscaba su jefe, con más datos que habilidades para defender una decisión que el gobierno había intentado evitar a toda costa desde su llegada al poder. Pero había cumplido su misión: De Guindos logró tapar así, con su cuerpo y sus palabras, la granada que apenas alcanzó a un Mariano Rajoy que, al día siguiente, reforzó en otra rueda de prensa los eufemismos de su ministro. Allí, el mandatario destacaría que España "consiguió una línea de crédito", para irse aquella misma tarde a festejar esa conquista en un vuelo chárter a Polonia, donde fue a ver a la selección de fútbol española en la Eurocopa.
No obstante, la aparente torpeza del economista para esquivar las preguntas de la prensa nada tiene que ver con la audacia del plan de ajuste puesto en marcha en España, y del que es su principal arquitecto. El congelamiento de los salarios de los empleados públicos, la tajante reducción del gasto estatal y el aumento de los impuestos según el nivel de renta fueron tres de las medidas con las que empezó a mostrar, no bien asumió en Economía, su fe en el eslogan "ahorrar para volver a crecer y crear empleo". Pero su afán por poner a prueba la paciencia de la sociedad española alcanzaría la cima en el cortísimo plazo: casi cada fin de semana, su dependencia comenzó a anunciar recortes en salud, educación y otros sectores sensibles de la administración pública, que -según reconoció su gobierno- podrían seguir a lo largo de un año con desempleo en aumento y actividad en irremediable caída.
Sin embargo, el punto más crítico de sus intensos primeros seis meses de gestión fue el preludio del rescate tan temido. Su autoría intelectual del blindaje con fondos públicos de Bankia, el cuarto banco español de crédito, le valió dentro del gobierno un gran caudal de respeto y, también, un mejor posicionamiento en la interna que mantiene con su par de Hacienda, Cristóbal Montoro.
Habitualmente más locuaz y más cercano en el manual del PP al estereotipo del "malo necesario" que el propio De Guindos, Montoro suele delinear las ideas más impopulares del gobierno. Aunque desde los golpes asestados por el doble rescate de Bankia y del resto del sistema bancario, es el ministro de Economía el que en las últimas semanas se ha mostrado más cercano a la profundización del ajuste en Europa impulsado por Angela Merkel.
Entre las soluciones elucubradas por la canciller alemana aparecen nuevos recortes a los sueldos de los empleados públicos, una segunda postergación de la edad de jubilación (la edad mínima ya fue prorrogada de 65 a 67 años) y la amputación del período del seguro de desempleo, que en la actualidad se extiende hasta los dos años.
En otra probeta de este gran laboratorio de la crisis que es España, el Fondo Monetario Internacional (FMI) no sólo sugiere medidas similares, sino también el aumento del IVA. De esta manera, según sus analistas, la Moncloa se podría acercar a la utópica meta del 3% de déficit trazada para 2013, aunque por esa vía sea muy difícil imaginar la salida de la recesión y, menos aún, la reactivación del empleo.
Esta combinación de propuestas de Merkel y del FMI fue discutida y rechazada por Rajoy y por Montoro, quienes hace algunas semanas también habían negado la posibilidad de nacionalizar Bankia, o de que se llevara a cabo un rescate europeo a los bancos privados españoles.
Pero Luis De Guindos lo hizo.
QUIEN ES
Nombre y apellido: Luis De Guindos
Edad: 52 AÑOS
Experiencia en crisis: Economista, ocupó distintos cargos en el Estado durante el gobierno de José María Aznar. Fue presidente ejecutivo para España y Portugal de Lehman Brothers, donde atravesó el derrumbe de esa empresa, en 2008.
Autor intelectual y vocero: Como ministro de Economía de Rajoy, ideó el blindaje del banco de crédito Bankia, anunció públicamente el polémico rescate financiero de España y apoya las medidas de profundización del ajuste que proponen Europa y el FMI.
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